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«Cuéntame la historia de ese Dios». Estos son los frutos de evangelización de un misionero en el Tíbet; su nombre es Federico Juan Highton, un sacerdote argentino que desarrolla su labor evangelizadora en la meseta tibetana, territorio donde hay miles de aldeas que nunca han escuchado hablar de Jesús pero que al ver un crucifijo o escuchar el Evangelio por primera vez, quieren saber más «de ese Dios».


El P. Federico Highton es fundador de la Orden de San Elías y desde enero de 2014, es Misionero en Extremo Oriente, además es autor del Libro «Ad gentes. Introducción a la misión apostólica en tierras jamás evangelizadas» en el que da un testimonio valiosísimo sobre su experiencia como misionero en tierras lejanas.

En una entrevista para una revista española, el P. Federico explica el principal carisma de la Orden que él y otro destacado sacerdote, el P. Javier Olivera Ravasi, han fundado.

«¿A qué se dedica la Orden San Elías? El carisma es el anuncio de la verdad con la más heroica parresía, para que Dios sea máximamente glorificado. Y se anuncia la verdad de la fe católica en dos ámbitos específicos: el primero, es en el ámbito de las misiones, de los infieles, donde no hay católicos, especialmente en lugares remotos que sean peligrosos o particularmente hostiles. Y, el segundo, es en el ámbito de la llamada “guerra cultural”, la contrarrevolución cultural, para enfrentar a los enemigos de la Iglesia, a los enemigos de la ley divina, a los enemigos de la ley natural, a los enemigos de la Cristiandad, a los enemigos de la Hispanidad, con argumentos, en conferencias, libros, escritos».

En su blog «mar adentro» el Padre explica, como enseña la Iglesia, que existen tres tipos de apostolado: la Misión Ad Gentes, la Nueva Evangelización y la Atención Pastoral de los fieles. La Misión Ad Gentes es la Misión que busca la evangelización de todas aquellas personas que aún no recibieron el anuncio de la Fe. «Aclaremos que a las personas de naciones de tradición cristiana que posteriormente rechazaron la Fe, se dirige la llamada “Nueva Evangelización”, pero no la Misión Ad Gentes-. ¿Y cómo se llama la atención espiritual dirigida a los fieles? Esa es la “Atención Pastoral de los fieles”».

El P. Highton se ha lanzado de manera específica a la Misión Ad Gentes. Y desde su blog busca promover todo esfuerzo orientado a la evangelización de quienes aún no tuvieron la gracia de escuchar la sagrada predicación de la Fe católica y recibir las aguas del Santo Bautismo.

La Misión Ad Gentes busca la conversión de los paganos, de todos los que aún no recibieron el anuncio de la fe.

«Desde la arena digital, queremos ayudar a quienes aún ignoran al único Salvador de toda la Humanidad, nuestro Señor Jesucristo, el único que tiene palabras de Vida Eterna. No nos olvidemos que, como enseñaba S.S. Pío XI, en su Encíclica Rerum Ecclesiae: “nadie debe ser tenido por tan pobre y desnudo, nadie por tan débil, hambriento y sediento, como el que carece del conocimiento y de la gracia de Dios”», aclara.

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El padre Highton afirma que la Misión Ad Gentes busca la conversión de los paganos, de todos los que aún no recibieron el anuncio de la fe. Expresa que “infieles”, “gentiles” o “paganos” no son palabras despectivas, sino descriptivas y están destinadas a despertar la auténtica compasión cristiana.

Su libro menciona distintos casos de apóstoles en China, Birmania, la India, Sri Lanka, con retratos e ilustraciones. Entre esos casos, cita el testimonio de siete jóvenes franciscanas misioneras de María, muertas mártires en Taiyuán, China, en 1900.

Historias de Conversión

Uno de los momentos que «llenan el corazón del misionero y justifica haberlo dejado
todo» son las conversiones. En una de las tantas entrevistas que el P. Federico Highton concedió a algunos medios de comunicación, él relata con mucha emoción -lo que considera un hecho sin precedentes- el testimonio de una mujer que nunca antes había escuchado el dulce nombre de Jesús y quien interpela al Padre con la siguiente exclamación: ¡Cuéntame la historia de ese Dios!

El Padre Federico recuerda una de las incursiones en Bután, donde entró como turista vestido con el traje típico de la zona, porque es imposible ir vestido de sacerdote, junto con un laico y un traductor.

