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«Fidelidad». Así resume la Madre Rosa María Sosa León el proceso de su vida Consagrada y el haber alcanzado, por la gracia de Dios, 60 años de votos perpetuos el pasado 17 de octubre de 2018.

«Fidelidad». Así resume la Madre Rosa María Sosa León el proceso de su vida Consagrada y el haber alcanzado, por la gracia de Dios, 60 años de votos perpetuos el pasado 17 de octubre de 2018. En una entrevista exclusiva para Formación Católica, ella nos cuenta sobre su vida religiosa y cómo, a pesar de los años y las vicisitudes de la vida, logró alcanzar las Bodas de Diamante en la Vida Consagrada.

¡Que bella y sublime es la vida del alma consagrada enamorada de Cristo! Expresión plenamente visible en el semblante de nuestra entrevistada, quien nos recibió amablemente con la sonrisa que la caracteriza en el locutorio del Monasterio de la Visitación de Santa María, ubicado en el barrio Santa Ana de Ciudad del Este.

Pero, ¿quién es la actual superiora de las hermanas de la Visitación que cumplió 60 años de votos perpetuos? ¡60 años! Sí, 60 años de votos perpetuos entregados a la oración y la contemplación en el claustro de un monasterio, ofrendando oraciones y alabanzas a Dios y velando por la Iglesia Universal y sus Pastores.

Nuestra entrevistada, nació el 3 de diciembre 1938 en la ciudad de Cnel. Bogado, departamento de Itapúa, y fue bautizada con el nombre de María Rafaela Francisca Sosa León. Su familia, profundamente católica, decidió que ella y sus hermanas estudiaran con las hermanas Hijas de María Auxiliadora que dirigían un colegio público en su ciudad natal, donde le inculcaron el amor a la Santísima Virgen bajo la advocación de María Auxiliadora y al fundador, Don Bosco.

Los recuerdos más gratos de su infancia son los que vivió en la casa de las HIjas de María Auxiliadora; las tardes de juegos, la catequesis y las dulces enseñanzas de las religiosas fueron tejiendo en su alma un amor particular hacia la vida religiosa. «De pequeña frecuentaba mucho la casa de las hermanas, incluso estaba más tiempo con ellas que en mi propia casa» rememora al relatarnos parte de su infancia.

Sin embargo, lo que más atraía a Maria Rafaela era la vida de piedad que vivían aquellas religiosas. «Sentía por ellas una gran admiración y el deseo de vivir aquella vida».

«Aquella conversación hizo que mi inquietud vocacional se afianzara y optara por la vida religiosa».

Con esta inquietud en el corazón y teniendo ella dos tías, hermanas de su abuelo, en la Congregación de las Hermanas de la Visitación en el Uruguay, un inesperado día, María Rafaela recibe los consejos de la Hna. Buenaventura Galeano, animándola a decidirse por la vida religiosa. «Aquella conversación hizo que mi inquietud vocacional se afianzara y optara por la vida religiosa».

Su deseo de «entregarse al Señor por completo» hizo que María Rafaela dejara Paraguay  a los 18 años de edad para incorporarse a las Hermanas de la Visitación en la ciudad de Progreso a 30 km de Montevideo, Uruguay.

María Rafaela Francisca ingresó a la vida religiosa el 9 de enero de 1956 y el 17 de octubre de 1958 emitió sus votos perpetuos, asumiendo su nueva identidad, bajo el nombre de Rosa María. «En aquella época el periodo de postulantado no era muy largo, por lo que a los 19 años ya realicé mis primeros votos», comenta.

Animada por otra paraguaya, la recordada Hna. Graciela Estigarribia, hija de quien fuera el Mariscal José Felix Estigarribia, héroe de la Guerra del Chaco; y junto a ella, otra compatriota, vuelven a nuestro país para fundar, bajo la dirección de la Hna. María Angélica Carau, el Monasterio de la Visitación de Santa María, ubicado en el Barrio Santa Ana de Ciudad del Este, en un terreno donado por el entonces obispo de la Diócesis, Mons. Agustín Van Aaken. «Y así se emprendió esta obra de Dios en 1981, tiempo en que iniciaron las construcciones de nuestro Monasterio, gracias al apoyo de nuestros benefactores y de personas de buena voluntad».

