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«El Año litúrgico comienza con el tiempo de Adviento: tiempo estupendo en el que se despierta en los corazones la espera del retorno de Cristo y la memoria de su primera venida, cuando se despojó de su gloria divina para asumir nuestra carne mortal» (Benedicto XVI). Este tiempo, tiene como signo significativo la Corona de Adviento que representa el primer anuncio de Navidad.

«Uno de los signos del Adviento es la corona con cuatro velas que simbolizan las cuatro semanas del tiempo de Adviento», así lo explica el P. Juan Javier Flores Arcas, osb, rector del Pontificio Instituto Litúrgico San Anselmo de Roma.

El experto en liturgia señala que «Cada tiempo litúrgico tiene sus propios signos. El Adviento también los tiene. La corona de adviento viene del Norte de Europa, precisamente de Escandinavia y en los últimos años ha entrado con fuerza en nuestras comunidades cristianas. Consiste en un soporte circular revestido de ramas verdes (sin flores) sobre el que se colocan cuatro velas (el color morado sería el más apropiado).

Estas velas simbolizan las cuatro semanas del tiempo de Adviento y se encienden progresivamente cada uno de los domingos. La corona debe colocarse en un lugar visible en el presbiterio, cerca del altar, sobre una mesita o sobre un tronco de árbol o colgada del techo».

El Padre Flores también recomienda preparar una corona de adviento en los hogares y  «ponerla en lugares destacados de la casa para significar la espera del Mesías, de ese modo la celebración litúrgica entra en el cotidiano, en la vida familiar, en las costumbres caseras y empapa de sentido cristiano y de sabor mesiánico toda la vida del cristiano».

La corona de adviento se hace con follaje verde sobre el que se insertan cuatro velas. Tres velas son violetas, una es rosa. El primer domingo de adviento encendemos la primera vela y cada domingo de adviento encendemos una vela más hasta llegar a la Navidad. La vela rosa corresponde al tercer domingo y representa el gozo.

Los símbolos de la corona de adviento

La forma circular: El círculo no tiene principio ni fin. Es señal del amor de Dios que es eterno, sin principio y sin fin, y también de nuestro amor a Dios y al prójimo que nunca debe de terminar.

Las ramas verdes: Verde es el color de esperanza y vida, y Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante en nuestras vidas debe ser llegar a una unión más estrecha con Dios, nuestro Padre.

Las cuatro velas: Nos hace pensar en la obscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una esperanza de salvación que iluminó todo el universo como las velas la corona. Son cuatro velas las que se ponen en la corona y se prenden de una en una, durante los cuatro domingos de adviento.

El listón rojo: representa nuestro amor a Dios y el amor de Dios que nos envuelve.

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«La Corona de Adviento es un signo que expresa la alegría del tiempo de preparación a la Navidad. La luz es un símbolo de Jesucristo, luz del mundo. El encender, semana tras semana, los cuatro cirios de la corona, muestra la ascensión gradual hacia la plenitud de la luz de Navidad» nos enseña la web Liturgia Papal y manifiesta que la bendición de la corona puede realizarla un laico o un clérigo.

Ésta inicia con las palabras «Nuestro auxilio es el nombre del Señor», que dice quien preside. A ello se responde: «Que hizo el cielo y la tierra». (Bendicional 1238). Luego, tiene lugar una monición que hace quien preside: «Al comenzar el nuevo año litúrgico vamos a bendecir esta corona con que inauguramos también el tiempo de Adviento. Sus luces nos recuerdan que Jesucristo es la luz del mundo. Su color verde significa la vida y la esperanza. El encender, semana tras semana, los cuatro cirios de la corona debe significar nuestra gradual preparación para recibir la luz de la Navidad» (Ídem).

Posteriormente uno de los presentes lee un breve texto de la sagrada Escritura, por ejemplo: Is 60, 1: «¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!». (Bendicional 1239).

Luego, quien preside dice la oración de bendición con las manos juntas si es laico, y con las manos extendidas si es clérigo. La oración es la siguiente:
«Oremos. La tierra, Señor, se alegra en estos días, y tu Iglesia desborda de gozo ante tu Hijo, el Señor, que se avecina como luz esplendorosa, para iluminar a los que yacemos en las tinieblas de la ignorancia, del dolor y del pecado. Lleno de esperanza en su venida, tu pueblo ha preparado esta corona con ramos del bosque y la ha adornado con luces. Ahora, pues, que vamos a empezar el tiempo de preparación para la venida de tu Hijo, te pedimos, Señor, que, mientras se acrecienta cada día el esplendor de esta corona, con nuevas luces, a nosotros nos ilumines con el esplendor de aquel que, por ser la luz del mundo, iluminará todas las oscuridades. Él que vive y reina por los siglos de los siglos». (Bendicional 1240).

Todos responden: Amén. Posteriormente se enciende el primer cirio de la corona (Bendicional 1241).

Raquel Almada

Soy miembro agregado de la Comunidad Misionera de Jesús. Me formé en Ciencias de la Comunicación y quiero contribuir con lo que sé a la extensión del Reino de los Cielos.

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