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El hombre que asesinó a Santa María Goretti se convierte y termina sus días Santamente.

La Conmovedora carta de Alessandro Serenelli, el asesino de Santa María Goretti, es la reseña de un hombre convertido, quien supo experimentar en el perdón, la fe y la oración, el camino de una verdadera conversión espiritual. 


La «mártir de la pureza» antes de morir perdonó a su asesino y se le apareció sonriente y resplandeciente en sueños portando 14 lirios. Ese hecho transformó la vida de Alessandro, que salió de la cárcel antes de lo previsto debido a su buen comportamiento, desde entonces se entregó a la oración y la vivencia de la espiritualidad franciscana.

Su camino espiritual fue lento y duro. Fue tentado, por desesperación, incluso a quitarse la vida. Lo salvaron la certeza del perdón de María Goretti y sus últimas palabras: «¡Lo quiero conmigo en el paraíso!»

Al final de su vida escribe un bellísimo testamento espiritual, reflejo de un hombre arrepentido que finalizó su vida purgando sus pecados.

Alessandro murió en la enfermería de los padres capuchinos de Marerata en mayo de 1970, donde había sido portero durante décadas. El texto que publicamos, se encontró luego de su muerte en un sobre cerrado, con fecha del 5 de mayo. Está tomado de: Madre di Dio. Mensile mariano (noviembre 2002). La traducción es de Pablo Cervera Barranco.

Huid del mal y seguid siempre el bien
(Testamento espiritual de Alessandro Serenelli)

«Soy un viejo de casi 80 años, pronto voy a terminar mis días. Echando una mirada al pasado, reconozco que en mi primera juventud recorrí un sendero falso, la vía del mal que me condujo a la ruina. Veía todo a través de la prensa, los espectáculos y los malos ejemplos que siguen la mayoría de los jóvenes sin siquiera pensarlo. Y yo hice lo mismo. No me preocupaba.

Personas creyentes y practicantes tenía cerca de mí, pero no les prestaba atención, cegado por una fuerza brutal que me empujaba hacia un sendero malo. A los 20 años cometí el delito pasional, del que hoy me horrorizo con sólo recordarlo.

María Goretti, ahora santa, fue el ángel bueno que la Providencia había puesto ante mis pasos para guiarme y salvarme. Todavía tengo grabadas en mi corazón sus palabras de compasión y de perdón. Rezó por mí e intercedió por su asesino. 

Siguieron treinta años de prisión. Si no hubiera sido menor de edad, hubiera estado condenado a cadena perpetua. Acepté la merecida condena. Expié mi culpa. La pequeña María fue verdaderamente mi luz, mi protectora; con su ayuda, me porté bien en mis 27 años de cárcel e intenté vivir honradamente cuando la sociedad me aceptó de nuevo entre sus miembros.

Los Hermanos de San Francisco, los Capuchinos de las Marcas, me acogieron con caridad seráfica en su monasterio no como un siervo, sino como un hermano y con ellos convivo desde hace 24 años. 

Ahora espero sereno el momento de ser admitido en la visión de Dios, de abrazar a mis seres queridos de nuevo, y de estar junto a mi ángel protectora y su querida madre, Assunta.

Los que lean esta carta, ojalá que quieran seguir la feliz enseñanza de huir del mal y seguir el bien siempre. Pienso que la religión con sus preceptos no es una cosa que se pueda menospreciar, sino que es el verdadero consuelo, el único camino seguro en toda circunstancia, hasta las más dolorosas de la vida. ¡Paz y bien!»

Alessandro Serenelli
Macerata, Italia,
5 de mayo

Raquel Almada

Raquel Almada

Soy miembro agregado de la Comunidad Misionera de Jesús. Me formé en Ciencias de la Comunicación y quiero contribuir con lo que sé a la extensión del Reino de los Cielos.

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