Meditaciones para el mes del Sagrado Corazón de Jesús
Todo nos revela en Jesús la ternura de su Corazón «Mis delicias, dice, son estar con los hijos de los hombres». Y es tan encantadora esa ternura y tan inefable su mansedumbre, manifestación sublime de su ternura, que alumbra a sus mismos enemigos. La actividad del fuego para consumir la materia inflamable no es tan intensa, ni la piedra corre con tanta celeridad a su centro, ni los ríos se dirigen con tanto ímpetu al mar, como es el ardor con que el Corazón de Jesús se comunica a las almas bien dispuestas que trabajan por separar los obstáculos que opone el pecado a los efectos del amor divino.
Manifestó el Señor a Santa Catalina de Génova que, por el gran amor que a los hombres tiene, no se irrita contra ellos de tal manera que no trate de buscarlos sin cesar para unirse con ellos. Le dio a conocer también que está siempre pronto a inflamar y penetrar el corazón de los hombres con los más ardientes rayos de su amor.
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