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Este Adviento, encuentra tiempo para el silencio

Este Adviento, encuentra tiempo para el silencio

Padre Ed Broom, OMV 


Hoy en día sufrimos una avalancha de ruido, ¡y mucha contaminación acústica! No es que el ruido sea malo en sí, pero es verdad que el corazón, la mente y el alma del hombre anhelan momentos de silencio. Ahora que nos adentramos en el Adviento, es un buen momento para aprender a cultivar el silencio.

Aquella primera noche de Navidad es conocida como la Noche de Paz. La fría y oscura noche de la Natividad de Cristo estuvo envuelta en el más profundo silencio: la Noche de Paz que trajo al Hijo de Dios del cielo a la tierra para que nosotros pudiéramos ascender de la tierra al cielo.

Incluso antes de este día sagrado, el gran profeta Elías llegó al pie de la montaña santa. ¿Dónde se encontraba Dios? ¿En el trueno y el relámpago, o en el fuego, o en el viento y la tormenta? En ninguno de ellos se encontraba Dios. Más bien, Dios se manifestó en la suave brisa que apenas podía ser escuchada por los oídos humanos.

Los beneficios del silencio

Aunque muchos en el mundo moderno huyen del silencio, no se puede negar que el silencio tiene muchos beneficios positivos. Mencionemos solo algunos.

1. El lugar para encontrar a Dios

En medio del clamor y la confusión, no se puede encontrar a Dios, sino solo en el centro de un corazón imbuido e impregnado de silencio. Recuerde la experiencia de Elías: Dios fue encontrado en el silencio de la suave brisa.

2. El Espíritu Santo

Después de nueve días y nueve noches de oración, que se hizo en silencio con la Santísima Virgen María, el Espíritu Santo descendió sobre los Apóstoles en ese primer Pentecostés y nació la Iglesia. Por lo tanto, si realmente queremos experimentar la presencia permanente del Espíritu Santo, necesitamos con urgencia el silencio.

3. Escuchar la voz de Dios

El joven Samuel en el templo experimentó la presencia de Dios, pero en silencio. Su respuesta fue:  Habla, Señor, que tu siervo escucha. La voz de Dios se puede escuchar en lo más profundo de nuestra alma en un profundo silencio.

4. Paz interior

¡El ruido excesivo crea tensión, ansiedad, estrés y mucho más! Cuando podamos entrar en el ambiente del silencio es entonces cuando Dios nos ayudará a experimentar uno de los frutos sublimes del Espíritu Santo, que es la paz. El corazón humano anhela la paz interior más que todas las riquezas que el mundo materialista moderno puede ofrecer. El regalo de Pascua de Jesús fue shalom: ¡la paz sea contigo!

5. Aprender a examinarse a sí mismo

Sólo cuando estemos a solas con nosotros mismos y, al mismo tiempo, a solas con Dios, podremos llegar al autoconocimiento, a saber quiénes somos realmente: tanto los nobles como los innobles, tanto los virtuosos como los viciosos, tanto las luces que brillan en nuestra vida como las feas sombras que acechan en el interior de nuestra alma.

6. Arrepentimiento, perdón y misericordia

En el silencio, también podemos examinar nuestra vida moral, cómo estamos actuando a la luz de Dios. Como resultado, podemos reconocer nuestros pecados y llevarlos a la misericordia de Dios a través del Sacramento de la Confesión.

Un ejemplo de ello es la vida de San Ignacio de Loyola. Herido en combate, se vio obligado a guardar silencio en su ciudad natal, Loyola. Tras este periodo de convalecencia, Ignacio viajó como peregrino al Santuario de Montserrat. Mientras estaba en este monasterio, envuelto en el silencio, el futuro santo pudo entrar en lo más profundo de su conciencia, examinarla con gran minuciosidad, confesarse con un sacerdote y recibir la absolución y el perdón de sus muchos pecados. Si Ignacio no se hubiera dejado absorber y envolver en el silencio, ¡muy probablemente esta confesión y conversión nunca hubieran tenido lugar!

Escuchar exige paciencia, atención, humildad, desinterés y, sobre todo, caridad, auténtico amor y preocupación por el otro.

7. Cultiva el hábito de escuchar a los demás.

Otro fruto positivo de un silencio profundo y eficaz en el que podemos escuchar la voz de Dios, examinar nuestra conciencia y arrepentirnos profundamente de nuestras muchas transgresiones, es la apertura a escuchar a los demás con caridad. De hecho, escuchar es un arte de suma importancia que pocos han adquirido realmente. Escuchar exige paciencia, atención, humildad, desinterés y, sobre todo, caridad, auténtico amor y preocupación por el otro. Una persona que no aprecia el silencio puede tener dificultades para escuchar con atención y caridad a los demás.

El mejor  oyente  de todos fue Nuestro Señor y Salvador Jesucristo. De hecho, Jesús pasó los primeros treinta años de su vida principalmente en silencio. En la casa de Nazaret hubo mucho silencio. Trabajando como carpintero codo a codo con San José, ambos trabajaron la mayor parte del tiempo absortos en un elocuente silencio.

Si el ruido es predominante en nuestras vidas, entonces la voz suave pero insistente del Espíritu Santo -que llamamos inspiración- nunca se escuchará

8. Abierto a la inspiración celestial

De enorme importancia con respecto a la actitud de silencio es la de estar abierto a Dios, muy especialmente, estar abierto a las inspiraciones que vienen del Espíritu Santo. El estruendo, el ruido, los ambientes bulliciosos, la cacofonía, todo ello va en contra de la apertura a Dios Espíritu Santo. De hecho, nuestro Dios es un Dios celoso y no se subordina a ninguna persona, lugar o cosa. Si el ruido es predominante en nuestras vidas, entonces la voz suave pero insistente del Espíritu Santo -que llamamos inspiración- nunca se escuchará. El Espíritu Santo es nuestro Mejor Amigo, así como el Maestro Interior, y también el Dulce Huésped del alma. Vivamos una vida de recogimiento y de silencio para escuchar con más frecuencia sus dulces, suaves y consoladoras inspiraciones.

9. Explorando las profundidades de nuestra mente

Si nos dedicamos a frecuentes momentos de silencio podemos llegar a una vida de pensamiento más profunda, que estará acompañada del uso adecuado de nuestra razón, y dará como resultado la toma de buenas decisiones que nos bendecirán a nosotros mismos y a los demás. Einstein, Dante, Shakespeare, Agustín y Aquino: todos estos profundos pensadores pasaron largos períodos de tiempo en silencio en los que pudieron cultivar los profundos intelectos que Dios les había dado.

10. Imitación de María 

Nuestra Señora tiene muchos títulos. ¡Ella es la Hija del Padre, la Madre del Hijo, la Esposa Mística del Espíritu Santo, la Obra Maestra de la creación! María tuvo una profunda vida mística y contemplativa y esto solo fue posible porque disfrutó de largos períodos de silencio. Dios envió al Arcángel Gabriel a María cuando ella estaba absorta en silencio, absorta en oración.

Imitemos a María y disfrutemos del silencio para que Dios nos lleve al desierto y hable al fondo de nuestro corazón.

Publicado originalmente en https://bit.ly/3dSkIOQ
Traducido y adaptado por Formación Católica

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