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«Las razones por las que el bienaventurado San José debe ser considerado especial patrono de la Iglesia, y por las que a su vez, la Iglesia espera muchísimo de su tutela y patrocinio, nacen principalmente del hecho de que él es el esposo de María y padre putativo de Jesús. De estas fuentes ha manado su dignidad, su santidad, su gloria».

Tales expresiones nos demuestran el deseo del Papa León XIII: Que el Patrono de la Iglesia Universal sea venerado y su devoción sea extendida, y que todo el orbe católico pueda acercarse a su confianza y tutela.

Bajo el mismo espíritu que mueve a la Iglesia, la de venerar al Glorioso Patriarca, queremos dedicar el mes de marzo a San José, ofreciendo meditaciones para cada día de este mes, y así, honrar al Padre nutricio de nuestro Señor Jesucristo en este año Josefino promulgado por el Papa Francisco.

Los audios han sido grabados con la voz del Hno. Anibal Franco, CMJ.

Meditaciones para cada día del mes de San José

Día 1 – El más grande de los santos

San José, después de María, es el mayor de los santos en el Cielo, según enseña comúnmente la doctrina católica. El humilde carpintero de Nazaret sobresale en gracia y en bienaventuranza por encima de los patriarcas, de los profetas, de San Juan el Bautista, de San Pedro, de San Pablo, de todos los Apóstoles, santos mártires y doctores de la Iglesia.

Día 2 – «A los que Dios elige para algo, los prepara y dispone de tal modo que sean idóneos para ello»

A San José se le puede aplicar el principio formulado por Santo Tomás a propósito de la plenitud de gracia y de la santidad de María: «A los que Dios elige para algo, los prepara y dispone de tal modo que sean idóneos para ello».

Día 3 – Nuestra propia vocación: «porque tenemos la gracia del Señor, podremos superar todas las dificultades»

Enseña San Bernardino de Siena, siguiendo a Santo Tomás, que «cuando, por gracia divina, Dios elige a alguno para una misión muy elevada, le otorga todos los dones necesarios para llevar a cabo esta misión, lo que se verifica en grado eminente en San José, padre nutricio de Nuestro Señor Jesucristo y esposo de María»

Día 4 – Humildad del Santo Patriarca

Podemos contemplar las virtudes por las cuales el Santo Patriarca es modelo para nosotros, que, como él, llevamos una vida corriente de trabajo. San Mateo, al presentar al Santo Patriarca, escribe: «José, su esposo, como era justo» (Mt 1, 18)

Día 5 – Fe, esperanza y amor

La fe de José, a pesar de la oscuridad del misterio, se mantuvo siempre firme, precisamente porque fue humilde. La palabra de Dios transmitida por el Ángel le esclarece la concepción virginal del Salvador, y José creyó con sencillez de corazón.

Día 6 – Sus virtudes humanas

«Como era justo» La gracia hace que cada hombre llegue a su plenitud, según el plan previsto por Dios; y no sólo sana las heridas de la naturaleza humana, sino que la perfecciona. Los innumerables dones que recibió San José para cumplir la misión recibida de Dios y su perfecta correspondencia hicieron del Santo Patriarca un hombre lleno de virtudes humanas y sobrenaturales. 

Día 7 – Matrimonio entre San José y Nuestra Señora. El «guardián de su virginidad»

De San José nos dice San Mateo: «José, el esposo de María» (Mt 1, 16). De ahí le vino su santidad y su misión en la vida. Nadie, excepto Jesús, quiso tanto a Nuestra Señora, nadie la protegió mejor. Ningún otro ha gastado su vida por el Salvador como lo hizo San José.

Día 8 – El amor purísimo de José

 «María se ha desposado con José, el carpintero». La Virgen quiso aquellos esponsales, a pesar de haber hecho entrega a Dios de su virginidad. «Lo sencillo es pensar -escribe Lagrange- que el matrimonio con un hombre como José la ponía al abrigo de instancias, renovadas sin cesar, y aseguraría su tranquilidad»

Día 9 – La paternidad del Santo Patriarca sobre Jesús

Los Evangelios nombran a San José como «padre» en repetidas ocasiones (Lc 2, 27; 33; 41; 48). Éste era, sin duda, el nombre que habitualmente utilizaba Jesús en la intimidad del hogar de Nazaret para dirigirse al Santo Patriarca. Jesús fue considerado por quienes le conocían como «hijo de José» (Lc 3, 23).

Día 10 – El Señor ilumina siempre a quien actúa con rectitud de intención. El misterio de la concepción virginal de María

Cuando contemplamos la vida de San José descubrimos que estuvo llena de penas y de alegrías, de dolores y de gozos. Es más, el Señor quiso enseñarnos a través de su vida que la felicidad nunca está lejos de la Cruz, y que cuando la oscuridad y el sufrimiento se llevan con sentido sobrenatural, no tardan en aparecer la claridad y la paz en el alma. Junto a Cristo, los dolores se tornan gozos.

