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Con su gran carisma y su peculiar estilo de evangelización, el Arzobispo Fulton J. Sheen conquistó el corazón de miles de personas entre los años 50 y 60 a través de los medios masivos de comunicación de los Estados Unidos. Hoy la Iglesia se encuentra a la espera de su próxima beatificación.

Los programas la «Hora Católica» (Radio) y «Vivir vale la pena» (Televisión) han marcado un hito en los medios de comunicación de los EE.UU. entre los años 50 y 60, esto, debido al celebré conductor de ambos programas, un talentoso sacerdote llamado Fulton John Sheen.

Su carismática personalidad le sirvió de palanca para llegar a millones de hogares dentro y fuera de los EE.UU., con su peculiar estilo de evangelización, transmitió un mensaje de esperanza a personas de todas las creencias e incluso a quienes no tenían ninguna. «Usted fue el gran inspirador de mi vida. Lo he admirado durante años» le decían al conocerlo personalmente en algún sitio.

El célebre sacerdote nació el 8 de mayo de 1895 en Illinois – Estados Unidos y murió 9 de noviembre de 1979. Fue ordenado sacerdote a sus 24 años de edad en Peoria, en 1951 fue nombrado como obispo auxiliar de New York y luego obispo titular de Rochester en 1966, hasta que presentó su retiro en 1969. Fue el primero de cuatro hijos de Newton Morris y Delia (Fulton) Sheen. Fue bautizado como Peter, pero eligió el nombre de John en la Confirmación y más tarde adoptó el apellido de soltera de su madre, Fulton, desde entonces será conocido por todos los rincones del mundo como: Fulton J. Sheen.

Cuarenta años después de su muerte, es aprobado un milagro que lo lleva camino a los altares. Se trata de la milagrosa recuperación de James, quien en 2010 nació sin mostrar signos de vida. Sus familiares y amigos comenzaron a ofrecer inmediatamente oraciones rogando a Mons. Fulton Sheen que intercediera por el recién nacido. El bebé fue trasladado al Centro Médico OSF en Peoria, cerca de la catedral de Santa María de la Inmaculada Concepción, donde Fulton Sheen fue ordenado en 1919 y donde se encuentra sepultado.

A pesar de recibir la atención médica pertinente, el bebé continuó sin mostrar signos de vida durante 61 minutos. Justo antes de que el médico declarara la muerte del pequeño, de repente y sin ninguna explicación médica, el corazón de James comenzó a latir y empezó a respirar con normalidad. Tras unas semanas en el hospital, James volvió a casa y hoy en día es un niño sano.

Este milagro fue aprobado el 5 de junio del 2019 por el Papa Francisco. La Iglesia se encuentra a la espera de la fecha de su próxima beatificación.

Fue un hombre que se implicó en todas las facetas de la cultura de manera deslumbrante.

Para conocer a Fulton Sheen basta con leer su autobiografía titulada «Tesoro en vasija de barro» en ella, es posible ver la figura de un hombre audaz, pero también humilde y entregado a la oración y su ministerio sacerdotal. Según lo describen los que lo conocieron, el Arzobispo «fue un hombre que se implicó en todas las facetas de la cultura de manera deslumbrante». Autor de más de sesenta libros y columnista, puso su cultivado ingenio al servicio del hombre común. Fue un gran innovador a la hora de explicar el Evangelio: apeló con frecuencia a la poesía, la filosofía, la historia, la arquitectura, la música y el arte en general con el fin de llevar su mensaje al corazón de cada uno. Durante sus dieciséis años como Director Nacional de la Sociedad para la Propagación de la Fe, logró recaudar cientos de millones de dólares para combatir la pobreza y donó unos diez millones de dólares de sus ganancias personales a las misiones. Sheen construyó iglesias y hospitales para la población negra y pobre de Alabama, predicó retiros incansablemente, visitó a presos y enfermos, dio charlas que lograron numerosas conversiones y celebró misas en parroquias de todo el mundo.

El papa Pío XII se refirió en una ocasión a Sheen como «un profeta de nuestros tiempos», debido al gran impacto que obtuvo el singular Arzobispo en los medios masivos de comunicación de aquella época.

«¡Has escrito y hablado bien de nuestro Señor Jesucristo. Eres un hijo leal de la Iglesia!», con estas palabras y un fuerte abrazo, Juan Pablo II saludó a Mons. Fulton Sheen en la Catedral de San Patricio, Nueva York, el 3 de Octubre de 1979, tres meses antes de su muerte.

Vocación y ministerio sacerdotal

«No puedo recordar un momento de mi vida en el que no haya querido ser sacerdote. En los primeros años de mi adolescencia, mi padre solía enviarme a una de sus granjas. Recuerdo arar la tierra en primavera -veía saltar el maíz joven ante mis ojos-, y mientras removía la tierra fértil, solía rezar el Rosario pidiendo por una vocación.

