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Autor: Padre Miguel Martínez

Sacerdote. De la Comunidad Misionera de Jesús en la Diócesis de Ciudad del Este. Mi apostolado principal ha sido la formación de la juventud y de los laicos en general. Mis áreas de interés en el estudio son la Filosofía, la Liturgia y las Sagradas Escrituras.

«Venid y veréis»

(Juan 1, 35-42) Le dijeron: «Rabí, –que se traduce: Maestro–, ¿dónde moras?» Él les dijo: «Venid y veréis». Fueron entonces y vieron dónde moraba, y se quedaron con Él ese día.

¿Es real el infierno?

¿Por qué existiría un lugar de tormento si Dios es infinitamente misericordioso? Este es tan solo uno de los tantos argumentos de aquellos viven esta vida como si nuestras acciones no tuvieran consecuencias y no recibiremos ningun castigo por ellas.

«Tú eres el Hijo mío amado, en Ti me complazco»

(Marcos 1, 7-11) Y sucedió que en aquellos días Jesús vino de Nazaret de Galilea, y se hizo bautizar por Juan en el Jordán. Y al momento de salir del agua, vió entreabrirse los cielos, y al Espíritu que, en forma de paloma, descendía sobre Él. Y sonó una voz del cielo: «Tú eres el Hijo mío amado, en Ti me complazco»

El uso del velo en la Santa Misa y los actos litúrgicos

En la Liturgia, todo lo que es importante y sagrado se cubre con un velo. Así el sagrario, el cáliz antes de la Misa, el copón con las Hostias consagradas y aún el mismo sacerdote celebrante con sus vestimentas sagradas. Como la mujer tiene una gran dignidad por su maternidad, entonces el velo es el mejor modo de simbolizar esa altura y honra femenina.