Meditaciones para el mes del Sagrado Corazón de Jesús
Había invitado Jesús a todos: «Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón». La mansedumbre supone un alma buena, tranquila, pacífica; da a las palabras, a las miradas y al gesto un encanto que atrae y se gana los corazones. El temor es enteramente natural al hombre, y el aire severo, las miradas bruscas y las palabras claras nos alejan y cierran por completo nuestro corazón. Hasta los que no tienen mansedumbre desean encontrarla en las personas con quienes tratan.
La humildad y la mansedumbre son dos virtudes que se complementan y están entre sí tan estrechamente ligadas, que es de todo punto imposible pensar en la una sin al mismo tiempo pensar en la otra y siendo Jesús el más humilde de los hombres y siendo su Corazón adorable el modelo más perfecto y acabado de humildad, ha de ser sin duda el más acabado y perfecto modelo de mansedumbre.
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