Nuestra oración por aquellos que se han ido

La Conmemoración de los fieles Difuntos es un día profundamente recordado, celebrado desde tiempos inmemoriales en la tradición de la Iglesia, en donde oramos por aquellos fieles que han acabado su vida terrena y que se encuentran aún en estado de purificación en el Purgatorio.
Nuestra oración por aquellos que se han ido

Los que mueren en gracia de Dios pero no perfectamente purificados, pasan después de su muerte por un proceso de purificación, para obtener la completa hermosura de su alma. A esa purificación la Iglesia llama «Purgatorio»; y para hablar de que será como un fuego purificador, se basa en aquella frase de San Pablo que dice: «La obra de cada uno quedará al descubierto, el día en que pasen por fuego. Las obras que cada cual ha hecho se probarán en el fuego». (1Cor. 3, 14).

La práctica de orar por los difuntos es sumamente antigua. El libro segundo de los Macabeos dice: «Mandó Judas Macabeo ofrecer sacrificios por los muertos,  para que quedaran libres de sus pecados» (2 Mac. 12, 46); y siguiendo esta tradición, la Iglesia desde los primeros siglos ha tenido la costumbre de orar por los difuntos. Cuando una persona muere ya no es capaz de hacer nada para ganar el cielo; sin embargo, los vivos sí podemos ofrecer nuestras obras para que el difunto alcance la salvación.

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San Pablo habla de que podemos ayudar a los difuntos. Los que están en el cielo, no necesitan ayuda. Y a los que están en el infierno, no les sirve de nada.

El Papa Francisco en la Misa que ofició en el cementerio de Roma en 2014 afirmaba que «El recuerdo de los difuntos, el cuidado de los sepulcros y los sufragios son testimonios de confiada esperanza, arraigada en la certeza de que la muerte no es la última palabra sobre la suerte humana, puesto que el hombre está destinado a una vida sin límites, cuya raíz y realización están en Dios».

Muchos se preguntan, porque tenemos que orar por ellos, la respuesta es sencilla; oramos por aquellos familiares y amigos que han acabado su vida terrena y que se encuentran aún en estado de purificación en el Purgatorio, aquellos que de acuerdo a nuestra fe no pueden entrar al cielo porque aún tienen faltas que purificar, recordemos lo que dice el Libro del Apocalipsis «al cielo no entrará nada manchado» Ap. 21, 27, por ello es deber nuestro orar y ofrecer sufragios por sus almas, para que sus faltas sean perdonadas y puedan entrar a la gloria eterna.

Nuestra oración por aquellos que se han ido actúa especialmente por el ofrecimiento del sacrificio de la Eucaristía. También son sufragios las limosnas, las obras de penitencia y las indulgencias, que tienen su eficacia a partir del ministerio de la Iglesia, cuando aplica en casos concretos los méritos o satisfacción de Cristo y de los santos (Catecismo de la Iglesia 1471, 1476).

INDULGENCIAS PARA EL DÍA DE LOS FIELES DIFUNTOS

2 DE NOVIEMBRE
Visitas a Iglesias u Oratorio:
Se concede Indulgencia plenaria, aplicable sólo a las almas del purgatorio, a los fieles cristianos que, el día en que se celebra la Conmemoración de todos los Fieles Difuntos, visiten piadosamente una iglesia u oratorio.
En esta piadosa visita, se debe rezar un Padrenuestro y Credo.

1 AL 8 DE NOVIEMBRE
Visitas al cementerio:
Se concede indulgencia plenaria, aplicable sólo a las almas del purgatorio, a los fieles cristianos que visiten piadosamente un cementerio (aunque sea mentalmente) y que oren por los difuntos.

CONDICIONES PARA GANAR INDULGENCIA PLENARIA

1. Tener la intención de ganar Indulgencias.
2. Confesión Sacramental. La confesión puede hacerse el mismo día que se quiere ganar la indulgencia o bien, como se dijo: 8 días antes o bien, 8 días después.
3. Comunión Eucarística. Se debe comulgar el mismo día que se quiere ganar la indulgencia plenaria.
4. Orar por las intenciones del Santo Padre (Padre Nuestro, Ave María y Gloria).
5. No tener afecto a pecado alguno (ni venial siquiera). Tener la intención de evitar cualquier tipo de pecado.

Nota: La indulgencia plenaria solo puede ser adquirida una vez en el transcurso del día.

San Pablo habla de que podemos ayudar a los difuntos. Los que están en el cielo, no necesitan ayuda. Y a los que están en el infierno, no les sirve de nada. Por lo tanto, si podemos ayudar a los difuntos, es a los que están en el purgatorio. Es por ello que no debemos cansarnos de rogar a Dios para que pronto puedan encontrarse con Él cara a cara.

«La mejor obra de caridad que podemos hacer es ayudar a las almas que están en el purgatorio» P. Jorge Loring.

Oración por las almas del Purgatorio

Dios omnipotente, Padre de bondad y de misericordia, apiadaos de las benditas almas del Purgatorio y ayudad a mis padres y antepasados.

Ayudad a mis hermanos y parientes. ¡Jesús mío, misericordia!
Ayudad a los que han sido mis amigos y súbditos.
Ayudad a cuantos debo amor y oración.
Ayudad a cuantos he perjudicado y dañado.
Ayudad a los que han faltado contra mí.
Ayudad a los que están más próximos a la unión con Vos.
Ayudad a los que os desean más ardientemente.
Ayudad a los que sufren más.
Ayudad a los que están más lejos de su liberación.
Ayudad a los que menos auxilio reciben.
Ayudad a los que fueron ricos aquí, y allí son los más pobres.
Ayudad a los poderosos, que ahora son como viles siervos.
Ayudad a los ciegos que ahora reconocen su ceguera.
Ayudad a los vanidosos que malgastaron su tiempo.
Ayudad a los pobres que no buscaron las riquezas divinas.
Ayudad a los tibios que han hecho poca oración.
Ayudad a los perezosos que han descuidado tantas obras buenas.
Ayudad a los de poca fe que descuidaron los santos Sacramentos.
Ayudad a los reincidentes que sólo por un milagro de la gracia se han salvado.
Ayudad a los padres que no vigilaron bien a sus hijos.
Ayudad a los superiores poco atentos a la salvación de sus súbditos.
Ayudad a los pobres hombres, que casi sólo se preocuparon del dinero y del placer.
Ayudad a los de espíritu mundano que no aprovecharon sus riquezas o talentos para el cielo.
Ayudad a los necios, que vieron morir a tantos no acordándose de su propia muerte.
Ayudad a los que no dispusieron a tiempo su casa, estando completamente desprevenidos para el viaje más importante.
Ayudad a los que juzgaréis tanto más severamente, cuánto más les fue confiado.
Ayudad a los pontífices, reyes y príncipes.
Ayudad a los obispos y sus consejeros.
Ayudad a los maestros y pastores de almas.
Ayudad a los sacerdotes y religiosos de la Iglesia católica.
Ayudad a los defensores de la santa fe.
Ayudad a los caídos en los campos de batalla.
Ayudad a los sepultados en los mares.
Ayudad a los muertos repentinamente.
Ayudad a los fallecidos sin recibir los santos sacramentos.

Dadles, Señor, a todas las almas el descanso eterno.
R. Y haced lucir sobre ellas vuestra eterna luz.
Que en paz descansen.  
R. Amén.

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