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El autor del blog de libros padres e hijos deja una interesante reflexión sobre los niños y el uso de la tecnología.


«Cuando el pasado ha dejado de iluminar el futuro, el espíritu camina en las tinieblas» A. de Tocqueville, La democracia en América.

Hace unos días leía en Intramed (el primer y más importante portal de noticias para la comunidad medica en castellano), una noticia que comentaba un estudio reciente publicado en la prestigiosa revista Pediatrics, según el cuál los libros impresos fomentan una mejor interacción entre padres y niños pequeños que los libros electrónicos (https://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=94002).

Este es uno más de los múltiples estudios científicos que, de un tiempo a esta parte, no dejan de llamar nuestra atención sobre las desventajas y peligros de las pantallas frente a las bondades de la clásica lectura ––y escritura–– en papel.

No creo que sorprenda a nadie que estos tiempos puedan ser calificados de tiempos de obsesión cibernética. A una velocidad mayor a la imaginada por los más avanzados de los novelistas de la ciencia-ficción, nuestra sociedad se está viendo envuelta y atenazada por el manto de acero y silicio de la tecnología electrónica. Comenzando por la televisión, pasando por el teléfono móvil, las tablets, los ordenadores portátiles y acabando en el internet, la vida del hombre se deslaza, a velocidad de vértigo, de la contemplación de las auroras incandescentes y los verdes prados a la visión intermitente de pantallas que dan entrada a los mundos fríos e inhumanos de la llamada realidad virtual. 

La infancia y la enseñanza asociada a tal estadio no han podido escapar a tal influjo. La diosa tecnología así lo exige y, tal como antaño se ofrecieron niños como sacrifico a entelequias de inspiración demoníaca como Baal, así ha de hacerse ahora.

Este nuevo sacrificio humano, a semejanza de otros aún más evidentes que nos asolan (véase el aborto), está pasando ante nosotros acompañado de un terrible silencio, bajo las miradas impávidas e indiferentes de la mayoría de los hombres. La tragedia es que pocos se dan cuenta de lo que acontece. 

Para disfrazar tal horrendo sacrificio, se argumenta a favor de esta fascinadora tendencia que, tal cual el mundo comienza a disfrutar de las innumerables ventajas de tan maravillosa tecnología (es ya preso y cautivo de la misma, diría yo), los futuros hombres que en el habiten deberán hacerse a esa nueva realidad. Así los «nativos digitales» (pues así se les denomina), habrán de ser otro tipo de hombre (no importa cual, no importa cómo y en qué manera, no importa a qué precio, así como tampoco el grado de deshumanización que tal adaptación pueda traer consigo) y, consecuentemente, habrán de formarse inmersos en esa tecnología, empapados de esa tecnología, atrapados en esa tecnología, y ello desde su más tierna infancia.

Ocurre, como ha venido ocurriendo con todos los sueños megalómanos de los hombres, que este también es falso. Y como ha venido sucediendo a lo largo de la Historia, quién pagará el precio del error serán otros, en este caso nuestros hijos y nietos; no aprenderán más, sino menos y no serán mejores, sino peores hombres.  

Tamaño asalto se lleva a cabo en dos grandes frentes: la educación y el entretenimiento.

Desde hace más o menos una década la educación (tanto en el aula como en el hogar) ha venido resistiendo los asaltos de un mundo continuamente alterado por la innovación tecnológica.

Perdidas sus herramientas esenciales (véase, Las herramientas perdidas del aprendizaje de Dorothy Sayers,  La torre de varios pisos de John Senior, La crisis de la educación de Hannah Arendt y La crisis de la educación occidental de Christopher Dawson) en una absurda carrera en pos de un hombre rousseauniano e irresponsable, la educación ha pasado a ser un sistema ineficiente, objeto de múltiples ataques en los que se le acusa de arcaico y anticuado; así se le reprocha que está más equipado (mal equipado, diría yo) para transmitir el patrimonio del pasado que para preparar a nadie para el futuro. Esta percepción impuesta por los medios de comunicación es, por supuesto, en su mayor parte falsa (desgraciadamente, no en cuanto a su ineficiencia).

Porque lo cierto es que la ecuación «niño + TIC = mayor y mejor aprendizaje», no ha funcionado

 

Prácticamente es imposible encontrar algún estudio científico serio que avale este enfoque, y por el contrario, son numerosos aquellos otros que destacan la inutilidad e incluso inconveniencia de estos métodos, afirmando su inanidad a los efectos pretendidos.

