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El segundo domingo de pascua la Iglesia celebra la Fiesta de la Divina Misericordia, una fiesta instituida por el Papa Juan Pablo II para recordar a los cristianos el abismo insondable de la misericordia de Dios y su gran amor por toda la humanidad.

El segundo domingo de pascua la Iglesia celebra la Fiesta de la Divina Misericordia, una fiesta instituida por el Papa Juan Pablo II para recordar a los cristianos el abismo insondable de la misericordia de Dios y su gran amor por toda la humanidad. «Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea un refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores», (Diario, 699) reveló Nuestro Señor a Sor Faustina .  

La Fiesta de la Misericordia ha salido de Mis entrañas, deseo que se celebre solemnemente el primer domingo después de Pascua.

La fiesta de la Divina Misericordia nos invita a mirar a nuestro Señor Jesucristo, vivo y Resucitado y renovar hacia él nuestro amor en su inmensa misericordia. Las promesas extraordinarias que el Señor Jesús vinculó a ésta fiesta demuestran la grandeza de la misma.

Derramo todo un mar de gracias sobre las almas que se acercan al manantial de Mi misericordia.

«Hija Mía, habla al mundo entero de la inconcebible misericordia Mía.  Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores.  Ese día están abiertas las entrañas de Mi misericordia. Derramo todo un mar de gracias sobre las almas que se acercan al manantial de Mi misericordia.  El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas. En ese día están abiertas todas las compuertas divinas a través de las cuales fluyen las gracias.  Que ningún alma tema acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata. Mi misericordia es tan grande que en toda la eternidad no la penetrará ningún intelecto humano ni angélico. Todo lo que existe ha salido de las entrañas de Mi misericordia. Cada alma respecto a mi, por toda la eternidad meditará Mi amor y Mi misericordia. La Fiesta de la Misericordia ha salido de Mis entrañas, deseo que se celebre solemnemente el primer domingo después de Pascua.  La humanidad no conocerá paz hasta que no se dirija a la Fuente de Mi misericordia. (Diario, 699).

 

La Hora de la Misericordia

«Cuántas veces oigas el reloj dando las tres, sumérgete en Mi misericordia, adorándola y glorificándola». Nuestro Señor Jesucristo encomendó a Sor Faustina Kowalska adorar la hora de su muerte:  «Cuántas veces oigas el reloj dando las tres, sumérgete en Mi misericordia, adorándola y glorificándola; suplica su omnipotencia para el mundo entero y, especialmente, para los pobres pecadores, ya que en ese momento, se abrió de par en par para cada alma», (Diario, 1572).

«En esa hora – prometió Jesús – puedes obtener todo lo que pidas para ti o para los demás.  En esa hora se estableció la gracia para el mundo entero: la misericordia triunfó sobre la justicia», (Diario, 1572).

Cuando un alma vea y conozca la gravedad de sus pecados, cuando a los ojos de su alma se descubra todo el abismo de la miseria en la que ha caído, no se desespere, sino que se arroje con confianza en brazos de Mi misericordia.

 

¿Por qué se reza la Coronilla?

Según afirma santa Faustina, en una de sus visiones místicas  Jesús le animó a propagar el rezo de la Coronilla, y le explicó:

«Hija Mía, anima a las almas a rezar la coronilla que te he dado.  A quienes recen esta coronilla, Me complazco en darles lo que Me pidan.  Cuando la recen los pecadores empedernidos, colmaré sus almas de paz y la hora de su muerte será feliz.  Escríbelo para las almas afligidas: Cuando un alma vea y conozca la gravedad de sus pecados, cuando a los ojos de su alma se descubra todo el abismo de la miseria en la que ha caído, no se desespere, sino que se arroje con confianza en brazos de Mi misericordia, como un niño en brazos de su madre amadísima.  Estas almas (125) tienen prioridad en Mi Corazón compasivo, ellas tienen preferencia en Mi misericordia. Proclama que ningún alma que ha invocado Mi misericordia ha quedado decepcionada ni ha sentido confusión. Me complazco particularmente en el alma que confía en Mi bondad. Escribe: cuando recen esta coronilla junto a los moribundos, Me pondré entre el Padre y el alma agonizante no como el Juez justo sino como el Salvador misericordioso» (Diario, 1541).

 

¿Cómo se reza?

Se utilizan las cuentas del rosario y se inicia con un Padre nuestro, un Avemaría y un Credo.

Luego, en la cuenta del Padrenuestro, se reza: «Padre Eterno, te ofrezco el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de tu amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, para el perdón de nuestros pecados y los del mundo entero».

En las cuentas del Avemaría, se reza: «Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero”.

Al finalizar, se repite tres veces: «Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero».

Con el fin de celebrar apropiadamente esta festividad, se recomienda rezar la Coronilla y la Novena a la Divina Misericordia; confesarse -para la cual es indispensable realizar primero un buen examen de conciencia-, y recibir la Santa Comunión el día de la Fiesta de la Divina Misericordia.

 

Raquel Almada

Soy miembro agregado de la Comunidad Misionera de Jesús. Me formé en Ciencias de la Comunicación y quiero contribuir con lo que sé a la extensión del Reino de los Cielos.

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