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Medios para progresar en la devoción al Sagrado Corazón

Medios para progresar en la devoción al Sagrado Corazón
Ese Corazón adorable está en el Sacramento como manantial perenne que de día y de noche corre sin interrupción, y sólo desea que haya corazones a donde dirigir sus aguas de vida para purificarlos y fertilizarlos.

Los medios para progresar en la devoción al Sagrado Corazón de Jesús son varios: la oración, la Comunión frecuente,las visitas al Santísimo Sacramento, la devoción a la Santísima Virgen, a San José y a todos aquellos Santos que más se distinguieron por el amor al Sagrado Corazón.

Con amor recomendaba Jesús a sus discípulos la oración para la satisfacción de todas sus necesidades. «Orad por los que os persiguen y calumnian», decía un día; «orad para que no caigas en la tentación», decía otro día; «conviene orar siempre y no desfallecer», decía aquí; «pedid y se os dará», decía allí; «pedid y recibiréis, y vuestra alegría será completa». 

La oración es la primera necesidad que el Espíritu Santo sugiere a las almas que quiere apartar del abismo de perdición; es la primera señal de su conversión; como es también el primer ejercicio que el enemigo hace abandonar a las almas cuando quiere que caigan en sus redes. Pero si Jesucristo nuestro Maestro se ha obligado a darnos cuanto le pidamos ¿cómo nos negará el progreso en la devoción al Sagrado Corazón, sí con entera confianza y con fe completa se lo pedimos?

La devoción al Sagrado Corazón es propiamente hablando ejercicio de amor. Pero el memorial de todas las maravillas de amor realizadas por el Divino Maestro es ese alimento que ha preparado para los que le temen, la Sagrada Eucaristía. La mejor prueba de la confianza y del afecto que nos inspira una persona es recibir inmediatamente el obsequio que nos ofrece, es acompañarle con frecuencia y sentarnos a su mesa. Pero la Mesa eucarística es la escuela del amor, y cuanto mayor es la frecuencia con que a ella nos sentamos, tanto más aumenta en nosotros el amor al Huésped divino que se digna convidarnos. No es posible, dice la sabiduría, llevar fuego en el seno y no quemarse. Y ese fuego que llevamos en nuestro seno es la adorable Eucaristía que, como dice San Bernardo, es el amor de los amores. «¡Oh! dice Santa Ángela de Foligno, si considerase el alma lo que se realiza en ese Divino Sacramento, es cierto que, al verse amada de manera tan extraordinaria, todo el hielo de sus amores se cambiaría en llamas de amor y gratitud».

Ese Corazón adorable está en el Sacramento como manantial perenne que de día y de noche corre sin interrupción, y sólo desea que haya corazones a donde dirigir sus aguas de vida para purificarlos y fertilizarlos.

Unidos e incorporados con Jesucristo, autor de la gracia, en ese manantial fecundo de todos los bienes, veremos cómo constantemente se derraman con profusión sus dones, se purifican nuestros deseos, se dignifican nuestras pasiones, y la inclinación al mal que sentimos en nosotros, se cambiará en dulce atractivo para todas las virtudes de que es santuario el Corazón de Jesús y de que nos da ejemplo en este Sacramento. 

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Mas la Sagrada Eucaristía no aprovecha solamente á los que la reciben. Para recoger no pocos de los frutos de vida que hay en el Sacramento del Altar, basta con visitar a Jesucristo en tan adorable Misterio, desearlo, pensar en Él, dirigirse en espíritu a cualquiera de los templos en que reposa. Ha sido esta la práctica de los más finos amantes de Jesús, nada hay que nos atraiga con más seguridad el Corazón de Jesús que esas frecuentes adoraciones y visitas.

Ese Corazón adorable está en el Sacramento como manantial perenne que de día y de noche corre sin interrupción, y sólo desea que haya corazones a donde dirigir sus aguas de vida para purificarlos y fertilizarlos.

El mismo invita a todos a venir a beber, y del interior del Tabernáculo parece gritar, como en otro tiempo a los judios que en gran número habían acudido a Jerusalén a celebrar la Pascua: «Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su corazón correrán ríos de agua viva».