Con el paso de los años se fueron incorporando nuevas religiosas y el Monasterio fue creciendo, al tiempo que Rosa María fue electa superiora de la Congregación, función que asume desde hace varios años, siendo reelecta en varios periodos. «El Señor es el que nos elige para llevar al frente sus obras».

Siempre deseé entregarme al Señor por completo, vivo ese deseo inicial por medio de la fidelidad y la oración

 

Con fervor y ahínco, hace 60 años Rosa María vive plenamente el espíritu y el carisma de las hermanas de la Visitación en medio de la oración, la liturgia y los trabajos ordinarios;  su vida se centra en cumplir la voluntad de los fundadores de la orden: «Ser hija de oración y contemplación en la humildad y la sencillez».

Al ser consultada sobre cuál es el secreto para alcanzar tantos años de vida consagrada, ella responde con una sonrisa: «Siempre deseé entregarme al Señor por completo, vivo ese deseo inicial por medio de la fidelidad y la oración. Ser fiel al Señor, a cada momento y cada día. El amor a Dios es lo que me lleva a ser fiel».

Asimismo, manifiesta que en 60 años de vida religiosa las tribulaciones no fueron impedimento para seguir adelante y vivir a pleno su vocación: «Las dificultades van y vienen, pero si uno quiere alcanzar algo puede hacerlo con la gracia de Dios. El alma que encuentra obstáculos debe buscar ayuda y no desesperarse».

«La vocación es un don de Dios para la Iglesia, es un regalo que el Señor nos da; es Él quien nos envía su luz y su fuerza, Él es el motor que todo lo mueve y lo impulsa, sin su gracia no podríamos continuar», resalta al hablar de la vida consagrada.

 

«Como contemplativas nuestra misión es la oración; somos la fuerza de la Iglesia que ora e intercede (al mismo tiempo) por ella», este es el espíritu que la Madre Rosa María trasmite a las 18 hermanas que viven en el Monasterio de la Visitación, espíritu que ella  enseña y transmite desde su propia experiencia de más de 60 años.

«La vida religiosa es muy bella, aunque asusta un poco, pero es lo más maravilloso del mundo»

 

«Ser fiel al Señor hasta el final» es el consejo que la Madre Rosa María recomienda a las almas que se inician en la vida religiosa. «Lo que a mí me llevó a ser fiel y perseverar en la vida consagrada fue ese deseo de entregarme por completo al Señor, una entrega hasta el final. ¡Vale la pena hacer ese paso! Hoy me encuentro en paz y con una felicidad que nunca podría encontrar en ningún otro lugar».

«La vida religiosa es muy bella, aunque asusta un poco, pero es lo más maravilloso del mundo», concluye con una bella sonrisa la Madre Rosa María, quien el pasado 17 de octubre renovó lo que hace 60 años había profesado ante el altar de Dios, sus votos de pobreza, castidad y obediencia.

«Me encanta cuando encuentro religiosas y religiosos ancianos, pero con los ojos brillantes, porque llevan el fuego de la vida espiritual encendido. No se ha apagado» había dicho en una ocasión el  Papa Francisco. La Madre Rosa María lleva ese fuego de la vida espiritual muy bien encendido; su vida es un ejemplo de fidelidad y entrega a Dios.

 

Raquel Almada

Soy miembro agregado de la Comunidad Misionera de Jesús. Me formé en Ciencias de la Comunicación y quiero contribuir con lo que sé a la extensión del Reino de los Cielos.

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Soy miembro agregado de la Comunidad Misionera de Jesús. Me formé en Ciencias de la Comunicación y quiero contribuir con lo que sé a la extensión del Reino de los Cielos.