Vida de San José según la Beata Ana Catalina Emmerick (III)
José tuvo que morir antes que Jesús pues no hubiera podido sufrir la crucifixión del Señor: era demasiado débil y amante.
Terminamos nuestro relato relacionado a la vida de este gran patriarca y patrono universal de la Iglesia; quien con justa razón también es llamado patrono de la buena muerte, ya que tuvo la dicha de que en ese momento, lo acompañasen Jesús y María.
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Cuando Jesús se acercaba a los treinta años, José se iba debilitando cada vez más, y vi a Jesús y a María muchas veces con él. María sentábase a menudo en el suelo, delante de su lecho, o en una tarima redonda baja, de tres pies, de la cual se servía en algunas ocasiones como de mesa. Los vi comer pocas veces: cuando traían una refección a José a su lecho era ésta de tres rebanadas blancas como de dos dedos de largo, cuadradas, puestas en un plato o bien pequeñas frutas en una taza. Le daban de beber en una especie de ánfora.
Después de la muerte de José, se trasladaron Jesús y María a un pueblito de pocas casas entre Cafarnaúm y Betsaida, donde un hombre de nombre Leví, de Cafarnaúm, que amaba a la Sagrada Familia, le dio a Jesús una casita para habitar, situada en lugar apartado y rodeada de un estanque de agua.
María sufrió infinitamente con estas persecuciones. A mí siempre me parecieron mayores estas penas que los martirios efectivos. Indescriptible es el amor con que Jesús soportó en su juventud las persecuciones y los ardides de los judíos. Como iba con sus seguidores a la fiesta de Jerusalén, y solía pasear con ellos, los fariseos de Nazaret lo llamaban vagabundo. Muchos de estos seguidores de Cristo no perseveraban y le abandonaban.
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ORACIÓN A SAN JOSÉ PARA PEDIR UNA BUENA MUERTE
Poderoso patrón del linaje humano, amparo de pecadores, seguro refugio de las almas, eficaz auxilio de los afligidos, agradable consuelo de los desamparados, glorioso San José, el último instante de mi vida ha de llegar sin remedio; mi alma quizás agonizará terriblemente acongojada con la representación de mi mala vida y de mis muchas culpas; el paso a la eternidad será sumamente duro; el demonio, mi enemigo, intentará combatirme terriblemente con todo el poder del infierno, a fin de que pierda a Dios eternamente; mis fuerzas en lo natural han de ser nulas: yo no tendré en lo humano quien me ayude; desde ahora, para entonces, te invoco, padre mío; a tu patrocinio me acojo; asísteme en aquel trance para que no falte en la fe, la esperanza y en la caridad; cuando tú moriste, tu Hijo y mi Dios, tu esposa y mi Señora, ahuyentaron a los demonios para que no se atreviesen a combatir tu espíritu. Por estos favores y por los que en vida te hicieron, te pido ahuyentes a estos enemigos, para que yo acabe la vida en paz, amando a Jesús, a María y a ti, San José. Así sea.
Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía.
Jesús, José y María, asistidme en la útima agonía.
Jesús, José y María, recibid cuando muera, el alma mía.
Fuente: Vida oculta de la Virgen María de Ana Catalina Emmerich, 2012, Ed. Voz de Papel, Madrid.

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