Oración con la que el Papa Francisco Consagrará a Rusia y Ucrania al Inmaculado Corazón de María

Oración con la que el Papa Francisco Consagrará a Rusia y Ucrania

Este 25 de marzo, Solemnidad de la Anunciación del Señor, el Papa Francisco, en unión con todos los obispos del mundo, Consagrará a toda la humanidad, pero de manera especial a Rusia y Ucrania, al Inmaculado Corazón de María en un histórico acto solemne. 

El Papa pronunciará la oración en la Basílica de San Pedro aproximadamente a las 6:30 p.m. (hora de Roma), en el contexto de la celebración penitencial “24 horas para el Señor” que comenzará a las 5:00 p.m. 

DONAR Post de Facebook

Para los que deseen presenciar el evento en vivo y en directo podrán hacerlo desde las diferentes plataformas digitales del Vaticano:
Vaticannews.va/es
Facebook
Youtube

Horarios para seguir la trasmisión en Vivo.
•5:00 p.m. – Roma / España / Guinea Ecuatorial
•1:00 p.m. – Argentina / Brasil (Rio y Sao Paulo) / Chile / Paraguay / Uruguay
•12 (medio día) – Bolivia / Cuba / Puerto Rico / República Dominicana / Venezuela / EUA-Eastern Time (Florida y Nueva York)
•11:00 a.m. – Colombia / Ecuador / Panamá / Perú / EUA-Central Time (Illinois y Texas)
•10:00 a.m. – México / Costa Rica / El Salvador / Guatemala / Honduras / Nicaragua / EUA-Mountain Time (Arizona, Colorado y Nuevo México)

Sin tu ayuda no podremos seguir. Donar ahora.

ACTO DE CONSAGRACIÓN AL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA

Oh María, Madre de Dios y Madre nuestra, nosotros, en esta hora de tribulación, recurrimos a ti. Tú eres nuestra Madre, nos amas y nos conoces, nada de lo que nos preocupa se te oculta. Madre de misericordia, muchas veces hemos experimentado tu ternura providente, tu presencia que nos devuelve la paz, porque tú siempre nos llevas a Jesús, Príncipe de la paz. 

Nosotros hemos perdido la senda de la paz. Hemos olvidado la lección de las tragedias del siglo pasado, el sacrificio de millones de caídos en las guerras mundiales. Hemos desatendido los compromisos asumidos como Comunidad de Naciones y estamos traicionando los sueños de paz de los pueblos y las esperanzas de los jóvenes. 

Nos hemos enfermado de avidez, nos hemos encerrado en intereses nacionalistas, nos hemos dejado endurecer por la indiferencia y paralizar por el egoísmo. Hemos preferido ignorar a Dios, convivir con nuestras falsedades, alimentar la agresividad, suprimir vidas y acumular armas, olvidándonos de que somos custodios de nuestro prójimo y de nuestra casa común.

Hemos destrozado con la guerra el jardín de la tierra, hemos herido con el pecado el corazón de nuestro Padre, que nos quiere hermanos y hermanas. Nos hemos vuelto indiferentes a todos y a todo, menos a nosotros mismos. Y con vergüenza decimos: perdónanos, Señor. 

En la miseria del pecado, en nuestros cansancios y fragilidades, en el misterio de la iniquidad del mal y de la guerra, tú, Madre Santa, nos recuerdas que Dios no nos abandona, sino que continúa mirándonos con amor, deseoso de perdonarnos y levantarnos de nuevo. Es Él quien te ha entregado a nosotros y ha puesto en tu Corazón inmaculado un refugio para la Iglesia y para la humanidad. Por su bondad divina estás con nosotros, e incluso en las vicisitudes más adversas de la historia nos conduces con ternura. 

Por eso recurrimos a ti, llamamos a la puerta de tu Corazón, nosotros, tus hijos queridos que no te cansas jamás de visitar e invitar a la conversión. 

En esta hora oscura, ven a socorrernos y consolarnos. Repite a cada uno de nosotros: “¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu Madre?”. Tú sabes cómo desatar los enredos de nuestro corazón y los nudos de nuestro tiempo. Ponemos nuestra confianza en ti. Estamos seguros de que tú, sobre todo en estos momentos de prueba, no desprecias nuestras súplicas y acudes en nuestro auxilio. 

Así lo hiciste en Caná de Galilea, cuando apresuraste la hora de la intervención de Jesús e introdujiste su primer signo en el mundo. Cuando la fiesta se había convertido en tristeza le dijiste: «No tienen vino» (Jn 2,3).

Repíteselo otra vez a Dios, oh Madre, porque hoy hemos terminado el vino de la esperanza, se ha desvanecido la alegría, se ha aguado la fraternidad. Hemos perdido la humanidad, hemos estropeado la paz. Nos hemos vuelto capaces de todo tipo de violencia y destrucción. Necesitamos urgentemente tu ayuda materna. 

Acoge, oh Madre, nuestra súplica.

Tú, estrella del mar, no nos dejes naufragar en la tormenta de la guerra.

Tú, arca de la nueva alianza, inspira proyectos y caminos de reconciliación. 

Tú, “tierra del Cielo”, vuelve a traer la armonía de Dios al mundo. 

Extingue el odio, aplaca la venganza, enséñanos a perdonar.

Líbranos de la guerra, preserva al mundo de la amenaza nuclear.

