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Además de la Santa Misa, que es lo máximo que podemos ofrecer por las almas de nuestros familiares difuntos, rezar el Santo Rosario por ellos, es lo más recomendable. No dejemos de rezar por nuestros familiares difuntos, ellos necesitan de nuestras oraciones.

Por Alejandra Sosa


1. Obtener indulgencia plenaria

Cuando alguien muere, la gente dice: «ya está con Dios», y es verdad, al morir el alma va con Dios, pero a enfrentar su juicio particular. Luego puede ir al cielo, al infierno o al purgatorio.

En los dos primeros no se necesita ayuda, pero en el purgatorio sí. Y como no sabemos a dónde están nuestros difuntos, conviene asumirlos  que están en el purgatorio, rezar por ellos y obtener indulgencia plenaria. ¿Qué es eso? Para entenderlo cabe mencionar lo siguiente: Todo pecado tiene consecuencias.

También pueden interesante: Curso: Las almas del Purgatorio

En la Confesión se perdona el pecado, pero queda una consecuencia que hay que expiar. Quien al morir tiene pecados confesados y perdonados, cuya consecuencia falta expiar, pasa por un proceso de purificación llamado purgatorio, del que puede salir si alguien ofrece por su alma una indulgencia plenaria.

Si rezas el Rosario, en familia o en comunidad, por tus difuntos, (y te confiesas, comulgas y oras por las intenciones del Papa), puedes obtener para ellos indulgencia plenaria y ayudarles a llegar al cielo.

Así  tendrás la doble alegría de haberlos ayudado a llegar allí, y de saber que te estarán eternamente agradecidos e intercederán siempre por ti.


2. Encomendar tus difuntos a Dios

En el Rosario los pones en las manos amorosas de Dios, en cada Padrenuestro, al meditar el Evangelio en cada Misterio, al rezar jaculatorias como: «Si por Tu sangre preciosa le has redimido, que le perdones te pido por Tu Pasión dolorosa» o «Dale Señor el descanso eterno, y brille para él (o ella) la luz perpetua», o la que el Ángel en Fátima pidió incluir al final del Rosario: «Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados; líbranos del fuego del Infierno; lleva al Cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de Tu misericordia».

3. Pedir la intercesión de María

En el Rosario encomiendas a tus difuntos a la intercesión de la Santísima Virgen María, de quien dijo san Juan Bosco que cuando Ella ruega «todo se obtiene, nada se niega». Ella aboga ante su Hijo por las almas de los pecadores; las libra de los engaños del demonio, y alivia a las que están en el Purgatorio.

Santa Faustina Kowalska narra en su Diario que la Virgen María entra al Purgatorio para consolar a las almas y ayudar a algunas a salir de allí.  San Pedro Damiano llamaba a María «escalera del cielo», porque por medio de Ella, Dios descendió a nuestro suelo, y muchas almas ascienden al cielo.



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