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Por increíble que parezca, contar chistes, en la doctrina católica, no es un pecado; al contrario, en buenas circunstancia, puede ser algo virtuoso. El vicio está, como en todo, en los excesos y en su mal empleo.


El hombre necesita descansar y ese descanso requiere que se pase de un estado de tensión a un estado de relajación. La diversión es útil y muy necesaria, y hecha en orden, es muy virtuosa. Los chistes y las bromas ayudan al hombre a distraerse.

Pero, ¿cuándo pecamos en esta materia? Santo Tomás de Aquino nos explica:
Para que este uso sea ordenado y conforme a la razón, afirma el doctor angélico que se deben cuidar tres cosas:
1) Evitar que este deleite se busque en obras o palabras torpes o nocivas.
2) Evitar que la gravedad del espíritu se pierda totalmente.
3) Por último, hay que procurar que el juego se acomode a la dignidad de la persona y al tiempo, es decir, que sea digno del tiempo y del hombre.

Al divertirnos, no debemos perder la elegancia y el decoro. Al contrario, debemos hacer de ella un momento de sana diversión, ordenando todo a la gloria de Dios.

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Padre Miguel Martínez

Sacerdote. De la Comunidad Misionera de Jesús en la Diócesis de Ciudad del Este. Mi apostolado principal ha sido la formación de la juventud y de los laicos en general. Mis áreas de interés en el estudio son la Filosofía, la Liturgia y las Sagradas Escrituras.

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Padre Miguel Martínez

Sacerdote. De la Comunidad Misionera de Jesús en la Diócesis de Ciudad del Este. Mi apostolado principal ha sido la formación de la juventud y de los laicos en general. Mis áreas de interés en el estudio son la Filosofía, la Liturgia y las Sagradas Escrituras.