Reina del Rosario, despierta en nosotros la necesidad de orar y de amar.

Reina de la familia humana, muestra a los pueblos la senda de la fraternidad.

Reina de la paz, obtén para el mundo la paz. 

Que tu llanto, oh Madre, conmueva nuestros corazones endurecidos. Que las lágrimas que has derramado por nosotros hagan florecer este valle que nuestro odio ha secado. Y mientras el ruido de las armas no enmudece, que tu oración nos disponga a la paz. 

Que tus manos maternas acaricien a los que sufren y huyen bajo el peso de las bombas. Que tu abrazo materno consuele a los que se ven obligados a dejar sus hogares y su país. Que tu Corazón afligido nos mueva a la compasión, nos impulse a abrir puertas y a hacernos cargo de la humanidad herida y descartada.

Santa Madre de Dios, mientras estabas al pie de la cruz, Jesús, viendo al discípulo junto a ti, te dijo: «Ahí tienes a tu hijo» (Jn 19,26), y así nos encomendó a ti. Después dijo al discípulo, a cada uno de nosotros: «Ahí tienes a tu madre» (v. 27). 

Madre, queremos acogerte ahora en nuestra vida y en nuestra historia. En esta hora la humanidad, agotada y abrumada, está contigo al pie de la cruz. Y necesita encomendarse a ti, consagrarse a Cristo a través de ti. 

El pueblo ucraniano y el pueblo ruso, que te veneran con amor, recurren a ti, mientras tu Corazón palpita por ellos y por todos los pueblos diezmados a causa de la guerra, el hambre, las injusticias y la miseria. 

Por eso, Madre de Dios y nuestra, nosotros solemnemente encomendamos y consagramos a tu Corazón inmaculado nuestras personas, la Iglesia y la humanidad entera, de manera especial Rusia y Ucrania. 

Acoge este acto nuestro que realizamos con confianza y amor, haz que cese la guerra, provee al mundo de paz. El “sí” que brotó de tu Corazón abrió las puertas de la historia al Príncipe de la paz; confiamos que, por medio de tu Corazón, la paz llegará. 

A ti, pues, te consagramos el futuro de toda la familia humana, las necesidades y las aspiraciones de los pueblos, las angustias y las esperanzas del mundo.

Que a través de ti la divina Misericordia se derrame sobre la tierra, y el dulce latido de la paz vuelva a marcar nuestras jornadas. Mujer del sí, sobre la que descendió el Espíritu Santo, vuelve a traernos la armonía de Dios. 

Tú que eres “fuente viva de esperanza”, disipa la sequedad de nuestros corazones. Tú que has tejido la humanidad de Jesús, haz de nosotros constructores de comunión. Tú que has recorrido nuestros caminos, guíanos por sendas de paz. Amén.


La consagración a la Virgen María a lo largo de la historia

Consagración incompleta

El 31 de octubre de 1942, el Papa Pío XII, hablando por la radio, consagra el mundo al Inmaculado Corazón de María.

Sor Lucía escribe: «El Señor ha agradecido la consagración del Mundo de Octubre de 1942 al
Corazón Inmaculado de María, aunque fue incompleta según su pedido; promete igualmente
poner rápido fin a la guerra. La conversión de Rusia en cambio no ocurrirá por ahora».

Segunda Consagración de Pío XII
En mayo de 1952, la Santísima Virgen le dice: «Haced saber al Santo Padre que espero siempre la consagración de Rusia a mi Corazón Inmaculado, Sin esta consagración, Rusia no se convertirá más ni el Mundo podrá ver la Paz».

El 7 de Julio 1952 Pío XII consagra Rusia al Corazón Inmaculado de María. Sin embargo
no fueron cumplidas todas condiciones exigidas:
– No fue hecha explícita referencia a la devoción reparadora de los cinco primeros Sábados del mes; – el acto solemne de reparación no estuvo explícitamente hecho;
– el Papa no ordenó a todos los Obispos del Mundo unirse a el en este acto de consagración.

Ese mismo mes, Sor Lucía escribe: «Estoy dolorida porque la consagración de Rusia no ha sido hecha aún como la Santísima Virgen la había pedido».

Cardenal Burke: ¡Consagrar Rusia!

“Ciertamente, el Papa San Juan Pablo II consagró el mundo, incluyendo Rusia, al Inmaculado
Corazón de María el 25 de marzo de 1984. Sin embargo, hoy, una vez más, escuchamos la llamada de la Virgen de Fátima a consagrar Rusia a su Inmaculado Corazón, de acuerdo con su instrucción explícita”.

El triunfo prometido del Inmaculado Corazón de María se refiere, en primer lugar ,a “la victoria de la Fe, que pondrá fin al tiempo de apostasía y a las grandes deficiencias de los pastores de la Iglesia”.

Unámonos al Papa y a los obispos del mundo entero en la oración, pidiendo el triunfo del Inmaculado Corazón de María que no es más, que el triunfo del Sagrado Corazón de Jesús.


Con información recopilada por la Hna. Claudia Ortiz

Compartir:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¡No dejes al padre hablando sólo!

Homilía diaria.
Podcast.
Artículos de formación.
Cursos y aulas en vivo.

En tu Whatsapp, todos los días.

× Available on SundayMondayTuesdayWednesdayThursdayFridaySaturday