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Tradicionalmente, en todo el orbe católico, se ha dedicado el mes de mayo a la Virgen María, debido a que en el Hemisferio Norte inicia la primavera y las flores muestran todo su esplendor, siendo la Madre de Dios la más bella flor del jardín de Dios.

Tomando esa analogía, te presentamos las «Flores del mes de María» del Padre Francisco Palau. Su propuesta consiste en que cada día se ofrezca a la Virgen María una flor que representa una virtud, para completar así, a lo largo de 31 días, una corona de flores.

Descarga el PDF para acompañar los audios de este artículo aquí.

Los audios han sido grabados con la voz de la Hna. Claudia Ortiz en su versión española.

Introducción


Día 1: La rosa común – La virtud: La Caridad

Reconocemos y proclamamos a la rosa por la reina de las flores. Le toca la corona por derecho de naturaleza. Reúne en sí las más bellas cualidades de una flor. Es bella y hermosa, es de una fragancia suave, agradable y deleitable en sus especies.

Por todas estas propiedades que la distinguen, merece que la pongamos en el centro de todos nuestros ramilletes, y la reconozcamos como reina de todas las flores del mes de mayo.

En el jardín de la iglesia todas las virtudes, las naturales, las sobrenaturales, las infusas, las adquiridas, las intelectuales, las morales, las cardinales, las teologales, todas a voz unánime han proclamado por su reina a la caridad.


Día 2: La rosa del mes de mayo – La Caridad: amor de Dios

Se divide la rosa en varias especies. La que florece en el mes de mayo, y es propia de esta estación, es la que reúne en sí más cualidades de una verdadera flor. Fragancia, belleza, abundancia y variedad.

Dice la ley, amarás a Dios de todo tu corazón, de toda tu alma y con la plenitud de todas tus fuerzas. ¿Qué cosa es este amor?… Busquemos en el jardín de Dios está fragantísima y hermosísima flor. El amor está en Dios como un fuego inmenso en su propio foco y elemento.


Día 3: Rosa guirnalda – La Caridad: amor hacia el prójimo

Entre otras muchas especies de rosas que en esta estación embellecen nuestros jardines, está la rosa guirnalda. Es pequeñita, es verdad, pero encierra en su capullo ciento cincuenta hojas, y explota en ramilletes de veinte y más flores juntas, y se nos presenta este rosal adornado con tal abundancia de ramilletes, que sorprende y roba la vista del que le contempla.

El amor de nosotros mismos y de los prójimos es producido por el amor de Dios, depende de éste y procede de aquí. El rosal guirnalda, no pudiendo subsistir ni tenerse en pie por sí solo, corre el círculo del amor verdadero, puro, santo, casto, cual es el que está en Dios, y procede de Dios hacia nosotros, y de aquí se extiende, dentro del mismo círculo, hacia nuestros semejantes y a cuántas cosas están a nuestra vista, y a nuestro servicio y uso.


Día 4: La yerba buena o la yerba sana – La misericordia

Lo que llamamos yerba buena es uno de los adornos de nuestros jardines y huertas. Es verdad, no tiene otras cualidades que su color verde, su perpetuidad, su gran multiplicación al borde de los arroyos, y además, su gran fragancia cuando se toca, se divide y se pisa. Tiene, además, varias virtudes y propiedades para el servicio nuestro. Unase la yerba buena con la rosa sin olor, y tendrá el ramillete de hoy olor y belleza.

La caridad para con los prójimos, o sea el amor de Dios, al difundirse desde nuestros corazones hacia los prójimos, produce en nuestras almas un efecto que le es muy natural, tal es la misericordia; esto es, le dispone a tomar parte y a mirar por propias las necesidades de nuestros prójimos.


Día 5: La amapola – La beneficencia y las catorce obras de misericordia

La amapola excede hasta a la misma rosa en hermosura y en variedad de colores: tiene, desde el blanco más puro hasta el carmesí más encendido, graduación admirable. Pero le falta el olor; mas no importa: las perfecciones están repartidas y divididas entre las diferentes especies que adornan nuestros jardines. Es semejante y tan semejante a la más bella de todas las rosas, que, puesta a su lado y mezclada en ramillete con ellas, se confunde a la vista y rivaliza en brillantez con ella.

La caridad tiene, además de la misericordia, otra hija, y es la beneficencia. No nos basta la buena voluntad, no nos basta un corazón que compadezca las miserias ajenas; la caridad es obras, y éstas en su terreno son guiadas por la beneficencia. Las obras de misericordia son catorce: las siete miran las necesidades corporales, y las otras siete las espirituales de nuestros prójimos.


Día 6: El lirio – La fe católica

Después de las rosas toda la gran familia de los lirios ocupa en nuestros jardines un lugar muy preferente, y de ella tomamos el que sobresale a todos ellos. Este sube recto hacia el sol, e inclina su cabeza cuando éste pasa. Su color es blanco, cándido y puro, y su fragancia tan fuerte, que el exceso ofende casi a un olfato débil, poco capaz y enfermo.

El lirio es el emblema de la pureza del alma. Entiéndase por pureza, no la castidad, sino la que resulta de la unión del alma con su Dios. El alma es pura tanto más cuanto con mayor intensidad se une con la pureza misma, que es Dios, y fundándose esta unión en fe, esperanza y amor, la fe es el principio de su candidez: Fide purificans corda eorum.


Día 7: La flor del naranjo – La esperanza

En los países del Norte el naranjo es para los jardines una cosa muy rara, se conserva, pero para salvarle allí contra los hielos y fríos se necesita gran precaución. En países cálidos, el naranjo en mayo produce tal cantidad de flores y llena los jardines de perfumes tan aromáticos, que parece nos vuelve al paraíso de donde por la culpa fuimos desterrados. En esta estación un bosque de naranjos echa muy lejos su fragancia, porque da flores a gran escala.

La fe, la esperanza y la caridad son en el jardín de la Iglesia plantas las más nobles, las más excelentes y sublimes. Todas nuestras relaciones con Dios se fundan sobre ellas. La fe nos da de Él una idea o noticia pura y adecuada, y nos lo representa tal como es Él en sí. La presencia de Dios en nuestra alma por una fe pura produce la esperanza. Es la esperanza una virtud infusa en el alma que la dispone y mueve a esperar de Dios en esta vida los auxilios de la gracia y de los dones del Espíritu Santo, y en la otra, la vida eterna mediante nuestras buenas obras.

Hna. Claudia Ortiz

Religiosa. Miembro permanente de la Comunidad Misionera de Jesús. Hizo estudios de Economía y es licenciada en Historia. Tengo un gran interés por la apología histórica, con la que se desentraña la verdad de la Providencia Divina en los aconteceres humanos.

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1 comentario

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  • Mes de María.
    Gracias por todo el contenido que brindan al pueblo de Dios. Siempre en la sana y verdadera doctrina de Jesucristo y su Iglesia Católica. A no claudicar jamás. Viva Cristo Rey!! Dios les guarde.

Hna. Claudia Ortiz

Religiosa. Miembro permanente de la Comunidad Misionera de Jesús. Hizo estudios de Economía y es licenciada en Historia. Tengo un gran interés por la apología histórica, con la que se desentraña la verdad de la Providencia Divina en los aconteceres humanos.

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