Nunca mencioné mi vocación a otros, ni siquiera a mis padres, aunque mucha gente les decía que yo probablemente sería sacerdote. Ser un monaguillo en la catedral de chico alimentó los fuegos de mi vocación, como también lo hizo la inspiración de los sacerdotes que nos visitaban cada semana. Jamás omitíamos el Rosario, que rezábamos todas las noches en familia antes de acostarnos», destaca el Arzobispo al narrar parte de su infancia.

Después de su ordenación en 1919, recibió los títulos de Licenciado en Derecho Canónico (1920), Doctorado (1923) y Doctorado en Sagrada Teología (1924).

Espiritualidad

El centro de la espiritualidad del Arzobispo Sheen será revelada por él mismo en su autobiografía, donde manifiesta que hizo una promesa en el día que fue ordenado ministro sagrado: «El día de mi ordenación, tomé dos resoluciones: Ofrecería la Santa Eucaristía todos los sábados en honor a la Bienaventurada Madre, para solicitarle protección en mi sacerdocio. La epístola a los hebreos invita al sacerdote a sacrificarse no sólo por los demás, sino también por sí mismo, ya que sus pecados revisten mayor gravedad debido a la dignidad de su posición. Resolví también dedicar una Hora Santa todos los días en la presencia del Santísimo Sacramento. Durante el curso de mi sacerdocio he sido fiel a ambas resoluciones. La Hora Santa tiene su origen en una práctica habitual un año antes de ordenarme».

Así mismo declara que una de las razones por las que realiza su Hora Santa es para crecer cada vez más en la imagen de Cristo. «Como escribió Pablo: “Somos transformados en su imagen, cada vez más gloriosa. Nos volvemos como aquello que contemplamos”. Cuando miramos una puesta de sol, nuestro rostro asume un brillo dorado. Contemplar la Eucaristía durante una hora transforma el corazón de una manera misteriosa, como le sucedió a Moisés en su transformación tras su encuentro con Dios en el monte».

Otro aspecto de la espiritualidad de Mons. Fulton Sheen es su inmenso amor por la Santísima Virgen María a quien coronó como: «La Mujer que Amo». De ella exclama: «Debe haber una Mujer en la vida de un sacerdote. Esta Mujer llegó a mi vida al nacer. Cuando me bautizaron, mi madre me llevó al altar de la Bienaventurada Madre en la iglesia

de Santa María, El Paso, Illinois, y allí me consagró a Ella. Así como un niño puede no estar consciente de una marca de nacimiento, tampoco yo era consciente de esto: pero la marca siempre estuvo. Como el imán al metal, Ella me atraía antes de que la conociera, pero nunca me atrajo sin Cristo. Cuando recibí mi Primera Comunión a los doce años, hice una consagración consciente a María. Aunque no recuerdo las palabras exactas de la oración, ciertamente eran similares al lema que escogí para mi escudo de obispo: Da per matrem me venire [Concédeme llegar a Ti por María], Mi libro de nácar de Primera Comunión contenía todas las letanías de la Virgen, que comencé a recitar cada noche y lo sigo haciendo al día de hoy».

Al final de su vida Fulton Sheen dirá: «Toda la espiritualidad que poseo tiene que ver con el crucifijo; es el precio de mi redención y la garantía de mi resurrección. La cruz pectoral que llevo es un crucifijo. En mi dormitorio

tengo un gran crucifijo, de casi dos metros de alto, que constituye el paisaje de salvación que contemplo durante el día y por las noches, cuando despierto. El crucifijo es, para mí, no sólo algo que ocurrió; es algo que está ocurriendo ahora, ya que Cristo es crucificado en cada era por cada uno que está en el pecado. Pero constituye también una Promesa, ya que el Señor nunca habló de su Muerte sin hablar también de la Resurrección».

En la homilía predicada por el Arzobispo Edward T. O’meara en el funeral de Mons. Fulton J. Sheen, éste expresó: «Cada vez que alguien le preguntaba por su habilidad secreta de poder llegar a las almas y a la mente, él siempre respondía “la Hora Santa”: hablar con Dios y escucharlo. Era en esos momentos donde reconciliaba los conflictos, ya que no se tomaba las opiniones a la ligera; aquí sus ansiedades e inseguridades se apaciguaban, ya que era el más humano de los hombres; en su corazón se encendía fuego, literalmente, al ser llevado por el impulso inagotable de una respuesta total al llamado de Dios».☐

Bibliografía: Tesoro en vasija de barro, la autobiografía de Fulton J. Sheen

Raquel Almada

Raquel Almada

Soy miembro agregado de la Comunidad Misionera de Jesús. Me formé en Ciencias de la Comunicación y quiero contribuir con lo que sé a la extensión del Reino de los Cielos.

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