10,11Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas.
10,12El asalariado, en cambio, que no es el pastor, y al que no pertenecen las ovejas, cuando ve venir al lobo, las abandona y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa.
10,13Como es asalariado, no se preocupa por las ovejas.
10,14Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí
10,15-como el Padre me conoce a mí, y yo conozco al Padre-, y doy mi vida por las ovejas.
10,16Tengo, además, otras ovejas, que no son de este corral, y a las que debo también conducir: ellas oirán mi voz, y así habrá un solo Rebaño, y un solo Pastor.
10,17El Padre me ama, porque yo doy mi vida, para recobrarla.
10,18Nadie me la quita, sino que la doy por mí mismo. Tengo el poder de darla, y de recobrarla: este es el mandato que recibí de mi Padre».
10,19A causa de estas palabras, se produjo una nueva división entre los judíos.
10,20Muchos de ellos decían: «Está poseído por un demonio y delira. ¿Por qué lo escuchan?».
10,21Otros opinaban: «Estas palabras no son de un endemoniado. ¿Acaso un demonio puede abrir los ojos a los ciegos?».
10,22Se celebraba entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno,
10,23y Jesús se paseaba por el Templo, en el Pórtico de Salomón.
10,24Los judíos lo rodearon y le preguntaron: «¿Hasta cuándo nos tendrás en suspenso? Si eres el Mesías, dilo abiertamente».
10,25Jesús les respondió: «Ya se lo dije, pero ustedes no lo creen. Las obras que hago en nombre de mi Padre, dan testimonio de mí,
10,26pero ustedes no creen, porque no son de mis ovejas.
10,27Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen.
10,28Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mis manos.
10,29Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos, y nadie puede arrebatar nada, de las manos de mi Padre.
10,30El Padre y yo somos una sola cosa».
10,31Los judíos tomaron piedras para apedrearlo.
10,32Entonces Jesús dijo: «Les hice ver muchas obras buenas que vienen del Padre; ¿por cuál de ellas me quieren apedrear?».
10,33Los judíos le respondieron: «No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino porque blasfemas, ya que, siendo hombre, te haces Dios».
10,34Jesús les respondió: «¿No está escrito en la Ley: Yo dije: Ustedes son dioses?
10,35Si la Ley llama dioses, a los que Dios dirigió su Palabra,-y la Escritura no puede ser anulada-
10,36¿cómo dicen: 'Tú blasfemas', a quien el Padre santificó y envió al mundo, porque dijo: 'Yo soy Hijo de Dios'?
10,37Si no hago las obras de mi Padre, no me crean;
10,38pero si las hago, crean en las obras, aunque no me crean a mí. Así reconocerán y sabrán, que el Padre está en mí, y yo en el Padre».
10,39Ellos intentaron nuevamente detenerlo, pero él se les escapó de las manos.
10,40Jesús volvió a ir al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había bautizado, y se quedó allí.
10,41Muchos fueron a verlo, y la gente decía: «Juan no ha hecho ningún signo, pero todo lo que dijo de este hombre era verdad».
10,42Y en ese lugar muchos creyeron en él.
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