Tened valor, yo he vencido al mundo
Evangelio del día
San Juan 16,29-33
Evangelio del día
San Juan 16,29-33
Esta novena es una súplica confiada a María bajo la advocación de «la que desata los nudos». Durante nueve días, la oración recorre los momentos en que la Virgen, por su humilde obediencia al Padre, deshizo aquello que la desobediencia había anudado, y aprende de ella a entregar a Dios cada enredo de la propia vida —familiar, espiritual o interior— para que su mano materna lo desate con paciencia. No promete soluciones inmediatas, sino que educa en la confianza: pedir, perseverar y dejar que sea Dios quien, por intercesión de su Madre, ordene los lazos que nos unen a Él.
Nuestro Señor Jesucristo encomendó a Sor Faustina Kowalska adorar la hora de su muerte: «Cuántas veces oigas el reloj dando las tres, sumérgete en Mi misericordia, adorándola y glorificándola; suplica su omnipotencia para el mundo entero y, especialmente, para los pobres pecadores, ya que en ese momento, se abrió de par en par para cada alma», (Diario, 1572).
El Escapulario debe ser bendecido e impuesto por primera vez por un sacerdote, en una breve ceremonia, en la cual la persona que lo recibe se consagra a la Virgen María. El que recibe el Escapulario Carmelita se compromete a imitar a la Virgen María en todas sus virtudes y a llevar una vida digna como consagrado.
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