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Uno de los requisitos para la recepción del Sacratísimo Cuerpo de Cristo es la permanencia en estado de gracias del que lo recibe. El alma que incumple los mandamientos y se deja llevar por sus pasiones desordenadas no podrá ser participe del banquete celestial.


Aquel que lleve una vida desordenada e infringe la ley de Dios no puede recibir en su alma a Jesús Sacramentado, del mismo modo, una personas con tendencias homosexuales que no practique la castidad, tampoco podrá recibirlo.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña: «Existen hombres y mujeres que presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición» (2358).

Además menciona que: «Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana» (2359).

Padre Miguel Martínez

Sacerdote. De la Comunidad Misionera de Jesús en la Diócesis de Ciudad del Este. Mi apostolado principal ha sido la formación de la juventud y de los laicos en general. Mis áreas de interés en el estudio son la Filosofía, la Liturgia y las Sagradas Escrituras.

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Sacerdote. De la Comunidad Misionera de Jesús en la Diócesis de Ciudad del Este. Mi apostolado principal ha sido la formación de la juventud y de los laicos en general. Mis áreas de interés en el estudio son la Filosofía, la Liturgia y las Sagradas Escrituras.