Un NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio web
Un NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio webUn NUEVO HOGAR para tu FE | Clic aquí para conocer los cambios en el sitio web
Lectio Divina

Lectio Divina

Volver a la lista

Episodio 54

Guardar en Mis Favoritos

«La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros»

24/12/2023

0:00 0:00

Lectio Divina del Evangelio según San Juan 1, 1-18

LECTURA

En el principio el Verbo era, y el Verbo era junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él era, en el principio, junto a Dios: Por Él, todo fue hecho, y sin Él nada se hizo de lo que ha sido hecho. En Él era la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz luce en las tinieblas, y las tinieblas no la recibieron. Apareció un hombre, enviado de Dios, que se llamaba Juan. Él vino como testigo, para dar testimonio acerca de la luz, a fin de que todos creyesen por Él.

Él no era la luz, sino para dar testimonio acerca de la luz. La verdadera luz, la que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. Él estaba en el mundo; por Él, el mundo había sido hecho, y el mundo no lo conoció. Él vino a lo suyo, y los suyos no lo recibieron. Pero a todos los que lo recibieron, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios: a los que creen en su nombre. Los cuales no han nacido de la sangre, ni del deseo de la carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. Y el Verbo se hizo carne, y puso su morada entre nosotros –y nosotros vimos su gloria, gloria como del Unigénito del Padre– lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él, y clama: “De Éste dije yo: El que viene después de mí, se me ha adelantado porque Él existía antes que yo”. Y de su plenitud hemos recibido todos, a saber, una gracia correspondiente a su gracia. Porque la Ley fue dada por Moisés, pero la gracia y la verdad han venido por Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios; el Dios, Hijo único, que es en el seno del Padre, Ése le ha dado a conocer.

MEDITACIÓN

Este texto es conocido como el «Prólogo de San Juan» en el que se resume la misión redentora de Cristo. Por ello, en la Santa Misa del día de la Navidad se lee este texto para recordarnos que con el nacimiento de Nuestro Señor comienza el tiempo de la Redención.

En sus notas complementarias sobre este texto dice Mons. Straubinger: «En el principio: Antes de la creación, de toda eternidad, era ya el Verbo; y estaba con su Padre (14, 10 s.) siendo Dios como Él. Es el Hijo Unigénito, igual al Padre, consubstancial al Padre, coeterno con Él, omnipotente, omnisciente, infinitamente bueno, misericordioso, santo y justo como lo es el Padre, quien todo lo creó por medio de Él».

«La Palabra se hizo carne, puso su tienda entre nosotros, y hemos visto su Gloria» no hay afirmación más impresionante, más profunda, más grande y más sorprendente que ésta en toda la Sagrada Escritura, esa Palabra hecha Carne, por la cual se hizo el mundo y existió antes que todas las cosas, puso su morada entre nosotros para que nosotros podamos verlo en el Pesebre y reconocer su grandeza.

Ciertamente la Ley nos fue dada por Moisés, pero la gracia y la verdad, la participación en la vida divina, el que nosotros seamos llamados hijos de Dios, nos vine de Jesucristo, que es el Verbo eterno de Dios.

ORACIÓN

Señor y Dios mio, te hiciste hombre como yo para poder hablarme de Dios, para que no tema acercarme a ti, sino que viendo que eres como yo, sin que hayas nacidos como yo; sino que habiendo nacido ante todas las cosas, quisiste darme confianza para acercarme a ti, para poder escuchar y entenderte, para poder con imágenes accesibles a mí, llegar a comprender y ver de cierto modo en esta vida al Padre.

Creo en ti y se que, ciertamente, ya me haz hecho tu hijo porque me haz dado la gracia de ser bautizado en la fe. Sin embargo, quiero renovar ese acto de fe y decirte que creo en ti, creo en tu palabra y tu persona, creo todo lo que haz hecho y dicho, y por ello te agradezco el doble, por haberme hecho hijo de tu Padre.

Al mirarte en el Pesebre, hazme Señor que también yo me recueste contigo en ese lugar, para poder comprender la profundada, la achura, la altura, y lo inconmensurable de este don que me haz dado, el de hacerme hijo de Dios y hermano tuyo.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

.

Esta Lectio Divina apareció por primera vez aquí el 22 de Diciembre del 2021.

Comentarios (0)

Inicia sesión para dejar tu comentario. Iniciar sesión

Sé el primero en comentar.

Asistente
Pregunta sobre el contenido del sitio
Pensando…