Meditaciones Cuaresmales de Santo Tomás de Aquino
Viernes de la semana V de Cuaresma
«Una espada traspasará tu alma de ti misma» (Lc 2, 35). Aun cuando la Santísima Virgen conoció por la fe que Dios quería que Cristo padeciese, y conformó su voluntad al querer divino, como hacen los perfectos, la Bienaventurada estaba triste por la muerte de Cristo, por cuanto la voluntad inferior repugnaba esa cosa particularmente querida, y esto no es contrario a la perfección.
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