Día 11 – Nacimiento de Jesús en Belén. La Circuncisión

Meses más tarde, José, acompañado de María, se dirige a Belén para empadronarse, según el edicto de César Augusto (Lc 2, 1). Llegaron a esta ciudad muy cansados, después de tres o cuatro jornadas de camino; de modo especial la Virgen, por el estado en que se encontraba. No hubo lugar para ellos en la posada, ni en las casas en las que San José pidió alojamiento para el Hijo de Dios que iba en el seno purísimo de María.

Día 12 – La profecía de Simeón

«Cumplidos los días de su purificación según la Ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor » (Lc 2, 22). Allí, en el Templo, tuvo lugar la purificación de María de una impureza legal en la que no había incurrido, y la presentación, la ofrenda de Jesús y su rescate, como estaba prescrito en la Ley de Moisés. En el Templo, movido por el Espíritu Santo, vino al encuentro de la Sagrada Familia un hombre justo ya anciano. Tomó en sus brazos al Mesías, con inmensa alegría, y alabó a Dios.

Día 13 – Huida a Egipto

Un día, instalada ya probablemente en una casa modesta de Belén, la Sagrada Familia recibió la inesperada y sorprendente visita de los Magos, con sus dones de homenaje al Niño Dios. Pero enseguida, después que se marcharon estos ilustres personajes, un ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y estate allí hasta que yo te diga, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo» (Mt 2, 13).

Día 14 – La vuelta a Nazaret

Un día, instalada ya probablemente en una casa modesta de Belén, la Sagrada Familia recibió la inesperada y sorprendente visita de los Magos, con sus dones de homenaje al Niño Dios. Pero enseguida, después que se marcharon estos ilustres personajes, un ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y estate allí hasta que yo te diga, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo» (Mt 2, 13).

Día 15 – Jesús perdido y hallado en el Templo

En el último dolor y gozo contemplamos a Jesús perdido y hallado en el Templo. María y José, como buenos israelitas, iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. «Cuando Jesús cumplió los doce años subió a Jerusalén con sus padres» (Lc 2, 41-42). 

Día 16 – Muerte del Santo Patriarca entre Jesús y María. Patrono de la buena muerte

Había llegado la hora de dejar este mundo y, con él, los tesoros, Jesús y María, que le estaban encomendados y a quienes, con la ayuda de Dios, les procuró lo necesario con su trabajo diario. Había cuidado del Hijo de Dios, le había enseñado su oficio y ese sinfín de cosas que un padre desmenuza con pequeñas explicaciones a su hijo. Terminó su oficio paterno, que ejerció fielmente: con la máxima fidelidad. Consumó la tarea que debía llevar a cabo.

Día 17 – Glorificación de San José

San José goza de la gloria máxima, después de la Santísima Virgen, como corresponde a su santidad en la tierra, en la que gastó su vida en favor del Hijo de Dios y de su Madre Santísima. Por otra parte, «si Jesús honró en vida a José más que a todos los demás, llamándole padre, también le ensalzaría por encima de todos, después de su muerte» (Isidoro de Isolano, Suma de los dones de San José, IV, 3.).

Día 18 – Petición de vocaciones

San José cumplió en la tierra fidelísimamente la misión que Dios le había encomendado. Su vida fue una entrega constante y sin reservas a su vocación divina, en bien de la Sagrada Familia y de todos los hombres (Juan Pablo II). Ahora, en el Cielo, su corazón sigue albergando «una singular y preciosa simpatía para toda la humanidad» (Pablo VI), pero de modo muy particular para todos aquellos que, por una vocación específica, se entregan plenamente a servir sin condiciones al Hijo de Dios en medio de su trabajo profesional, como él lo hizo.

Día 19 – Intercesión de los santos

Santa Teresa de Jesús, hablando de la eficacia de la intercesión de San José, señala que así como a otros santos parece que Dios les otorgó la capacidad de interceder por alguna necesidad en particular, «a este glorioso santo tengo experiencia que socorre en todas y que el Señor quiere darnos a entender que así como le fue sujeto en la tierra -que como tenía nombre de padre siendo ayo, le podía mandar- así en el Cielo hace cuanto le pide» (Vida, 6).

Día 20 – Acudir a San José en todas las necesidades

Por su santidad y por los méritos singulares que adquirió el Santo Patriarca en el cumplimiento de su misión de fiel custodio de la Sagrada Familia, su intercesión es la más poderosa de todas, si exceptuamos la de la Santísima Virgen, y es, además, la más universal, extendiéndose a las necesidades, tanto espirituales como materiales, y a cada hombre en cualquier estado en que se encuentre.

Día 21 – Patrocinio del Santo Patriarca sobre toda la Iglesia y sobre cada cristiano en particular

El patrocinio de San José sobre la Iglesia es la prolongación del que él ejerció sobre Jesucristo, Cabeza de la misma, y sobre María, Madre de la Iglesia. Por esta razón fue declarado Patrono universal de la Iglesia (Pio IX). Aquella casa de Nazaret, que José gobernaba con potestad paterna, contenía los principios de la naciente Iglesia. Conviene, pues, que José, así «como en otro tiempo cuidó santamente de la Familia de Nazaret en todas sus necesidades, así ahora defienda y proteja con celestial patrocinio a la Iglesia de Cristo» (León XIII).

