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La oración del «Regina Coeli» que detuvo la peste en el siglo VI

La oración del «Regina Coeli» que detuvo la peste en el siglo VI

La Santa Madre Iglesia es santa y sabia, reflejo de ello son las acciones que tomaban ciertos pontífices a lo largo de la historia y más específicamente en situaciones difíciles, como el Papa San Gregorio, quien dispuso una procesión en la ciudad para invocar la misericordia de Dios por la intercesión de María Santísima, suplicándole: «¡Ruega a Dios por nosotros, Aleluya!».

La oración del «Regina Coeli» – Reina del Cielo-, es una de las cuatro antífonas marianas que ora la Iglesia durante el año litúrgico, y que se realiza durante el tiempo de pascua para reemplazar al Ángelus, rezándose desde el Domingo de Pascua hasta el Domingo de Pentecostés.

Tal como se narra en la colección de hagiografías «The Golden Legend» -que traduce «La Leyenda Dorada»- sobre el Papa San Gregorio Magno, esta oración mariana se remonta al siglo VI cuando una peste devastó gravemente a Roma, incluso llevándose la vida del Papa Pelagio II. Fue un tiempo difícil para los ciudadanos romanos y, cuando el Papa Gregorio I fue elegido para liderar la Iglesia, de inmediato se dispuso a apelar la misericordia de Dios.

Al elegirse a su sucesor, es decir Gregorio I, que más adelante se conocería como Gregorio Magno, el nuevo pontífice quiso invocar de inmediato la misericordia de Dios acudiendo a la intercesión de María Santísima. Él organizó una enorme procesión alrededor de la ciudad, invitando a todo el mundo a rezar a Dios por el fin de la plaga. La procesión iba liderada por una antigua imagen de la Virgen María que, supuestamente, limpiaba el aire de la enfermedad.

La peste aún asolaba Roma y Gregorio ordenó que la procesión continuara realizando el circuito por la ciudad, con los procesionarios cantando letanías. La procesión llevaba una imagen de la Santísima Virgen María… (el retrato de Nuestra Señora pintado por San Lucas). Y he aquí que la suciedad ponzoñosa del aire sucumbió a la imagen como si de ella huyera, incapaz de soportar su presencia: el paso de la imagen proporcionó una maravillosa serenidad y pureza al aire.

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Habiendo llegado al puente que une la ciudad con el Vaticano, se escuchó un Coro de ángeles cantando sobre el cuadro, y diciendo: «¡Alégrate, oh Reina del Cielo, Aleluya! Porque Aquel a quien merecías llevar, ¡Aleluya! Ha resucitado como dijo: ¡Aleluya!»

Tan pronto como cesó la música celestial, el santo Pontífice se animó y añadió estas palabras a las de los Ángeles: «¡Ruega a Dios por nosotros, Aleluya!»

Fue así como nació el «Regina Coeli», la antífona con la que en el tiempo pascual saluda la Iglesia a María Reina con motivo de la resurrección del Salvador.

El Papa vio un ángel del Señor en lo alto del castillo de Crescencio, limpiando una espada ensangrentada y envainándola. Gregorio entendió que aquello ponía fin a la peste.

La procesión continuaba su camino por la ciudad cuando san Gregorio llegó al mausoleo del emperador Adriano y presenció una visión que trajo paz a su alma. Entonces el Papa vio un ángel del Señor en lo alto del castillo de Crescencio, limpiando una espada ensangrentada y envainándola. Gregorio entendió que aquello ponía fin a la peste, como, de hecho, sucedió. Desde entonces el castillo se llamó Castillo del Santo Ángel.

Expertos creen que tal imagen es la «Salus Populi Romani», patrona de Roma. Con el tiempo, se colocó una estatua del arcángel San Miguel envainando su espada en lo alto de Castel Sant’Angelo, que continúa siendo un recordatorio constante de la misericordia de Dios y de cómo respondió a las oraciones y súplicas del pueblo.

Recemos con fervor el «Regina Coeli», la oración mariana del tiempo pascual.

Dom Guéranger, explicación de la historia y la devoción detrás de la antífona «Regina Coeli».

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