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El rezo del Rosario es prenda de salvación, ya que la misma Madre de Dios, pidió a los pastores de Fátima que recen el Rosario, porque Satanás trata de debilitarnos haciéndonos perder el gusto o hasta rechazar este salterio angélico. Decía San Buenaventura que la Virgen nos visita con la gracia de Dios, siempre que la saludamos con el avemaría.

«El Rosario propone la meditación de los misterios de Cristo con un método característico, adecuado para favorecer su asimilación. Se trata del método basado en la repetición. Esto vale ante todo para el Ave María, que se repite diez veces en cada misterio. Si consideramos superficialmente esta repetición, se podría pensar que el Rosario es una práctica árida y aburrida. En cambio, se puede hacer otra consideración sobre el Rosario, si se toma como expresión del amor que no se cansa de dirigirse a la persona amada con manifestaciones que, incluso parecidas en su expresión, son siempre nuevas respecto al sentimiento que las inspira» San Juan Pablo II, Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae.

Lo primero que hay que decir sobre esta práctica, y que constituye una de sus excelencias es que el Rosario es, al mismo tiempo, una oración vocal y una oración mental; vocal cuando vamos rezando los padrenuestros y las avemarías, pero a la vez mental, cuando vamos meditando los misterios de la vida de Cristo y de Nuestra Señora. Esta realidad constituye algo esencial del Santo Rosario además de ser una de sus excelencias.

La Virgen María reveló el rosario a Santo Domingo de Guzmán en 1214.

El Santo Rosario, mirando su esencia, es de origen apostólico;  pero en la forma en que la conocemos hoy,  fue revelado por la mismísima Virgen María en 1214 a Santo Domingo de Guzmán. La Virgen María reveló el Rosario a este santo cuando él estaba al sur de Francia predicando para la conversión de los cátaros o herejes albigenses, quienes sostenían que la materia es mala y el espíritu es lo único bueno. Es decir, negaban en última instancia la Encarnación del Verbo, ya que Dios no podía hacerse hombre porque el hombre es material; y al negar la Encarnación niegan la Eucaristía, es decir, la presencia real de Jesús en cuerpo, sangre, alma y divinidad, bajo las especies de pan y vino, así como niegan la Maternidad Divina, por la negación de la Encarnación. La Virgen dio a Santo Domingo en el Rosario, un arma de lucha contra estos errores. El Santo había hecho un ayuno de tres días, acompañado de otras mortificaciones; estas prácticas ascéticas llevaron a que desmaye. En su desmayo, la Virgen se apareció con tres princesas celestes.

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Si quieres ganar para Dios esos corazones endurecidos, predica mi salterio.

La Virgen dijo entonces a Santo Domingo: «¿Sabes, querido Domingo, de qué arma se ha servido la Santísima Trinidad para reformar el mundo?»- Oh Señora, tú lo sabes mejor que yo –respondió él–; porque después de Jesucristo, tú fuiste el principal instrumento de nuestra salvación. «–Pues sabes– añadió ella– que la principal pieza de combate ha sido el salterio angélico, que es el fundamento del Nuevo Testamento. Por ello, si quieres ganar para Dios esos corazones endurecidos, predica mi salterio». La expresión «salterio angélico» de la que habló Nuestra Señora está formada por dos palabras; salterio, es decir, los salmos que son ciento cincuenta; y angélico, que nos recuerda la salutación angélica, el avemaría. Por consiguiente, el «salterio angélico» no es otra cosa que ciento cincuenta avemarías. Esa sería la principal arma para combatir la herejía reinante.

El avemaría constituye desde entonces la salutación que vence el «Non serviam».

Surge una importante realidad, entonces, respecto del Santo Rosario: es un arma. Y un arma solo es necesario en un combate y éste tiene que estar siempre acorde a la naturaleza del combate. Siendo el arma, dada por la Virgen, un arma espiritual, el combate, por consiguiente, será espiritual. El combate espiritual para el que la Virgen nos ha dado una poderosa arma es el combate contra los demonios, estos últimos representados por los herejes cátaros en esta historia, porque el infierno todo tiembla ante la recitación de un avemaría. Pues ya lo dice la misma Virgen María, «el salterio angélico … es el fundamento del Nuevo Testamento». ¿Cómo puede ser eso? Para responder a eso tenemos que recordar que existió una mujer, que además era Virgen, y además inmaculada, que estaba comprometida con un varón y que recibió la visita de un ángel; esta mujer era Eva, que junto con Adán sucumbieron ante la tentación y el hombre fue condenado a abandonar el paraíso creado para él.

Dios en su inmenso amor tuvo que crear una nueva mujer, virgen, inmaculada, comprometida con un varón para que recibiera la visita de un ángel y escuche de sus labios el «Ave María», es decir, el inicio del Nuevo Testamento, el momento supremo de la Encarnación del Verbo para salvarnos; el avemaría constituye desde entonces la salutación que vence el «Non serviam» (No serviré) de Satanás.

Por todo esto, el rezo del Rosario es prenda de salvación, ya que la misma Madre de Dios, pidió a los pastores de Fátima que recen el Rosario, porque Satanás trata de debilitarnos haciéndonos perder el gusto o hasta rechazar este salterio angélico. Decía San Buenaventura que la Virgen nos visita con la gracia de Dios, siempre que la saludamos con el avemaría.

 

Misterios Gloriosos: Se rezan los domingos y los miércoles

Primer Misterio de Gloria: La Resurrección
Como premio por su obediencia perfecta hasta la muerte de cruz, Jesucristo resucitó al tercer día, según lo habían anunciado las Escrituras, y fue glorificado en cuerpo y alma como Señor de todas las cosas.

Fruto que pedimos en este misterio:
LA VIRTUD DE LA FE

Segundo Misterio de Gloria: La Ascención
Cuarenta días después de su Resurrección, el Señor Jesús ascendió al Santuario de Dios en los cielos y allí se sentó a la derecha del Padre para interceder por nosotros y esperar el triunfo final de la Parusía.

Fruto que pedimos en este misterio:
LA VIRTUD DE LA ESPERANZA

Tercer Misterio de Gloria: Pentecostés
Diez días después de su Ascensión a los cielos, hacia las nueve de la mañana, el Espíritu Santo desciende en forma de lenguas de fuego sobre María y los Apóstoles, reunidos en oración en el lugar de la Última Cena.

Fruto que pedimos en este misterio:
LOS SIETE DONES DEL ESPÍRITU SANTO

Cuarto Misterio de Gloria: La Asunción
Llegado el momento de su tránsito de este mundo a la gloria del Padre, María, la nueva Eva, imitó a Jesucristo, el nuevo Adán, y resucitada después de su muerte, fue asumpta al cielo en cuerpo y alma.

Fruto que pedimos en este misterio:
UNA SANTA MUERTE

Quinto Misterio de Gloria: La Coronación como Reina y Madre
María, la Compañera fiel de Jesús, es coronada en la gloria del cielo como Reina y Madre de toda la creación, de los ángeles y de los hombres; pero, en especial, de los necesitados y los pecadores.Fruto que pedimos en este misterio:
LA VERDADERA DEVOCIÓN A MARÍA

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Hno. Cristian Alfonso

Religioso. Miembro Permanente de la Comunidad Misionera de Jesús. La música y la literatura mueven el mundo, para bien o para mal. Por eso procuro ahondar en estas dos artes, para mover al mundo hacia las altas alturas de la belleza.

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Hno. Cristian Alfonso

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