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¿Cómo nos santifica el Espíritu Santo?

En la Sagrada Escritura, el Espíritu Santo es llamado con distintos nombres: Don, Señor, Espíritu de Dios, Espíritu de Verdad y Paráclito, entre otros. Cada una de estas palabras nos indica algo de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Es «Don», porque el Padre y el Hijo nos lo envían gratuitamente: el Espíritu ha venido a habitar en nuestros corazones (cfr. Ga 4,6); Él vino para quedarse siempre con los hombres. Además, de Él proceden todas las gracias y dones, el mayor de los cuales es la vida eterna junto con las otras Personas divinas: en Él tenemos acceso al Padre por el Hijo.

«El Espíritu Santo edifica, anima y santifica a la Iglesia; como Espíritu de Amor, devuelve a los bautizados la semejanza divina, perdida a causa del pecado, y los hace vivir en Cristo la vida misma de la Trinidad Santa. Los envía a dar testimonio de la Verdad de Cristo y los organiza en sus respectivas funciones, para que todos den “el fruto del Espíritu” (Ga 5, 22)» (Compendio, 145).

El Espíritu Santo nos santifica por medio de la gracia, de las virtudes y de sus dones.

¿Qué es la Gracia?

Según el Catecismo de la Iglesia Católica, la gracia es el favor, el auxilio gratuito que Dios nos da para responder a su llamada: llegar a ser hijos de Dios, hijos adoptivos partícipes de la naturaleza divina, de la vida eterna.

Debemos distinguir:

a) Gracia Santificante: Es una disposición estable y sobrenatural que perfecciona al alma para hacerla capaz de vivir con Dios, de obrar por su amor. La recibimos en el Bautismo y, cuando la perdemos por el pecado mortal, podemos recuperarla a través del Sacramento de la Reconciliación o Confesión.

b) Gracia Actual: Son intervenciones de Dios en nuestras vidas para ayudarnos a la conversión y al crecimiento en santidad. Es decir, son aquellas gracias que Dios derrama en momentos específicos de nuestras vidas en los que recibimos una luz nueva sobre la vida de Dios y la vida en Dios, o en un momento de tentación para poderla soportar y vencer, o las gracias que se nos dan en un momento de sufrimiento o prueba que nos ayudan a tener la fortaleza necesaria para soportarlo. Estas gracias son auxilios momentáneos de parte de Dios para ayudarnos en nuestro diario vivir.

La gracia aumenta a medida que permitimos al Espíritu Santo actuar por la participación en los sacramentos, la oración y la vida virtuosa – todo por los méritos de Cristo. La gracia nos asemeja a la vida de Cristo: sus virtudes, forma de pensar y actuar.

¿Qué son los Dones del Espíritu Santo?

Recurriendo nuevamente al Catecismo de la Iglesia Católica, podemos ver que al hablar de “dones” se refiere a aquellos “regalos” que nos da el Espíritu Santo.

Los Dones son disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir los impulsos del Espíritu Santo.

Los dones de santificación son aquellas disposiciones que nos hacen vivir la vida cristiana completando y llevando a su perfección las virtudes en nuestras vidas. Estos son siete y la Iglesia se refiere a ellos como los dones del Espíritu Santo. Estos dones se recibieron en el Bautismo y son como “regalos sin abrir”; luego, en la Confirmación, volvemos a recibir una efusión del Espíritu para desarrollarlos.

El Profeta Isaías anunció que el Espíritu de Dios traerá a quien le es fiel, siete preciosos regalos o dones (Is. 11,2).

Todos los fieles, debemos invocar al Espíritu Santo y pedirle que renueve en nosotros las gracias y dones que hemos recibido para que nuestra vida cristiana sea testimonio fiel de nuestro Señor Jesucristo y podamos llevar al mundo entero la Luz de Cristo.