«Tocamos a la puerta de una casa y salió una señora, le enseñamos un crucifijo y ella, que nunca antes había oído hablar de Jesús, nos dijo: “Cuéntenme de ese Dios”. Fue el Espíritu Santo el que la inspiró a decir eso, cuando nunca antes había visto un crucifijo. Quedó fascinada. Le explicamos quién es Jesucristo, que es verdadero Dios y verdadero hombre, que se hizo hombre para morir en la cruz y salvarla de sus pecados», recuerda el sacerdote.

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«Como supe que no volvería a ese pueblo -sigue relatando el Padre- porque estaba muy alejado. Le pregunté a la señora si aceptaba a Jesús, le hablé del bautismo y ella dijo que quería entrar en la Iglesia Católica. Por prudencia no pude bautizarla, pero esa mujer ya tiene lo que se llama «bautismo de deseo» que es suficiente para salvarse».

 

Vocación misionera

Desde hace unos dos años el sacerdote se encuentra en la meseta tibetana, pero su vocación misionera comenzó cuando se preparaba para hacer la Primera Comunión aunque, según recuerda, «no conocía ningún misionero»: Aún así, sintió la llamada de ir «donde no conocen a Jesucristo».

En los años de universidad, esa llamada seguía latente y, según recuerda, empezó a plantearse qué quería Dios de él y qué hacer con la vida.

Tras responder a la llamada del Señor y ordenarse sacerdote, fue enviado a Taiwán para evangelizar. «Estando allí, en la oración sentía la llamada de ir al Himalaya. Ir al sitio más extremo, donde no haya ningún católico», señala.

Al ser consultado sobre ¿Qué labor realiza usted allí en el Himalaya? ¿En qué consiste un día normal suyo?, él responde: «En el Himalaya no hay un día normal, en el sentido de cotidiano, repetitivo y monótono.
Prácticamente no hay un horario. Yo me levanto lo más temprano que pueda, si me puedo levantar temprano, que a veces no se puede porque me acuesto tarde debido a viajes apostólicos.

«Me decían que era imposible, que no había ningún católico, que era extranjero, que los budistas no lo permitirían»

El centro de la jornada es la Santa Misa. Después de la Misa lo más importante es el momento de meditación o de Adoración Eucarística, el rezo del Santo Rosario o del breviario. Y en un segundo lugar está el apostolado que se puede hacer, es decir, la predicación. Y esa predicación en el Himalaya, en esta última etapa, se reconcentra
principalmente en la escuela que estoy dirigiendo, la Escuela San Juan (Saint John’s International School). Pero, son tantos los contratiempos y tantas las aventuras que genera el Señor, son tan variadas e increíbles, que no hay dos días iguales, así que es difícil describir una jornada “normal”».

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Entonces pidió permiso a uno de los Obispos de la zona del Himalaya para asentarse allí y comenzar a evangelizar en la meseta tibetana, cerca de la zona china. «Me decían que era imposible, que no había ningún católico, que era extranjero, que los budistas no lo permitirían», recuerda.

Desde el 2018 se asentó en la aldea de Sikkin del norte, que pertenece a la India y que tiene frontera con China, Nepal y Bután. Nada más llegó a aquel lugar, habló con el alcalde y éste le pidió ayuda para mantener una escuela donde a 43 alumnos les explica el catecismo y también le brinda educación. Para sacar adelante la labor misionera cuenta con la ayuda de algunas religiosas y de laicos, que periódicamente realizan actividades de voluntariado y evangelización en la zona. Aproximadamente más del 98% de la población es budista tibetana en aquella zona, donde las dificultades externas son muchas y están principalmente relacionadas con los obstáculos que ponen los monjes budistas a que la población conozca el Evangelio.

A pesar de que actualmente hay numerosas restricciones para evangelizar, especialmente impuestas por los budistas, el P. Federico asegura que su método es «la confianza en las inspiraciones del Espíritu Santo».

«Puede que algún día nos echen, pero hasta entonces predicamos a Jesucristo», asegura el Padre Federico.

Raquel Almada

Soy miembro agregado de la Comunidad Misionera de Jesús. Me formé en Ciencias de la Comunicación y quiero contribuir con lo que sé a la extensión del Reino de los Cielos.

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