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Cada vez que se produce un debate sobre la aprobación de una ley a favor del aborto, surgen voces dentro de la Iglesia asegurando que los que voten a favor de leyes así, especialmente en el caso de que sean diputados, ministros o presidentes del gobierno, quedan excomulgados. Pues bien, no es cierto.

Cada vez que se produce un debate sobre la aprobación de una ley a favor del aborto, surgen voces dentro de la Iglesia asegurando que los que voten a favor de leyes así, especialmente en el caso de que sean diputados, ministros o presidentes del gobierno, quedan excomulgados. Pues bien, no es cierto.

Los obispos de EE.UU emitieron una consulta a la Santa Sede en la que se abordaba esa cuestión.  Respondió el por entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cardenal Josep Ratzinger. En su carta “Dignidad para recibir la Sagrada Comunión. Principios Generales” leemos:

3. No todos los asuntos morales tienen el mismo peso moral que el aborto y la eutanasia. Por ejemplo, si un católico discrepara con el Santo Padre sobre la aplicación de la pena de muerte o en la decisión de hacer la guerra, éste no sería considerado por esta razón indigno de presentarse a recibir la Sagrada Comunión. Aunque la Iglesia exhorta a las autoridades civiles a buscar la paz, y no la guerra, y a ejercer discreción y misericordia al castigar a criminales, aún sería lícito tomar las armas para repeler a un agresor o recurrir a la pena capital. Puede haber una legítima diversidad de opinión entre católicos respecto de ir a la guerra y aplicar la pena de muerte, pero no, sin embargo, respecto del aborto y la eutanasia.

4. Aparte del juicio de un individuo respecto de su propia dignidad para presentarse a recibir la Santa Eucaristía, el ministro de la Sagrada Comunión se puede encontrar en la situación en la que debe rechazar distribuir la Sagrada Comunión a alguien, como en el caso de un excomulgado declarado, un declarado en entredicho, o una persistencia obstinada en pecado grave manifiesto (cf. canon 915).

5. Respecto del grave pecado del aborto o la eutanasia, cuando la cooperación formal de una persona es manifiesta -entendida, en el caso de un político católico, como hacer campaña y votar sistemáticamente por leyes permisivas de aborto y eutanasia-, su párroco debería reunirse con él, instruirlo respecto de las enseñanzas de la Iglesia, informándole que no debe presentarse a la Sagrada Comunión hasta que termine con la situación objetiva de pecado, y advirtiéndole que de otra manera se le negará la Eucaristía.

6. Cuando «estas medidas preventivas no han tenido su efecto o cuando no han sido posibles», y la persona en cuestión, con obstinada persistencia, aún se presenta a recibir la Sagrada Comunión, «el ministro de la Sagrada Comunión debe negarse a distribuirla» (cf. Declaración del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos «Sagrada Comunión y Divorcio, Católicos vueltos a casar civilmente» [2002], n. 3-4). Esta decisión, propiamente hablando, no es una sanción o una pena.

Como bien deberían saber todos, no es lo mismo no poder tomar la Sagrada Comunión que recibir la pena de excomunión.

En cuanto al aborto, el derecho canónico establece que la pena de excomunión está reservada para los que lo cometen directamente.

Canon 1398: Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae.

La web Ius Canonicum lo explica muy bien.

Otra cosa es que algunos podamos pensar que sería conveniente que la Iglesia decidiera excomulgar a los políticos que dicen ser católicos practicantes y votan leyes abortistas. Pero de momento, no es el caso.

 

Por Luis Fernando Pérez 
infocatolica.com

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