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Los doce grados del orgullo

¿Grados del orgullo? Nos preguntamos al leer el título de este artículo, imaginándonos cómo sería la escala del gran «pecado de satanás» (Ezequiel 28,14-17).

En su blog, Archipiélago Ortodoxia, Jorge Soley nos habla sobre un extracto del libro de Ernest Hello, quien citando a San Bernando, habla sobre los grados del orgullo.

«No es infrecuente tener que escuchar aquella tontería de que la fe impide el pleno desarrollo de la capacidad de razonar. Se han llenado páginas y más páginas sobre el tema, demostrando que la realidad es justa la contraria: la fe ilumina el intelecto y nos abre a perspectivas de conocimiento que sin ella no alcanzaríamos. No voy a insistir sobre ello. Me limitaré a compartir con ustedes lo que he descubierto en el libro de Ernest Hello,Fisonomías de santos , en el capítulo que el autor dedica a san Bernardo» expresa Soley.

El autor descubre un ejemplo concreto de la hondísima penetración psicológica del santo. «Una fina penetración dedicada a sus monjes pero que se puede aplicar a todos los estados y situaciones y que parece, por cierto, escrita para nuestros días».

Ernest Hello hace referencia a un texto de San Bernardo, el «Tratado de los diversos grados de la humildad y el orgullo», y nos explica cuáles son los doce grados del orgullo. Veamos:

1. La curiosidad. La curiosidad se revela en miradas errantes y en una sed por conocer noticias inútiles. Hay una curiosidad sana, pero a menudo profundiza «donde no debería»: los asuntos de los demás, temas privados, situaciones pecaminosas, etc.

2. La ligereza de espíritu, como cuando «la excelencia de que alardea entrega al orgulloso a una alegría pueril».

3. La alegría inepta, que quiere ser admirada. «En el tercer grado del orgullo se encuentra el hombre entregado a una alegría no provechosa».

4. La jactancia: «si no hablara, reventaría… Se anticipa a las preguntas, contesta sin ser preguntado, él mismo se hace las preguntas y respuestas». ¡Qué fácil es conocer alguien así!

5. La singularidad: El amante de la singularidad adopta este lema: «Yo no soy como los demás hombres» (Lc 18, 2); su ambición es no ser, sino parecer mejor que los demás.
«Durante las comidas pasea la mirada por las mesas y si ve a otro monje comer menos que él, se lamenta de ser aventajado: entonces va escatimándose lo que antes creía serle indispensable, pues teme más la pérdida de su gloria que los tormentos del hambre. Vela en las horas de dormir y duerme en el coro». Lo importante es ser diferente, singular.

6. La arrogancia: «no es que en lo que dice y hace crea ostentar su religiosidad, sino que sinceramente se tiene por el más santo de los hombres». Hello se admira aquí de la notable observación de San Bernardoes una arrogancia sincera, el orgulloso está convencido de que lo que se atribuye es verdadero.

7. La presunción: «Si el monje que llega al séptimo grado del orgullo no es elegido prior al venir la ocasión, dice que su abad tiene celos de él o que se ha engañado». Pueden cambiar prior por director, secretario general, ministro, arcipreste o el cargo que quieran.

8. Es cuando el hombre defiende sus falacias. Grado peligrosísimo, del que es muy difícil volver. Escribe San Bernardo: «Hasta este punto el orgulloso no ha hecho más que practicar el orgullo, pero al llegar aquí lo convierte en teoría. El mal parece bien». Una cosa es pecar, otra mil veces peor elaborar una teoría para demostrar que esa acción en realidad no es ningún pecado, sino algo bueno y meritorio. Las semejanzas con el segundo binario ignaciano son evidentes. Comenta Hello: «Cuando las cosas cambian de nombre, cuando al hombre el mal le parece bien y el bien le parece mal, entonces va sumiéndose en un pecado más tenaz, frío, pesado, más difícil de curar». Hacer pasar el bien por mal y viceversa: lo que vemos a diario.

9. La confesión simulada: quien presentaba sus faltas como algo bueno ahora va incluso a exagerarlas. «Lejos de excusarse, exagera su falta». El colmo, pero algo bien lógico si se piensa.

10. La rebelión: El orgullo empieza a salirse realmente de control cuando uno se rebela directamente contra Dios y sus representantes legítimos. «El que antes se acusaba sin verdad y sin humildad, ahora arroja la máscara y desobedece abiertamente».

11. La «libertad» del pecado: «se ha roto toda traba» y uno se cree libre haciendo lo primero que le viene en gana.

12. La costumbre de obrar mal: El santo abad nos enseña que la impenitencia final es el único pecado realmente irremisible. «Llega la costumbre y entonces todo ha concluido».

En contrapartida, San Bernardo nos presenta «Los Doces Grado de Humildad»

Este se trata de todo lo contrario de la soberbia. Si analizamos y vivimos la humildad en nuestro corazón todos nos quedaran mejor en nuestras vidas. El primer grado de soberbia corresponde al 12 de Grado de Humildad.

12. Mostrar siempre humildad en el corazón y en el cuerpo, teniendo los ojos clavados en la tierra.
11. Expresarse con parquedad, medimiento y juiciosamente sin levantar mucho la voz, tratar igual a todos.
10. No ser de risa fácil.
9. Esperar a ser preguntado para hablar.
8. No salirse de la vida ordinaria y común. No presumir ser sencillo.
7. Reconocer como el más despreciable de todos.
6. Juzgarse indigno e inútil para todos y todas.
5. Confesar los pecados. Aceptar su propia realidad y fallas.
4. Abrazar por obediencia y pacientemente las cosas áspera y demás.
3. Someterse a los superiores con toda disponibilidad y obediencia.
2. No amar su propia voluntad y no buscar su propio bien y placer.
1. Abstenerse por temor a Dios de cualquier tipo de pecado.

*IMAGEN: Los orgullosos en el purgatorio de La Divina Comedia de Dante Alighieri. El autor describe a las almas de los orgullosos, quienes han sido doblados por el peso de enormes piedras en sus espaldas.

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