Siete son los Dones del Espíritu Santo:

CONSEJO: Se trata de tener la capacidad de escuchar al Señor que te habla y tratar de discernir lo que Él quiere y espera de ti. El don de consejo te ayuda a enfrentar mejor los momentos duros y difíciles de tu vida, al mismo tiempo te da la capacidad de aconsejar, inspirados por el Espíritu Santo, a quienes te piden ayuda, a quienes necesitan palabras de aliento y de vida, que tú ayudado por el Señor, también le puedes dar.

CIENCIA: Este Don te ayuda a descubrir la presencia de Dios en este mundo, en la vida, en la naturaleza, en el día, la noche, en el mar, la montaña. El Espíritu de la Ciencia te permite discernir entre el bien y el mal y te hace mirar a las personas y a las cosas con los ojos de Dios

ENTENDIMIENTO: Con este Don Puedes conocer y comprender las cosas de Dios, la manera cómo actúa Jesucristo, descubrir inteligentemente, sobre todo en las páginas del Evangelio, que su manera de ser y actuar es diferente al modo de ser de la sociedad actual. El Don del entendimiento es una luz especial que puede llegar a todas las personas y muchas veces tiene frutos en los niños, en la gente más sencilla y por supuesto también en ti.

TEMOR DE DIOS: Aquí no se trata de tenerle miedo a Dios, sino más bien de sentirte amado por Él. Cuando se descubre el amor de Dios lo único que deseamos es hacer su voluntad y sentimos temor de ir por otros caminos. En este sentido existe temor de fallar y causarle pena al Señor. Con este Don tienes la fuerza para vencer los miedos y aferrarte al gran amor que Dios te tiene

SABIDURIA: Este es el Don del buen gusto que te hace saborear y gustar las cosas de Dios. La Sabiduría es para que veas sabiamente las cosas, no sólo con la inteligencia sino también, con el corazón, tratando de ver las cosas como Dios las ve y comunicándolas con sabiduría de tal manera que los demás perciban que Dios actúa en ti, en lo que piensas, dices, y haces.

FORTALEZA: Este Don te da la capacidad de superar los momentos duros y difíciles de tu vida. Muchas veces eres débil, puedes caer fácilmente en las tentaciones propias de esta sociedad como lo es el dinero, el poder, el consumismo, los vicios… Es allí donde necesitas el Don de la Fortaleza y pedir al Señor que te ilumine. El ejemplo de Jesucristo, su pasión y muerte, debe ser para ti un auténtico testimonio de fortaleza que te ha de llevar a superar la debilidad humana.

PIEDAD: Este Don de Piedad te permite acercarte confiadamente a Dios, hablarle con sencillez, abrir tu corazón de Hijo a un Padre Bueno del cual debes tener la certeza que te quiere y te perdona: «Padre Nuestro…» Este don te ha de motivar a la oración y al encuentro profundo con el Señor, a juntarte en la capilla con tu comunidad, abrir el Nuevo Testamento y disfrutar de la presencia del Señor en toda tu vida.

¿Qué son los Carismas?

Además de los dones, el Espíritu Santo nos da «carismas», de los que habla San Pablo: «Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo; diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo; diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios que obra en todos. A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común…» (I Corintios 12:4-13).

Los carismas son como herramientas. A todos se nos da la gracia pero a cada uno carismas diferentes según nuestra misión. Estos se pueden usar bien o mal. No son condición ni garantía de santidad. Ya que Dios nos creó libres, los carismas se pueden usar bien o mal. Se puede dar el caso de alguien que tenga grandes dones – como el don de la palabra, sanación, lenguas, etc. pero no viva en gracia, como fue el caso del hijo pródigo que partió de la casa paterna a malgastar los bienes entregados por él.

Mientras la gracia es participación de la vida divina, los dones son regalos para ayudarnos a vivir esa vida de la gracia y para edificar a la iglesia y los carismas son las herramientas que Dios nos da según nuestra misión.

Publicado originalmente en https://bit.ly/3maJDRS

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