Día 22 – La figura de San José en el Evangelio

La Iglesia entera reconoce en San José a su protector y patrono. A lo largo de los siglos se ha hablado de él, subrayando diversos aspectos de su vida, continuamente fiel a la misión que Dios le había confiado. Por eso, desde hace muchos años, me gusta invocarle con un título entrañable: Nuestro Padre y Señor.

Día 23 – La fe, el amor y la esperanza de José

No está la justicia en la mera sumisión a una regla: la rectitud debe nacer de dentro, debe ser honda, vital, porque el «justo vive de la fe » (Hab II, 4) . Vivir de la fe: esas palabras que fueron luego tantas veces tema de meditación para el apóstol Pablo, se ven realizadas con creces en San José. Su cumplimiento de la voluntad de Dios no es rutinario ni formalista, sino espontáneo y profundo.

Día 24 – Santificar el trabajo, santificarse en el trabajo, santificar con el trabajo

El trabajo acompaña inevitablemente la vida del hombre sobre la tierra. Con él aparecen el esfuerzo, la fatiga, el cansancio: manifestaciones del dolor y de la lucha que forman parte de nuestra existencia humana actual, y que son signos de la realidad del pecado y de la necesidad de la redención. Pero el trabajo en sí mismo no es una pena, ni una maldición o un castigo: quienes hablan así no han leído bien la Escritura Santa.

Día 25 – Para servir, servir

El trabajo de José no fue una labor que mirase hacia la autoafirmación, aunque la dedicación a una vida operativa haya forjado en él una personalidad madura, bien dibujada. El Patriarca trabajaba con la conciencia de cumplir la voluntad de Dios, pensando en el bien de los suyos, Jesús y María, y teniendo presente el bien de todos los habitantes de la pequeña Nazaret.

Día 26 – El trato de José con Jesús

Maestro de vida interior, trabajador empeñado en su tarea, servidor fiel de Dios en relación continua con Jesús: éste es José. Ite ad Ioseph. Con San José, el cristiano aprende lo que es ser de Dios y estar plenamente entre los hombres, santificando el mundo. Tratad a José y encontraréis a Jesús. Tratad a José y encontraréis a María, que llenó siempre de paz el amable taller de Nazaret.

Día 27 – Las promesas del Antiguo Testamento se realizan en Jesús a través de José

«Éste es el criado fiel y solícito a quien el Señor ha puesto al frente de su familia» (Lc 12, 42). Esta familia de la que se habla en la Antífona de entrada de la Misa es la Sagrada Familia de Nazaret, el tesoro de Dios en la tierra, que encomendó a San José, «el servidor fiel y prudente», que entregó su vida con alegría y sin medida para sacarla adelante. La familia del Señor es también, por ampliación, la Iglesia, que reconoce a San José como su protector y patrono.

Día 28 – Fidelidad del Santo Patriarca a la misión recibida de Dios

Nuestra vida no tiene otro sentido que ser fieles al Señor, en cualquier edad y circunstancia en la que nos encontremos. De eso depende, lo sabemos bien, nuestra felicidad en esta vida y, en buena parte, la felicidad de quienes nos rodean. San José pasó por situaciones bien diferentes y no todas fueron humanamente gratas, pero el Santo Patriarca fue firme como la roca y contó siempre con la ayuda de Dios. Nada desvió a José del camino que se le había señalado; fue el hombre al que Dios, fiándose de Él, puso al frente de su familia aquí en la tierra. 

Día 29 – Nuestra fidelidad

La fidelidad de Dios se muestra en las ayudas que otorga siempre, en cualquier situación de edad, trabajo, salud, etc., en que nos encontremos, para que cumplamos fielmente nuestra misión en la tierra. San José correspondió delicada y prontamente a las innumerables gracias que recibió de parte de Dios. Dios espera de todos nosotros una actitud despierta, amorosa, llena de iniciativas. «El corazón del Santo Patriarca estuvo siempre lleno de alegría, incluso en los momentos más difíciles! Hemos de lograr que nuestro quehacer divino en la tierra, nuestro caminar hacia Dios sea siempre nuevo, como nuevo y original es siempre el amor».

Día 30 – Letanías de San José

«Oh Dios, que en tu inefable providencia, te dignaste elegir a San José por Esposo de tu Santísima Madre: concédenos, te rogamos, que merezcamos tener por intercesor en el cielo al que veneramos como protector en la tierra. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén»

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3 comentarios

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    • Gracias, Claudia. En realidad está completo. Uno puede hacer el mes de San José en el mes de marzo (que tiene 31 días) o en cualquier mes del año, o comenzarlo cualquier día del mes y terminarlo en 30 días.

      Por otra parte, el número 30 es simbólico: en honor de los 30 años que José pasó en esta tierra con Jesús y María.

      Dios te bendiga.

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