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25 de marzo, Día del Niño por Nacer

Nunca como en nuestros tiempos se ha observado tantos ataques a la vida y a la familia como en la actualidad. La perversa Ideología de Género ha logrado esparcir el error de la liberación femenina a costa de la muerte de pequeños indefensos en el vientre materno y la distribución de fármacos que impiden o eliminan la vida, ante tantos ataques, como cristianos es nuestro deber trabajar en pos de la defensa de los Niños por Nacer.


En la legislación de nuestro país, la protección de la vida desde la concepción es clara, la Carta Magna en su Art. 4 reza «El derecho a la vida es inherente a la persona humana. Se garantiza su protección, en general, desde la concepción», también lo expresa en el Código de la Niñez y de la Adolescencia en su Art.9 «La protección de las personas por nacer se ejerce mediante la atención a la embarazada desde la concepción y hasta los cuarenta y cinco días posteriores al parto».

En ese mismo contexto, el Estado Paraguayo ha tomado medidas para fomentar culturalmente el cuidado de los niños dentro del vientre materno, para ello ha establecido el «Día del Niño por Nacer», según el Decreto Nº 20846 del año 2003, fecha con la que se busca concientizar a la sociedad sobre la protección de los niños desde el momento de la concepción.

Por su parte, el Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña en el Art. 2270 que «La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida».

El Día del Niño por Nacer es una fecha que nos recuerda  el valor de la vida humana, al hombre que «se le ha dado una altísima dignidad, que tiene sus raíces en el vínculo íntimo que lo une a su Creador: en el hombre se refleja la realidad misma de Dios» (Evangelium Vitae), más que una fecha en el calendario civil, debe ser una lucha constante por la vida que inicia en el vientre materno y debe ser defendida por todos.

El Papa Juan Pablo II en su imponente Encíclica Evangelium Vitae que aparece como un resplandeciente fulgor de esperanza nos explica que «toda amenaza a la dignidad y a la vida del hombre repercute en el corazón mismo de la Iglesia, afecta al núcleo de su fe en la encarnación redentora del Hijo de Dios, la compromete en su misión de anunciar el Evangelio de la vida por todo el mundo y a cada criatura (cf. Mc 16, 15)» es por ello, que no debemos decaer en la lucha contra los que atentan la vida y la familia.

San Juan Pablo II ya lo advertía en la citada encíclica: «El siglo XX será considerado una época de ataques masivos contra la vida, una serie interminable de guerras y una destrucción permanente de vidas humanas inocentes. Los falsos profetas y los falsos maestros han logrado el mayor éxito posible. Más allá de las intenciones, que pueden ser diversas y presentar tal vez aspectos convincentes incluso en nombre de la solidaridad, estamos en realidad ante una objetiva «conjura contra la vida», que ve implicadas incluso a instituciones internacionales, dedicadas a alentar y programar auténticas campañas de difusión de la anticoncepción, la esterilización y el aborto».

El día del Niño por Nacer debe ser una fecha para recordarnos que la vida humana debe ser respetada y protegida desde el momento de la concepción

 

La «opción» por el aborto proviene – dice Juan Pablo II-  de la presión de múltiples dificultades existenciales, que sin embargo nunca pueden eximir del esfuerzo por observar plenamente la Ley de Dios. Pero en muchísimos otros casos estas prácticas tienen sus raíces en una mentalidad hedonista e irresponsable respecto a la sexualidad y presuponen un concepto egoísta de libertad que ve en la procreación un obstáculo al desarrollo de la propia personalidad. Así, la vida que podría brotar del encuentro sexual se convierte en enemigo a evitar absolutamente, y el aborto en la única respuesta posible frente a una anticoncepción frustrada.

El día del Niño por Nacer debe ser una fecha para recordarnos que la vida humana debe ser respetada y protegida desde el momento de la concepción con un alto celo apostólico, con la fuerza intrépida  del hombre que ve a Dios en toda la creación, y ama y respeta la obra de su Dios.

Dirijamos la mirada a aquella que es para nosotros «señal de esperanza cierta y de consuelo» manifiesta San Juan Pablo II, al referirse a la Santísima Madre, al final de la Encíclica Evangelium Vitae y se expresa así:

¡Oh María!,
aurora del mundo nuevo,
Madre de los vivientes,
a Ti confiamos la causa de la vida:
mira, Madre, el número inmenso
de niños a quienes se impide nacer,
de pobres a quienes se hace difícil vivir,
de hombres y mujeres víctimas
de violencia inhumana,
de ancianos y enfermos muertos
a causa de la indiferencia
o de una presunta piedad.

Haz que quienes creen en tu Hijo
sepan anunciar con firmeza y amor
a los hombres de nuestro tiempo
el Evangelio de la vida.

Alcánzales la gracia de acogerlo
como don siempre nuevo,
la alegría de celebrarlo con gratitud
durante toda su existencia
y la valentía de testimoniarlo
con solícita constancia, para construir,
junto con todos los hombres de buena voluntad,
la civilización de la verdad y del amor,
para alabanza y gloria de Dios Creador
y amante de la vida ( EV 105).

 

Raquel Almada

Soy miembro agregado de la Comunidad Misionera de Jesús. Me formé en Ciencias de la Comunicación y quiero contribuir con lo que sé a la extensión del Reino de los Cielos.

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