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Una psicóloga mexicana alerta a los padres de familia ante un desafío actual que se presenta con las nuevas tecnologías, que es el riesgo de que sus hijos se conviertan en «huérfanos digitales», una realidad ante la cual propone algunas pautas.


Los huérfanos digitales» o «huérfanos cibernéticos» son aquellos niños cuyos padres les permiten sumergirse en las pantallas no solo en casa, sino en la calle, en el coche, etc… sin restricción alguna, algo que pone en serio riesgo la vida familiar.

 

Niños absorbidos, padres irrelevantes

El semanario de la Arquidiócesis de México, Desde la Fe, ha entrevistado a la psicóloga Tania Castro del Centro de Apoyo Familiar Cenyeliztli (www.cenyeliztli.org) acerca de los niños que  reciben un teléfono móvil y ven así limitada su creatividad y paradójicamente recortada su comunicación con sus padres. A efectos prácticos, el niño pasa a ser «absorbido» por las pantallas (tablet, móvil, ordenador y televisión) y los padres se hacen casi irrelevantes en su visión: esos niños se convierten en «huérfanos digitales».

Aunque a veces los padres suelen decir que dan un móvil al niño por motivos de logística familiar o por seguridad («para snetirme tranquilo por si pasa algo al niño») lo más común es que los niños reciben celulares, tabletas y videojuegos mientras sus padres comen o realizan otras actividades para mantenerlos “tranquilos» y sin protestar.

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La psicóloga Tania Castro señala que el uso excesivo de estas tecnologías hace que se pierda el vínculo comunicativo entre padres e hijos. “Una vez que los papás les facilitan un celular, estos se olvidan por completo de sus hijos, pierden el vínculo social junto con la parte afectiva; por eso vemos en las escuelas a muchos niños con problemas de agresividad».

Esto, alerta Castro, “es provocado por la falta de atención por parte de los padres; es una problemática que va en ascenso, ocupando un porcentaje importante del número de terapias que se ofrecen en los centros de atención a las familias».

 

Baja la creatividad y comunicación

Con los padres ausentes a efectos prácticos (aunque estén cerca, en casa) y los niños volcados en las pantallas, habrá riesgos a medio y largo plazo. «Termina con la creatividad innata de los menores; genera niños sin un desarrollo físico, sano y adecuado; y por el rango de edad, los convierte en receptores pasivos del contenido de estos artefactos».

Los especialistas, se indica en Desde la Fe, alertan que los huérfanos digitales serán jóvenes o adultos con patrones de inseguridad, baja autoestima y conductas antisociales que no les permitirán relacionarse o permanecer en un trabajo por mucho tiempo.

Se reduce además la comunicación verbal y el trato interpersonal. «El lenguaje nos humaniza; los malentendidos se dan por una falta de expresión verdadera que solo se puede dar cuando estamos uno frente al otro», advierte la psicóloga.

En sitios públicos «es muy común ver a padres de familia concentrados en sus aparatos sin velar por la seguridad de sus hijos. Respuestas como “espérame un momentito, solo respondo este mensaje», se repiten en cualquier hogar, sin importar el nivel educativo o clase social», lamentó la psicóloga.

 

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Actividades juntos en familia

Los especialistas animan a reducir mucho el uso de las pantallas y a sustituirlas por actividades que se hacen juntos, en familia, estando atentos unos a otros. Hay muchas opciones: excursiones al campo o juegos e el parque (siempre sin pantallas),  hacer deporte, compartir tareas en casa, cocinar juntos, ir a misa o rezar en familia, e incluso ver una película en televisión si lo hace la fmailia junta y se puede comentar lo que se ve… Lo importante es evitar la desconexión entre niños y padres y que el niño sustituya al padre por una pantalla.

«No hay nada de malo en jugar de vez en cuando con el celular o con la tableta si se toma con responsabilidad y se utiliza estrictamente el tiempo de ocio para ello. Cabe señalar que ‘ocio’ es una categoría sociológica que determina aquel espacio libre que no se usa para el trabajo, descanso, alimentación y otras actividades vitales, reducido a un promedio máximo de dos horas diarias», dice la psicóloga.

El problema, precisó la especialista, “radica en que realizar actividades como responder mensajes electrónicos, chatear, ver videos y meterse en las redes sociales, se ha convertido en un hábito que le resta al ser humano la posibilidad de realizar las actividades cotidianas con normalidad». «Hay que hacer una buena selección de la información a la que se quiere acceder, y limitar el tiempo de ocio para invertirlo en actividades productivas», destacó Castro.

www.religionenlibertad.com

Raquel Almada

Soy miembro agregado de la Comunidad Misionera de Jesús. Me formé en Ciencias de la Comunicación y quiero contribuir con lo que sé a la extensión del Reino de los Cielos.

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