Una familia agranda su corazón y su casa con la adopción de 5 hermanitos

Una familia agranda su corazón y su casa con la adopción de 5 hermanitos

Para muchos la adopción es un riesgo y pocos acceden a esa opción, pero para Jorge, Virginia y Trinidad fue el regalo más grande que han recibido de Dios. Les contamos la historia de una familia argentina que en su gran amor y el deseo de contar con más miembros dentro de su hogar, han adoptado a 5 hermanitos.

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Tomado de InfoCatólica

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Jorge y Virginia Gristelli son un matrimonio argentino, que antes de la adopción de 5 hermanitos misioneros, ya tenían una hija de 19 años (Trinidad), junto a la que decidieron agrandar la familia. Los tres juntos iniciaron la búsqueda y se inscribieron en todos los registros del país buscando hermanos.

El principal motor de la búsqueda fue el deseo de la hija mayor de tener hermanos, el trabajo había iniciado en el 2019, pero las respuestas «de los registros a nuestro juicio son muy fríos y poco reales». Al no tener novedades, a inicios el 2022 decidieron intensificar la búsqueda inscribiéndose en todos los grupos de hermanos del país. Hasta que el llamado tan esperado llegó. Desde Misiones (Argentina) les comunicaban que se podía realizar la adopción de 5 hermanitos. Allí comenzó un proceso «agilísimo y vertiginoso», y esta es su historia:

¿Hace cuánto se conocen y cuál fue el momento en que decidieron adoptar?

Nuestros nombres son Jorge y Virginia, nos dedicamos a la docencia y a la empresa editorial. Nos conocemos desde hace unos 35 años; y hace 32 que estamos felizmente casados.

Tenemos una hija de 19 años, que siempre quiso tener hermanos, y nosotros también, pero el tiempo fue pasando, y uno se va ahogando por las obligaciones y temas de cada día, y postergando lo más importante por lo urgente.

Hubo una experiencia frustrada hace años, y luego nos inscribimos por grupos de hermanos en el 2019, pero los registros a nuestro juicio son muy fríos y poco «reales». Una respuesta automática de que se ha recibido una ficha no es una respuesta, y con eso hay miles de postulantes que se quedan esperando eternamente.

¿Cómo llegaron a los chicos que hoy son sus hijos?

A principios de este año, tuvimos un incidente de salud que fue el disparador para «apretar el acelerador», tomando conciencia de cómo pasaba el tiempo, y que un día cualquiera podía pasar la vida entera, y teníamos un «tema pendiente». Así fue que en los primeros días de febrero pusimos todo en manos de San José, el padre adoptivo de Jesús y patrono de las familias, y nos inscribimos en todos los grupos de hermanos que vimos en el país, dejando de lado muchos reparos de edad que teníamos hasta entonces, sobre todo por los adolescentes.

A los quince días, más o menos, nos llamaron de Misiones por los chicos (Teresita de 6, Juan de 8, José de 11, M. Pía de 13 y Paz de 14), diciéndonos que éramos la única familia inscripta del país, lo que nos sorprendió muchísimo.

Y tras una entrevista virtual con profesionales del Juzgado, empezamos la vinculación virtual, -por videollamada-, en el mes de marzo, que fue mejorando cada vez más. Rescatamos el trato maravillosamente humano del Registro de Misiones, en fuerte contraste con lo que habíamos visto hasta entonces: nos llamó una persona real, con nombre, y hablamos cordialmente; no fue un mensaje de correo electrónico con un sello, como en otras provincias.

¿Cuáles fueron los miedos, expectativas, sensaciones previas a la adopción?

Teníamos temor a los recuerdos previos de los chicos, pero, sobre todo, a que ellos pudieran no aceptarnos, porque este proceso es de adopción mutua, y aunque nosotros nos sentimos jóvenes, no sabíamos cómo nos irían a ver los chicos.

Nuestra hija mayor, Trinidad, fue muy importante en este proceso de expectativas muy compartidas. Con ella hacíamos mil planes, imaginando situaciones y proyectando emociones y sorpresas. Una de sus primeras preocupaciones fue en preparar la fiesta de 15 para la mayor, que cumpliría en agosto.

También nos alentó mucho la alegría de mi mamá (83), que vive con nosotros, cuando se enteró. Actualmente, los chicos la quieren y cuidan mucho, y a ella le han cambiado la vida.

Luego, nos preocupaba arreglar la casa; lugar teníamos pero queríamos hacer una gran cantidad de mejoras, y no nos dieron los tiempos. Un día, Trini le dijo a mi esposo una frase para enmarcar, con mucho sentido común: «Pa, no van a ser invitados; son tus hijos».

