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El Corazón de Jesús y el corazón de los niños abortados

El Corazón de Jesús y el corazón de los niños abortados

En Santa Catarina, Brasil, una niña ha sido sometida forzosamente a un aborto bajo falacias de todo tipo, mientras se deroga el fallo Roe vs. Wade que posibilitó el aborto en los EE.UU. durante medio siglo. Para reconocer al Corazón de Cristo es necesario reconocer antes el corazón del inocente que late en el vientre materno.

Tomado de PadrePauloRicardo.org
Traducido y adaptado por FormacionCatolica.org

* * *

El corazón siempre ha sido considerado el centro vital del cuerpo humano. No hay necesidad de hablar de la muerte si el corazón de una persona sigue latiendo. (Aunque hoy se defienda la «muerte cerebral», que es como mínimo un tremendo atrevimiento arrancarle los órganos a una persona cuyo corazón continúa latiendo y cuyos pulmones continúan respirando, sin importar cuánta actividad cerebral haya cesado).

Sea como fuere, esta convicción es tan fuerte, tan evidente, que una persona, cuando quiere quitarle la vida a otra –en lugar de simplemente lastimarla o asustarla– no apunta a otra parte sino al corazón, el órgano vital.

No es diferente con el aborto practicado en el último trimestre del embarazo, exactamente lo que le sucedió en Brasil a la niña de 11 años, cuya historia fue explotada con gran interés por los periódicos de izquierda y presentada como un «embarazo producto de una violación» (más tarde se supo que no fue así).

Pero, sea que el embarazo haya sido precedido por violencia o no, el procedimiento violento que acabó con la vida del niño de 7 meses no cambia su naturaleza: para detener los latidos del corazón del feto se administró una inyección de Digoxina y en unas pocas horas (¡incluso días, tal vez!) su madre sintió los dolores de parto y dió a luz a un niño muerto. Esta no es la única forma de realizar un aborto, pero es la que prevalece para los abortos realizados en las últimas etapas del embarazo.

Frente a esto, aunque todo aborto es una irracionalidad, el procedimiento es aún más evidente en circunstancias como las ocurridas en Santa Catarina, Brasil. Porque si el argumento, ampliamente difundido, era que la niña en cuestión no tenía la «estructura física» para llevar a cabo el embarazo, entonces deberían inducir el nacimiento prematuro del bebé, dándole al menos la oportunidad de vivir, como planteó, por ejemplo, la jueza que estaba llevando adelante el caso.

¡Pero no! ¡Tenía que abortar! ¡De cualquier manera! ¿Quién se cree que es esta jueza para evitar un «aborto legal» (aunque, como ya se mencionó, no hubo violación en absoluto)? 

Como ya se mencionó, con o sin violación, el procedimiento del aborto sería el mismo: detener el corazón y tomar un cadáver. La intención es la misma del que quiere matar, porque de eso se trata: de un asesinato. Y solo la incontrolable rabia de matar puede explicar el lamentable fenómeno que tuvo que presenciar un país entero, no sin rezar, llamar al hospital y luchar de alguna manera para que no sucediera lo peor. 

Sin embargo, en la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, nos sorprendió positivamente con la noticia de que, en el norte del continente americano, fue revertida la terrible decisión judicial Roe v. Wade, que en 1973 había autorizado el aborto en todo Estados Unidos. Ahora, cada unidad de la federación norteamericana es libre de hacer sus propias leyes sobre el tema, incluida la prohibición penal de la práctica (¡lo que muchos estados han querido hacer durante mucho tiempo!).

Pero no olvidemos que en el transcurso de 49 años, ninguna de las vidas que fueron arrebatadas por esa perversa decisión tendrá otra oportunidad. Sus corazones dejaron de latir para siempre, sus cuerpos fueron enterrados (o más bien desechados) en los desechos del hospital, para no vivir nunca más. El bebé de la niña en Santa Catarina también tuvo la misma suerte y, mientras haya niños sufriendo víctimas de nuestros egoísmos, caprichos e irresponsabilidades, habrá un cuerpo humano en el cielo (con corazón humano) pidiéndonos oración y reparación

Cuando el cuerpo y el corazón del hombre, que vemos, ya no valen nada, ¿cómo podemos apreciar adecuadamente el Cuerpo y el Corazón de un Dios, a quien no vemos?

La Iglesia, hace poco, precisamente, ha celebrado el Cuerpo de Cristo (Corpus Christi) y luego el Sagrado Corazón, subrayando la dimensión humana de nuestra salvación. Porque para hacernos comprender cómo nos ama Dios se hizo uno de nosotros, tomó nuestro cuerpo, tomó un corazón humano.

Pero cuando los mismos hombres se vuelven incapaces de respetar los cuerpecitos de los más inocentes e indefensos de sus semejantes, poniéndoles inyecciones letales para detener sus corazoncitos, ¿cómo pretender que comprendan la grandeza del misterio del Dios que se hizo hombre? Cuando el cuerpo y el corazón del hombre, que vemos, ya no valen nada, ¿cómo podemos apreciar adecuadamente el Cuerpo y el Corazón de un Dios, a quien no vemos?

Por lo tanto, poner fin a esta barbarie llamada aborto no es una exigencia religiosa, sino una necesidad civilizatoria, un presupuesto básico de la humanidad, sin el cual es imposible que el hombre se eleve, incluso que tenga una auténtica experiencia de fe.

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