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En medio de los desórdenes actuales, es necesario recordar a los hombres que la Iglesia es, por su divina institución, la única arca de salvación para la humanidad. Fundada por el Hijo de Dios sobre San Pedro y sus sucesores, no solamente es la guardiana de las verdades reveladas, sino también la custodia necesaria de la ley natural. 

Puntos doctrinales sobre la Realeza Social de Cristo.
En medio de los desórdenes actuales, es necesario recordar a los hombres que la Iglesia es, por su divina institución, la única arca de salvación para la humanidad. Fundada por el Hijo de Dios sobre San Pedro y sus sucesores, no solamente es la guardiana de las verdades reveladas, sino también la custodia necesaria de la ley natural.

 

SEXTA LECCIÓN
El poder de la Iglesia en el orden establecido por Dios

 

 38. ¿Cuál es la voluntad de Cristo, Rey de las Sociedades, sobre la Iglesia?

Su voluntad es doble. Primeramente, como ya se ha dicho, la Iglesia le debe a Dios y a Jesucristo la más entera sumisión. No le es permitido añadir una sola verdad a las que enseñó Jesucristo. Del mismo modo, no le es permitido suprimir ninguna. Depende de Dios, hasta en los mínimos detalles, con una absoluta dependencia. También, por voluntad de Jesucristo, se halla investida de una misión que debe cumplir. En razón de esta autoridad sobre toda autoridad, Jesucristo le confió esta misión. Esta implica necesariamente una participación a su autoridad sobre toda autoridad.

 

39. ¿Puede explicar un poco esta misión de la Iglesia?

Esta es la situación en la que Cristo puso a su Iglesia. Le dijo: «Vayan, enseñen a todos los pueblos, Yo estoy con ustedes hasta el fin de los siglos». Estas palabras explican las intenciones de Jesucristo. El Divino Maestro quiere que su Iglesia sea en el mundo el instrumento para la salvación de las almas, Lo quiere hasta tal punto que sólo a la Iglesia, excluyendo cualquier otro organismo, le ha confiado la misión de conducir las almas a su Bienaventuranza final. Quiere sin duda pues, que su Iglesia cumpla en el mundo, para la salvación de éste, la función de organismo necesario.

 

40. Pero en estas condiciones, la Iglesia sería tan necesaria como el mismo Cristo, lo cual es inadmisible.

Es perfectamente admisible que la Iglesia sea tan necesaria como Cristo mismo si tal es la voluntad de Cristo. Y de hecho, Cristo manda a su Iglesia que enseñe a los Pueblos y administre los Sacramentos. 0 por mejor decir, Jesucristo por mediación de la Santa Iglesia quiere ser para todo hombre y para toda Sociedad: Camino, Verdad y Vida.

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41. Pero en estas condiciones, a la Iglesia le pertenece el título de Reina, y al Papa el título de Rey.

Incontestablemente. La Iglesia no tiene a nadie, ni por encima de Ella ni a su mismo nivel, que la pueda iluminar, enseñar y dirigir, más que al mismo Dios, al Espíritu de Dios y a Jesucristo. Si Cristo es verdaderamente Rey porque ejerce una autoridad sobre los individuos, las Sociedades y toda otra Autoridad, del mismo modo la Iglesia es Reina, porque debe enseñar a los hombres con autoridad sus deberes. Y como realmente rige, es Reina. Al mismo título y por las mismas razones, El Papa es verdadero Rey.

 

42. ¿Cuáles son las consecuencias inmediatas de estas verdades?

