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San Dionisio, obispo y compañeros mártires

Evangelio según san Mateo 5, 13-16

“Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal pierde su sabor, ¿con qué será salada? Para nada vale ya, sino para que, tirada fuera, la pisen los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. No puede esconderse una ciudad situada sobre una montaña. Y no se enciende una candela para ponerla debajo del celemín, sino sobre el candelero, y (así) alumbra a todos los que están en la casa. Así brille vuestra luz ante los hombres, de modo tal que, viendo vuestras obras buenas, glorifiquen a vuestro Padre del cielo”.


San Dionisio, obispo y compañeros mártires

Martirologio Romano: San Dionisio, obispo, y compañeros, mártires, de los cuales la tradición establece que enviado por el Romano Pontífice a la Galia (Francia), fue el primer obispo de París, y que junto con el presbítero Rústico y el diácono Eleuterio, padecieron en las afueras de esa ciudad (s. II).

Dionisio: etimológicamente proviene del griego y significa: aquel que mantiene la fe en Dios.

Cuentan que en Atenas, Dionisio observó aquel milagroso eclipse de sol que sucedió en la muerte del Salvador, en el mismo plenilunio. No ignoraba Dionisio que estando la Luna llena, sin mediar algún cuerpo sólido entre la Tierra y el Sol, necesariamente tenía que ser sobrenatural aquel eclipse; y en virtud de eso, asombrado de aquel raro fenómeno, exclamó: O él Dios de la naturaleza padece, o la máquina de este mundo perece.

Instruido ya perfectamente en los misterios y en la doctrina de la religión, Dionisio fue bautizado y admitido en el número de aquellos discípulos que se distinguían más en sus estudios. Quedó gustosamente sorprendido cuando entendió que aquel milagroso eclipse, que tanto le había asombrado, había puntualmente sucedido en la muerte de nuestro Salvador.

Al día siguiente, 9 de Octubre del año 117, pronunció sentencia el tirano, de que Dionisio y sus compañeros fuesen degollados, lo que se ejecutó en el mismo día.

Según las biografías de San Dionisio, escritas en la época, luego de ser decapitado, Dionisio anduvo durante seis kilómetros con su cabeza bajo el brazo, atravesando Montmartre, por el camino que más tarde sería conocido como calle de los Mártires. Al término de su trayecto, entregó su cabeza a una piadosa mujer descendiente de la nobleza romana, llamada Cátula, y después se desplomó, dejándola como depositaria de sus preciosas reliquias. La piadosa Cátula logró, a precio de dinero, los cuerpos de los dos compañeros Rustico y Eleuterio. Sobre el sepulcro de estos Santos se erigió una capilla, donde posteriormente el rey Dagoberto fundó aquel célebre monasterio de San Dionisio y aquella majestuosa iglesia, que los reyes de Francia escogieron para su sepultura, en la ciudad que actualmente lleva su nombre: Saint-Denis.

Enciclopedia Católica

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