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Su devoción a San José se acentúo al recibir una curación milagrosa: «No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que haya dejado de hacer».

En el «Libros de la Vida», Santa Teresa de Jesús, nos relata los días de sufrimientos que tuvo cuando una espantosa enfermedad se apoderó de ella a tan corta edad: «Quedé de estos cuatro días de paroxismo (colapso o estado de coma) de manera que sólo el Señor puede saber los incomparables tormentos que sentía en mí».

Ella, narra que al verse en tal grado de dolencia se vio en la necesidad de acudir a las fuerzas sobrenaturales: «Pues como me vi tan tullida y en tan poca edad y cuál me habían parado los médicos de la tierra, determiné acudir a los del cielo para que me sanasen; que todavía deseaba la salud, aunque con mucha alegría lo llevaba, y pensaba algunas veces que, si estando buena me había de condenar, que mejor estaba así; mas todavía pensaba que serviría mucho más a Dios con la salud. Este es nuestro engaño, no nos dejar del todo a lo que el Señor hace, que sabe mejor lo que nos conviene».

«Pues él hizo como quien es en hacer de manera que pudiese levantarme y andar y no estar tullida»

Y queriendo alcanzar la cura que tanto buscaba, acudió a quien nunca le había fallado y de quien siempre recibía grandes favores: «Comencé a hacer devociones de misas y cosas muy aprobadas de oraciones, y tomé por abogado y señor al glorioso San José y encomendéme mucho a él. Vi claro que así de esta necesidad como de otras mayores de honra y pérdida de alma este padre y señor mío me sacó con más bien que yo le sabía pedir. No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado Santo, de los peligros que me ha librado, así de cuerpo como de alma».

Después de recibir el gran favor solicitado dejó como prueba de su curación esta descripción que dejó plasmado en su autobiografía: «Pues él hizo como quien es en hacer de manera que pudiese levantarme y andar y no estar tullida»

Santa Teresa de Jesús procuraba celebrar la fiesta de San José con toda la solemnidad que podía e inculcaba esta devoción a las demás hermanas del monasterio. «Creo que ya hace algunos años que el día de su fiesta le pido una cosa y siempre la veo cumplida; si la petición va algo torcida, él la endereza para más bien mío».

Ella desea que todos experimenten la fuerza y la poderosa intercesión de San José por eso exclama: «Querría yo persuadir a todos fuesen devotos de este glorioso Santo, por la gran experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios» la misma petición hizo a las hermanas del Carmelo: «¡Ay, hijas!, encomiéndenme a Dios y sean devotas de San José, que puede mucho».

«Sólo pido por amor de Dios, que lo pruebe quien no me creyere y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso Patriarca y tenerle devoción» concluye la Santa.

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