Ordinariamente escoge Jesús el tiempo de las visitas que le hacen las almas fieles para derramar sobre ellas gracias más abundantes. Pero podemos decir muy bien que el más común de los favores que dispensa, es la gracia de su amor; porque si la ausencia engendra olvido, y la amistad se conserva y aumenta entre los hombres con las visitas frecuentes, con las visitas también se aumentará el amor á Jesús y la devoción á su adorable Corazón

Medio para progresar en la devoción al Sagrado Corazón: La devoción a la Santísima Virgen y a San José

María tiene todo poder sobre el Corazón de Jesús y es la Madre del amor hermoso. Los Corazones de Jesús y de María están tan unidos entre sí, que el uno nos lleva infaliblemente al otro, con la única diferencia de que el Corazón de Jesús favorece más especialmente a las almas puras, y el Corazón de María purifica a las que no lo están, poniéndolas en estado de ser recibidas en el Corazón de Jesús, por las gracias abundantísimas que les obtiene. Somos pecadores, mas no por eso hemos de desesperar de obtener gracia tal por María, a quien todos los días aclamamos llamándola Refugio de pecadores: es el asilo de todos los miserables y el recurso del mundo entero. Sin el amor tiernísimo de María, ni pensar podemos en ser recibidos con indulgencia por el Corazón de Jesús. 

Santa Gertrudis dirigía un día a la Santísima Virgen estas palabras de la Salve: Illos tuos misericordes oculos ad nos converte. «Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos», y la Santísima Virgen apareció  llevando en los brazos al Divino Infante, y mostrándole los ojos de éste le dijo: He aquí, estos ojos Misericordiosos que puedo volver hacia vosotros cuando me invocais.

La Iglesia aplica a la Santísima Virgen las palabras de la Sabiduría: «La amé más que la salud y más que la hermosura, y propuse tenerla por luz, porque es inextinguible su resplandor.  Y me vinieron todos los bienes juntamente con Ella e innumerable riqueza por sus manos» Y como el bien más grande que puede venir a un alma es el amor al Corazón de Jesús, es la devoción al Corazón de Jesús, ¿podrá dejar de conseguirnos este don inapreciable, si a Ella acudimos con la confianza de hijos? «Quien me hallare, dice en otra parte, hallará la vida y sacará salud del Señor». Pero la verdadera vida, la salud preparada por el Señor para su pueblo, según los sagrados Libros, es Jusucristo Nuestro Senor.

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Encontrando, pues,  a María, acudiendo a Ella con confianza, tenemos la seguridad de encontrar el Corazón de Jesús, la devoción al Corazón Sacratísimo de Jesús.

Los Santos que gozan ya en el cielo de la presencia de Dios, se complacen en obtener para los que los honran en la tierra aquellas virtudes en que ellos más se distinguieron y por las que han obtenido la gloria que forma su corona.

Aquellos ciento cuarenta y cuatro mil de todas las tribus de los hijos de Israel, de que nos habla el Apocalipsis, señalados en las frentes como siervos de Dios, y aquella inmensa muchedumbre que nadie podía contar, de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas, que están de pie ante el trono y delante del Cordero, cubiertos de vestiduras blancas y con palmas en las manos, ¡cómo debieron deleitarse cuando vivieron en el mundo con la devoción que profesaban al Corazón Sacratísimo de Jesús! Todos ellos han de complacerse en obtener para nosotros, que somos sus hijos, la devoción que ellos profesan. Entre todos ellos ocupa el primer lugar San José, él tuvo el privilegio, que ni antes ni después de él ha cabido a alguno, de llevar en sus brazos y estrechar en su corazón al Diyíno Niño, viviendo familiarmente con él treinta años, regando con el sudor de su frente el pan que había de comer Jesús, y comiendo después en su ancianidad el pan que Jesús había regado con el de su frente divina. 

En aquellas horas de oración y de silencio que José pasaba en Nazaret contemplando las perfecciones de aquel Hijo adorado, ¿no descubriría en el Salvador los tesoros de su Corazón como al primero y al más favorecido de todos los Santos, después de la Santísima Virgen?¿Y no estará interesado José en que todos sus devotos amén al Corazón de Jesús con el mismo amor con que le amó él mismo? Pidamos, pues, a San José, que nos consiga del Corazón de Jesús la devoción y el amor que él le profesó.

Tomado del Libro «Mes del Sagrado Corazón» compuesto por la Rvda. Hna. Ana du Rousier y aumentado por el Padre Dionisio Fierro Gasca, Escolapio.

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2 comentarios

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  • Padre: a que se refiere la frase sobre San José “ y comiendo después en su ancianidad el pan que Jesús había regado con el de su frente divina. ”

    Bendiciones!

    • Hola, Guillermo. Eso significa sencillamente que cuando San José estaba anciano fue alimentado con el fruto del trabajo de Jesús en la carpintería. Como Jesús es Dios, su sudor era un sudor divino con el que ganaba el sustento con el que cuidaba a su padre José.

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