¿Cómo fue el proceso de adopción y con qué se encontraron?

El proceso fue agilísimo, y casi diría, vertiginoso. Como dijimos antes, rescatamos totalmente lo humano del trato en el Registro de Misiones y en el Juzgado, nos encontramos con gente hermosamente cálida, con la que pudimos canalizar dudas e inquietudes, con gran disponibilidad y responsabilidad.

Un día preguntamos si creían que podríamos estar juntos para el cumpleaños de 15 de Paz, y cuando nos dijeron que tal vez nos reuniríamos cerca de Pascuas, no podíamos creerlo.

Viajamos a Misiones mi esposo, mi hija mayor y yo, el 5 de mayo, y nos alojamos en el Hogar Haase, donde estaban los chicos, y donde se dio la vinculación presencial. Un lugar realmente excepcional con gente maravillosa desde donde se mire, y no dejamos de dar gracias a Dios porque allí cuidaron a nuestros hijos hasta nuestro encuentro. Ojalá todos los hogares de niños fueran así en nuestro país.

Priorizamos la unidad familiar, con el respeto a las diferencias y necesidades de cada uno.

¿Cómo es el día a día en esta gran familia?

El 14 de mayo llegamos a casa por la mañana, para no separarnos más. Con mi mamá somos 9, con 4 perros y una coneja.

Nuestro ritmo de vida es bastante variado, las edades y necesidades de los chicos también. Solemos desayunar todos juntos, y dependiendo del día, hay actividades y horarios diferentes. Hay paseos de todos juntos, pero también suelen alternarse para acompañarnos a los tres mayores de la familia para temas de trabajo, salud o estudio; en eso siempre hay variaciones, pero siempre organizándonos antes para poder ser equitativos.

Priorizamos la unidad familiar, con el respeto a las diferencias y necesidades de cada uno.

¿Cómo fue ser mamá de 5 más de repente, y cómo pensás celebrarlo este fin de semana? 

Fui hija única, madre de una hija única durante 19 años, y pasé ahora a ser mamá de 6 «hijos únicos», porque cada uno lo es, y también si fueran 10: creo que cada uno es único para una madre y un padre, siempre. Es hermoso, simplemente.

Con mi esposo insistimos en dos cosas: por una parte, los chicos nos han rejuvenecido veinte años; tenemos redoblada alegría y fuerzas. Por otra parte, sinceramente, no hay «más» trabajo, sino menos; al menos mis hijos, son de oro en la colaboración y generosidad para ayudar en casa; alguna vez nos decían las familias conocidas, y uno no lo cree, pero es así: nadie está solo, porque siempre hay alguno haciendo de puente entre otros. Creo que eso, en definitiva, es ser familia.

No hay logro profesional que pueda compararse a la dicha de la maternidad

Este año supongo que será uno de los días de la madre más felices de mi vida (ndr: el sábado se celebra el Día de la Madre en Argentina), como lo fue el primer año de mi hija mayor. No hay logro profesional que pueda compararse a la dicha de la maternidad, en la cual uno jamás deja de aprender y recibir cada día una nueva esperanza.

¿Alguno de los chicos ya te adelanto su regalito?

No exactamente; pero se sospechan «confabulaciones», (se ríe).

Y para hacer un cierre de su experiencia ¿Qué le dirían a quienes hoy están esperando ser padres?

Personalmente, no dejamos de dar gracias a Dios por este regalo infinito que nos ha dado, porque sobre todo (me interesa destacar esto) creo que hay que desterrar la idea de que la adopción es algo así como un «premio consuelo», o segunda opción: sean biológicos o adoptivos, los hijos son siempre un regalo inmenso e inmerecido que Dios nos da.

A quienes están esperando ser padres, les diríamos que no den muchas vueltas, porque la vida pasa volando, y las ideas no son hijos. Si no se comienza a caminar, si no se dan los primeros pasos, no se llega nunca a la meta.

Sobre todo, que dejen de lado los miedos y preconceptos; que averigüen, que se informen, y no den nada por supuesto, sobre todo con respecto a las edades, tanto de los chicos como de ellos mismos. Sabemos de postulantes que se han sentido rechazados por algún funcionario desubicado, que les dijo que eran muy mayores, dejando tal vez sin padres cariñosos a unos hijos que los estaban esperando, y que tienen derecho a una familia.

Finalmente, a quienes dudan, les aseguramos que al ser padres, frecuentemente es más lo que se recibe que lo que se da. ¡Vale la pena decir que sí!

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