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Consejos del Rey San Esteban a su hijo Emerico para alcanzar la santidad

Consejos del Rey San Esteban a su hijo Emerico para alcanzar la santidad
Como rey, padre y cristiano ejemplar, San Esteban de Hungría, sabía aconsejar y sus consejos tenían fuerza de autoridad porque vivía lo que recomendaba.

Estos consejos fueron dados por el Rey San Esteban a su hijo Emerico a fin de que pudiese gobernar con sabiduría, imponerse con dulzura y ser ejemplo de varón católico para, así, gobernar con santidad. Y sobre todo que permaneciera fiel a la fe católica, la protegiera y la difundiera.

Cinco consejos de un Rey Santo

1- Conservar la fe
«En primer lugar, te pido, aconsejo y te recomiendo, amadísimo hijo, si deseas honrar la corona real, que conserve la fe católica y apostólica con tal diligencia de manera que esta sirva de ejemplo a todos los súbditos que Dios te dio, y que todos los hombres eclesiásticos puedan con razón llamarte hombre de auténtica vida cristiana, sin la cual con certeza no merecerías ser llamado de cristiano o de hijo de la Iglesia».

2- El don de la vigilancia y protección
«En el palacio real, después de la fe, ocupa el segundo lugar la Iglesia, fundada primero por Cristo, nuestra cabeza, trasplantada luego y firmemente edificada por sus miembros, los apóstoles y los santos padres de la Iglesia, y difundida por el mundo todo. Y, aunque sucesivamente engendre nuevos hijos, en ciertos lugares ya es considerada como antigua.

En nuestro reino, amadísimo hijo, debe considerarse todavía joven y reciente, y, por eso, necesita una especial vigilancia y protección; que este don, que la divina clemencia nos concedió sin merecerlo, no sea destruido o aniquilado por tu descuido, pereza o por tu negligencia».

3 El mismo trato a todos
«Mi hijo amadísimo, ternura de mi corazón, esperanza de una descendencia futura, te ruego e imploro que siempre y en cualquier ocasión, basado en tus buenos sentimientos, sé benigno no solo con los hombres de linaje o con los jefes, los ricos y los del país, sino también con los extranjeros y con todos los que te busquen. Porque el fruto de esta benignidad será el motivo de mayor felicidad para ti».

4- Compasivo y misericordioso
«Sé compasivo con todos aquellos que sufren injustamente, recordando siempre en el fondo del corazón aquella enseñanza del Señor: misericordia quiero, no sacrificios. Sé paciente con todos, con los capitalistas y con los que no lo son».

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5- Fuerte y honesto
«Sé, finalmente, fuerte; que no os ensoberbezca la prosperidad ni te desanime la adversidad. Sé también humilde, para que Dios os elogie, ahora y en el futuro. Sé moderado, y no te excedas en el castigo o la condenación. Sé manso, sin ir contra la justicia. Sé honesto, de manera que nunca seas para nadie, voluntariamente, motivo de vergüenza. Debes ser púdico, evitando la pestilencia de la obscenidad como un aguijón de muerte.

Todas estas cosas que te indiqué brevemente son las cuales componen la corona real; sin ellas nadie es capaz de reinar en este mundo ni de llegar al reino eterno».

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