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Meditar los Dolores de Nuestra Madre Santísima es una manera de compartir los sufrimientos más hondos de la vida de María en la tierra.

«Una espada atravesará tu alma…» palabras proféticas del anciano Simeón, que despertaron en el alma de María el presentimiento de un misterio infinitamente doloroso en la venida de su Hijo, el rechazo de Israel al Mesías, cuya inmensa tragedia conocerá María al pie de la Cruz.

Este gran acontecimiento de los siete dolores de María es celebrado tradicionalmente en el mes de Septiembre. Del mismo modo que el Viernes de Dolores, previo al Domingo de Ramos. Lo de Semana Santa se explica porque se celebra la Pasión del Señor, el mayor dolor de su Madre.

El martirio de la Virgen queda atestiguado por la profecía de Simeón y por la misma historia de la pasión del Señor.

En verdad, una espada traspasó su alma. Por lo demás, esta espada no hubiera penetrado en la carne de su Hijo sin atravesar su alma. En efecto, después de que aquel Jesús —que es de todos, pero que es suyo de un modo especialísimo— hubo expirado, la cruel espada que abrió su costado, sin perdonarlo aun después de muerto, cuando ya no podía hacerle mal alguno, no llegó a tocar su alma, pero sí atravesó la suya. Porque el alma de Jesús ya no estaba allí, en cambio la suya no podía ser arrancada de aquel lugar. Por tanto, la punzada del dolor atravesó su alma, y, por esto, con toda razón, la llamamos más que mártir, ya que sus sentimientos de compasión superaron las sensaciones del dolor corporal.

¿Por ventura no fueron peores que una espada aquellas palabras que atravesaron verdaderamente su alma y penetraron hasta la separación del alma y del espíritu: Mujer, ahí tienes a tu hijo ¡Vaya cambio! Se le entrega a Juan en sustitución de Jesús, al siervo en sustitución del Señor, al discípulo en lugar del Maestro, al hijo de Zebedeo en lugar del Hijo de Dios, a un simple hombre en sustitución del Dios verdadero. ¿Cómo no habían de atravesar su alma, tan sensible, estas palabras, cuando aun nuestro pecho, duro como la piedra o el hierro, se parte con sólo recordarlas?

Pero quizá alguien dirá: «¿Es que María no sabía que su Hijo había de morir?» Sí, y con toda certeza. «¿Es que no sabía que había de resucitar al cabo de muy poco tiempo?» Sí, y con toda seguridad. «¿Y, a pesar de ello, sufría por el Crucificado?» Sí, y con toda vehemencia. Y si no, ¿qué clase de hombre eres tú, hermano, o de dónde te viene esta sabiduría, que te extrañas más de la compasión de María que de la pasión del Hijo de María? Éste murió en su cuerpo, ¿y ella no pudo morir en su corazón? Aquélla fue una muerte motivada por un amor superior al que pueda tener cualquier otro hombre; esta otra tuvo por motivo un amor que, después de aquél, no tiene semejante.

Según San Alfonso María Ligorio, Nuestro Señor reveló a Santa Isabel de Hungría que El concedería cuatro gracias especiales a los devotos de los dolores de Su Madre Santísima:

1. Aquellos que antes de su muerte invoquen a la Santísima Madre en nombre de sus dolores, obtendrán una contrición perfecta de todos sus pecados.

2. Jesús protegerá en sus tribulaciones a todos los que recuerden esta devoción y los protegerá muy especialmente a la hora de su muerte.

3. Imprimirá en sus mentes el recuerdo de Su Pasión y tendrán su recompensa en el cielo.

4. Encomendará a estas almas devotas en manos de María, a fin de que les obtenga todas las gracias que quiera derramar en ellas.

Rosario de los Siete Dolores de la Virgen María

Meditar los siete Dolores de Nuestra Madre Santísima es una manera de compartir los sufrimientos  más hondos de la vida de María en la tierra: El Rosario se comienza diciendo el Acto de contrición, y (ya sea al principio o al final) se rezan tres Avemarías en honor a las lágrimas que derramó Nuestra Madre Dolorosa. En cada misterio se reza 1 Padre Nuestro y 7 Avemarías.

Oración Inicial: Dios mío te ofrezco este Rosario para tu gloria, en honor de tu Santísima Madre, la Virgen Santa, para compartir y meditar en su sufrimiento. Te ruego con humildad que me  ayudes a arrepentirme de corazón de mis pecados. Amén.

1º Dolor
La profecía de Simeón en la presentación del Niño Jesús

2º Dolor
La huida a Egipto con Jesús y José

3º Dolor
La pérdida de Jesús

4º Dolor
El encuentro de Jesús con la cruz a cuestas camino del calvario

5º Dolor
La crucifixión y la agonía de Jesús

6º Dolor
La lanzada y el recibir en brazos a Jesús ya muerto

7º Dolor
El entierro de Jesús y la soledad de María

Oración Final: Reina de los Mártires, Tu que has padecido tanto, te ruego, por los méritos de las lágrimas que derramaste en estos terribles y dolorosos momentos, que obtengas para mí, y todos los pecadores del mundo, la gracia del sincero y completo arrepentimiento. Amén.

Hna. Noelia Gimenez

Hna. Noelia Gimenez

Religiosa. Miembro permanente de la Comunidad Misionera de Jesús.

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