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Confidentes del Sagrado Corazón de Jesús: Santa Gertrudis

Santa Gertrudis la Grande (1256-1301). Religiosa benedictina alemana, de gran cultura filosófica y literaria, que destacó por su don de contemplación. Una de los primeros apóstoles del Sagrado Corazón de Jesús. Es también conocida como Gertrudis Magna o Gertrudis la Grande.

Santa Gertrudis nació un 6 de enero de 1256 en Eisleben, Alemania. Nada se sabe con seguridad de su infancia, pero sí se afirma que a los cinco años de edad, fue enviada al monasterio benedictino de Helfta, allí recibió una cuidada formación teológica, filosófica, literaria y musical. En el monasterio conoció y se hizo amiga de Santa Mechtilde de Hackeborn (+1298), quien era la abadesa y también tenía una especial devoción al Corazón de Jesús.

El 27 de enero de 1281 tuvo su primera experiencia mística, que supondría un profundo cambio en su vida. Se trató de una visión de Cristo adolescente, que le decía: «No temas, te salvaré, te libraré… Vuélvete a mí y yo te embriagaré con el torrente de mi divino regalo.» A partir de esto dejó los estudios profanos y de literatura por los estudios teológicos; y su existencia pasó de ser rutinaria a vivir una profunda experiencia mística.

Aun antes que Nuestro Señor se apareciera a Santa Margarita María, Santa Gertrudis la Grande tuvo una experiencia mística con el Sagrado Corazón de Jesús. En la fiesta de San Juan Evangelista, tuvo una visión de Nuestro Señor, quién le permitió descansar su cabeza en la Llaga de su costado. Al escuchar el palpitar de Su Corazón, ella le preguntó al apóstol por qué no relató en su Evangelio lo que había escuchado en la Última Cena, cuando se reclinó sobre el pecho del Señor, y San Juan contestó: «Mi ministerio en ese tiempo en que la Iglesia se formaba consistía en hablar únicamente sobre la Palabra del Verbo Encarnado (…) pero a los últimos tiempos les está reservada la gracia de oír la voz elocuente del Corazón de Jesús. A esta voz, el mundo, debilitado en el amor a Dios, se renovará, se levantará de su letargo y una vez más, será inflamado en la llama del amor divino». 

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Entre las visiones más conocidas de Santa Gertrudis está una en que vio a Jesús con una pila de monedas de oro de extraordinaria belleza. Y observó que Jesús ponía una tras otra moneda de oro sobre la pila de monedas y la pila parecía brillar cada vez más. Entonces Gertrudis le preguntó qué significaban esas monedas de oro, porque la gran pila, y porque la última que ponía tenía un brillo muy especial. Y Jesús le respondió, «Hija mía, cada vez que rezas con calma, fervor y cariño, a Mi Madre, deposito una moneda de oro en el Tesoro del Cielo por ti».

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En otra oportunidad vio que Jesús estaba contando las monedas de oro y ella le preguntó por qué lo estaba haciendo, y Jesús le respondió, «Estoy contando las avemarías que has dicho; este es el dinero con el que compras el cielo». Fue así que surgió la oración del Ave María Dorada, que es una recitación muy lenta del Ave María, saboreando cada palabra y meditándola.

A la santa se le atribuyen cinco libros que componen el «Heraldo de la amorosa bondad de Dios» (Comúnmente llamados «Revelaciones de Santa Gertrudis»). El primero fue escrito por amigos íntimos de la santa después de su muerte, el segundo fue escrito por la santa y los restantes fueron compuestos bajo su dirección.

Sus escritos relatan visiones, comunicaciones y experiencias místicas.  Habla de un rayo de luz, como una flecha, que procedía de la herida del costado de un crucifijo. Cuenta también que su alma, derretida como la cera, se aplicó al pecho del Señor como para recibir la impresión de un sello y alude a un matrimonio espiritual en el que su alma fue como absorbida por el corazón de Jesús. Enseña al mismo tiempo que «la adversidad es el anillo espiritual que sella los esponsales con Dios».

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Jesucristo le dictó a Santa Gertrudis una oración para recitar antes de dormir, ante la posibilidad de una muerte repentina durante la noche.

«¡Oh Corazón dulcísimo del Señor Jesús! Yo Os encomiendo por esta noche mi corazón y mi cuerpo a fin de que descansen dulcemente en Vuestra Merced. Como no puedo alabar a Dios durante mi sueño, dignaos hacerlo Vos mismo en mi lugar, de modo que todos los movimientos de mi corazón, durante esta noche sean otras tantas alabanza que deis a la Santísima Trinidad, y recibais todos mis suspiros para presentárselos como centellas ardientes de amor. Así sea».

Santa Gertrudis se adelantó a su tiempo en ciertos puntos, como la comunión frecuente, la devoción a San José y la devoción al Sagrado Corazón. Con frecuencia hablaba del Sagrado Corazón con Santa Matilde. 

Se discute si Santa Gertrudis fue benedictina o cisterciense ya que ambas órdenes reclaman la pertenencia de su convento en aquella época y ambas veneran a Santa Gertrudis.

Santa Gertrudis sufrió diez años de penosas enfermedades y murió el 17 de Noviembre de 1301 o 1302. Tenía alrededor de los cuarenta y cinco años. Ni Santa Gertrudis ni su hermana fueron canonizadas formalmente, pero Inocencio XI introdujo el nombre de Gertrudis en el Martirologio Romano en 1677. Clemente XII  ordenó que se celebrase su fiesta en toda la Iglesia de occidente.


Pintura de santa Gertrudis rodeada de religiosas de la orden, recibiendo un lirio y un collar de parte de la Virgen. Unos ángeles sostienen un báculo mientras otros se dirigen a imponer a la santa una corona de flores. La representación se complementa con la figura de Jesús portando impresa, en su corazón, la imagen de la santa, quien a su vez lleva, en el suyo, la imagen de Jesús.
Visión de santa Gertrudis, Museo San Clara – Colombia

Hno. Cristian Alfonso

Religioso. Miembro Permanente de la Comunidad Misionera de Jesús. La música y la literatura mueven el mundo, para bien o para mal. Por eso procuro ahondar en estas dos artes, para mover al mundo hacia las altas alturas de la belleza.

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