¡Cuán peligrosa es para el alma la tibieza!

El que es tibio con Dios, ciertamente merece que lo sea también Dios con él: «El que poco siembra, poco coge». El Señor le concederá solamente el auxilio ordinario que concede a todos; pero le negará el especial; y el alma privada de éste, no podrá perseverar -como hemos dicho- sin caer en culpa grave.