De hecho el último informe de la OCDE (aunque, como todo organismo perteneciente a la ONU, me levanta suspicacias), Students, Computers and Learning (Informe de la OCDE), llega a conclusiones desoladoras para los entusiastas de la colonización digital, primando una educación basada en la lectura y la escritura manual sobre otra basada preferentemente en las TIC y señalando que la mejor forma de preparar al alumno para el mundo digital no consiste en facilitarle el acceso a servicios y dispositivos de alta tecnología, sino en potenciar la lectura y las matemáticas. Se cae de esta manera el principal argumento de los «digitalistas».

Como reacción a estos decepcionantes resultados, los más racionales de los «digitalistas» se refugian en una clásica excusa que no comparto (por lo que diré más adelante), pero que al menos se asienta en criterios de prudencia; de esta manera, arguyen que estos catastróficos resultados son causados, no por la inadecuación del medio en sí para la enseñanza y formación de los infantes, sino a que estamos en un estadio muy prematuro de su desarrollo, no siendo por el momento, ni los programas, instrumentos y métodos los adecuados, ni la formación del profesorado suficiente, debiendo continuarse en este desarrollo y reteniendo para más adelante su implantación general (postura esta que recuerda a la siempre mantenida por los adictos al socialismo al respecto de las catastróficas y atroces puestas en acción de tal doctrina).

Finalmente, no deja de ser una gráfica y muy expresiva confirmación de lo ya señalado (y a un tiempo, de la innecesaridad de ese madrugador contacto con la tecnología), la actitud que, ante el uso de estas tecnologías como medio principal de aprendizaje de los niños, adoptan quienes las inventan y desarrollan (incluido el gurú Steve Jobs); el argumento: que precisamente ellos se esfuerzan en desarrollar tecnologías muy sencillas que puedan ser usadas por cualquiera, por lo que no hay razón por la cual los niños no puedan aprenderlas cuando sean adultos

El segundo frente de batalla es el que se ocupa del juego, esa actividad tan fundamental en el desarrollo sano y natural del niño. De esta forma, nos encontramos con los posibles riesgos que, para la salud y el correcto desarrollo de los niños, puede encerrar el uso continuado y abusivo de los medios electrónicos cuando son usados como principal foco de distracción y entretenimiento del niño.  

Cuestión aparte de los problemas de salud física que el sedentarismo asociado a esta tecnología está causando (problemas de obesidad, falta de desarrollo muscular, coordinación motora, etc.), la irrupción de las TIC en el mundo infantil se hace notar en aspectos psicológicos, mentales y de socialización. Existen numerosos estudios que alertan de estos peligros: Pérdida del sentido de relevancia, superficialidad en el pensamiento y reducción de la memoria de largo plazo, problemas de falta de atención, adicciones, aumento de consumo y producción de pornografía, incremento alarmante de conductas de acoso escolar a través de móviles y ordenadores, deshumanización del aprendizaje, etc. (véase Estudio de la Universidad de StanfordEstudio sobre la diferencia entre leer on-line y leer en papelEstudio sobre la diferencia entre escribir en ordenador y escribir a manoProblemas de leer en on-line con la memoria).

El panorama previamente expuesto es alarmante. Pero tan alarmante como el riesgo comentado es la falta de reacción ante el mismo.

Si bien el mayor y más organizado asalto cibernético proviene de los medios gubernamentales y de las grandes multinacionales de la información y el entretenimiento, y su reflejo más notorio acontecen en el seno de muchas aulas (preferentemente en las públicas, pero ya está dejándose sentir en muchas de las privadas), lo cierto es que esta deriva no es solo, ni en su mayor parte, a causa de lo que sucede en aquellas; todavía hay muchos Colegios que alertan de estos peligros y que se resisten a la adopción de estos métodos, que consideran ineficientes y peligrosos.

Y es que la gravedad del problema se agudiza por otra causa; me refiero a la dejación de funciones y al abandono de su responsabilidad por parte de los padres. Suena fuerte, lo sé, y muy probablemente muchos de los que lean esto no se sientan identificados, de lo cual me alegraré mucho, pero lo cierto es que esta es la dura realidad: padres que se desentienden o, peor aún, que fomentan en sus hijos un uso intensivo y en muchos casos descontrolado de estos artefactos, con lo que, no solo ponen en peligro a sus pequeños, sino también (por causa de la presión social que sufren los demás niños) a aquellos otros cuyos padres, con muchas dificultades, pero sabiamente, tratan de ponerlos a salvo. Y esto es algo muy lamentable, porque es algo que los propios padres podríamos remediar si actuáramos juntos.

Solo se trata de hacerlo, aunque sin duda no será fácil.

Miguel Sanmartin Fenollera,
delibrospadresehijos.blogspot.com

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