La primera de todas es que Jesucristo y su Iglesia tienen la obligación de intervenir en todo Orden Social. En toda obligación social, sea la que sea, tienen por misión divina, iluminar a los Pueblos y Sociedades sobre sus deberes. Es lo que enseña la Santa Sede en una carta que dirigió al Arzobispo de Tours (Francia): «En medio de los desórdenes actuales, es necesario recordar a los hombres que la Iglesia es, por su divina institución, la única arca de salvación para la humanidad. Fundada por el Hijo de Dios sobre San Pedro y sus sucesores, no solamente es la guardiana de las verdades reveladas, sino también la custodia necesaria de la ley natural. Por esto, hoy más que nunca, se debe enseñar, como lo está haciendo, Monseñor, que la verdad liberadora tanto para los individuos como para las sociedades es la verdad sobrenatural en su plenitud y pureza, sin atenuación ni disminución ni compromisos, tal, en una palabra, como Nuestro Señor Jesucristo vino a traería al mundo, tal como la confió a la custodia y magisterio de Pedro y su Iglesia». (Carta del 16 de marzo de 1917). La segunda consecuencia, que sigue a la primera, es que Jesucristo y su Iglesia son necesarios para el Orden Social.

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Si no fuesen necesarios, Dios no los hubiese impuesto al mundo como medio de salvación. Si tienen una misión obligatoria para con los Pueblos.

 

43. Pero entonces, ¿la Iglesia tiene una misión no sólo con las almas, sino también con las Sociedades?

Sí, la Iglesia y el Papa tienen que cumplir una tarea impuesta divinamente, no sólo ante las almas sino también ante las Sociedades. Primeramente, en la tierra únicamente a la Iglesia se le ha confiado el depósito no sólo de las verdades reveladas sino también el de las verdades morales del orden natural. Sin la existencia y puesta en práctica de esta ley moral, ninguna Sociedad puede subsistir. Pertenece pues a la Iglesia la enseñanza de las verdades primordiales, únicas que pueden salvar al mundo y a cada país en particular. Pertenece también a la Iglesia y solamente a Ella la interpretación autorizada de las leyes de justicia natural que deben presidir las relaciones de los Pueblos entre sí. Es justo que sea así. La Iglesia debe conducir los Pueblos a su fin último. Estos viven normalmente en este mundo en estado de Sociedad. La Iglesia pues, debe conducirlos a su fin, por la Sociedad en la que Dios quiere que vivan. Esta es la verdad primordial del fin último querido por Dios y que el hombre, que ilumina todas las grandes cuestiones, debe querer. No es de extrañar que el desprecio de esta verdad y de la ley que comporta atraigan los castigos divinos. ¿Acaso no es un castigo real la impotencia en la que se hallan los Gobiernos que buscan la Paz de las Naciones? Dios, la Iglesia y el Papa están arrinconados, y las cosas quieren hacerse sin Ellos. La consecuencia de este criminal olvido es fatal: quiere obrarse sin Dios, y Dios deja que las cosas se hagan sin Él. Nada bueno se hace. En estas condiciones se debería inculcar a los hombres, cueste lo que cueste, la dependencia de toda Sociedad respecto de Dios, de su Cristo y de la Misión de la Iglesia. Sin duda. Hay un dicho común: “Entre dos males se debe escoger el menor”. Y es algo certísimo que el mal que proviene del silencio de los que tienen por misión enseñar es el mayor y más pernicioso de los males. Jesucristo o de modo tajante para circunstancias como estas: para establecer su Verdad en el mundo, si es necesario pasar por sufrimientos y persecución, debe pasarse. Más vale el martirio que el sacrificio y renuncia de las verdades necesarias a la salvación.

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44. En estas condiciones se debería inculcar a los hombres, cueste lo que cueste, la dependencia de toda Sociedad respecto de Dios, de su Cristo y de la Misión de la Iglesia.

Sin duda. Es algo certísimo que el mal que proviene del silencio de los que tienen por misión enseñar es el mayor y más pernicioso de los males. Jesucristo o de modo tajante para circunstancias como estas: para establecer su Verdad en el mundo, si es necesario pasar por sufrimientos y persecución, debe pasarse. Más vale el martirio que el sacrificio y renuncia de las verdades necesarias a la salvación.

 

 

P. Phillippe, Catecismo de la Realeza Social de Jesucristo.

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