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La resurrección de Lázaro
HOMILÍA 5° Domingo de Cuaresma - Ciclo A
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La resurrección de Lázaro

P. Jorge Miguel Martínez
25 de marzo de 2023
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Evangelio del día

San Juan 11,1-45

11,1Había un hombre enfermo, Lázaro de Betania, del pueblo de María y de su hermana Marta.
11,2María era la misma que derramó perfume sobre el Señor y le secó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro era el que estaba enfermo.
11,3Las hermanas enviaron a decir a Jesús: «Señor, el que tú amas, está enfermo».
11,4Al oír esto, Jesús dijo: «Esta enfermedad no es mortal; es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella».
11,5Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro.
11,6Sin embargo, cuando oyó que este se encontraba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba.
11,7Después dijo a sus discípulos: «Volvamos a Judea».
11,8Los discípulos le dijeron: «Maestro, hace poco los judíos querían apedrearte, ¿y quieres volver allá?».
11,9Jesús les respondió: «¿Acaso no son doce las horas del día?,El que camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo;
11,10en cambio, el que camina de noche tropieza, porque la luz no está en él».
11,11Después agregó: «Nuestro amigo Lázaro duerme, pero yo voy a despertarlo».
11,12Sus discípulos le dijeron: «Señor, si duerme, se curará».
11,13Ellos pensaban que hablaba del sueño, pero Jesús se refería a la muerte.
11,14Entonces les dijo abiertamente: «Lázaro ha muerto,
11,15y me alegro por ustedes de no haber estado allí, a fin de que crean. Vayamos a verlo».
11,16Tomás, llamado el Mellizo, dijo a los otros discípulos: «Vayamos también nosotros a morir con él».
11,17Cuando Jesús llegó, se encontró con que Lázaro estaba sepultado desde hacía cuatro días.
11,18Betania distaba de Jerusalén sólo unos tres kilómetros.
11,19Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano.
11,20Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa.
11,21Marta dijo a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.
11,22Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas».
11,23Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará».
11,24Marta le respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día».
11,25Jesús le dijo: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá;
11,26y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?».
11,27Ella le respondió: «Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo».
11,28Después fue a llamar a María, su hermana, y le dijo en voz baja: «El Maestro está aquí y te llama».
11,29Al oír esto, ella se levantó rápidamente y fue a su encuentro.
11,30Jesús no había llegado todavía al pueblo, sino que estaba en el mismo sitio donde Marta lo había encontrado.
11,31Los judíos que estaban en la casa consolando a María, al ver que esta se levantaba de repente y salía, la siguieron, pensando que iba al sepulcro para llorar allí.
11,32María llegó a donde estaba Jesús y, al verlo, se postró a sus pies y le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto».
11,33Jesús, al verla llorar a ella, y también a los judíos que la acompañaban, conmovido y turbado,
11,34preguntó: «¿Dónde lo pusieron?». Le respondieron: «Ven, Señor, y lo verás».
11,35Y Jesús lloró.
11,36Los judíos dijeron: «¡Cómo lo amaba!».
11,37Pero algunos decían: «Este, que abrió los ojos del ciego de nacimiento, ¿no podía impedir que Lázaro muriera?».
11,38Jesús, conmoviéndose nuevamente, llegó al sepulcro, que era una cueva con una piedra encima,
11,39y dijo: «Quiten la piedra». Marta, la hermana del difunto, le respondió: «Señor, huele mal; ya hace cuatro días que está muerto».
11,40Jesús le dijo: «¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?».
11,41Entonces quitaron la piedra, y Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: «Padre, te doy gracias porque me oíste.
11,42Yo sé que siempre me oyes, pero lo he dicho por esta gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado».
11,43Después de decir esto, gritó con voz fuerte: «¡Lázaro, ven afuera!».
11,44El muerto salió con los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: «Desátenlo para que pueda caminar».
11,45Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en él.

5º Domingo de Cuaresma – Ciclo A
Evangelio según San Juan 11, 1-45

En aquel tiempo, se encontraba enfermo Lázaro, en Betania, del pueblo de María y de su hermana Marta. María era la que una vez ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera. El enfermo era su hermano Lázaro. Por eso las dos hermanas le mandaron decir a Jesús: “Señor, el amigo a quien tanto quieres está enfermo”.

Al oír esto, Jesús dijo: “Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”.

Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Sin embargo, cuando se enteró de que Lázaro estaba enfermo, se detuvo dos días más en el lugar en que se hallaba. Después dijo a sus discípulos: “Vayamos otra vez a Judea”. Los discípulos le dijeron: “Maestro, hace poco que los judíos querían apedrearte, ¿y tú vas a volver allá?” Jesús les contestó: “¿Acaso no tiene doce horas el día? El que camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo; en cambio, el que camina de noche tropieza, porque le falta la luz”.

Dijo esto y luego añadió: “Lázaro, nuestro amigo, se ha dormido; pero yo voy ahora a despertarlo”. Entonces le dijeron sus discípulos: “Señor, si duerme, es que va a sanar”. Jesús hablaba de la muerte, pero ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les dijo abiertamente: “Lázaro ha muerto, y me alegro por ustedes de no haber estado allí, para que crean. Ahora, vamos allá”. Entonces Tomás, por sobrenombre el Gemelo, dijo a los demás discípulos: “Vayamos también nosotros, para morir con él”.

Cuando llegó Jesús, Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. Betania quedaba cerca de Jerusalén, como a unos dos kilómetros y medio, y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para consolarlas por la muerte de su hermano. Apenas oyó Marta que Jesús llegaba, salió a su encuentro; pero María se quedó en casa. Le dijo Marta a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aun ahora estoy segura de que Dios te concederá cuanto le pidas”. Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”. Marta respondió: “Ya sé que resucitará en la resurrección del último día”. Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees tú esto?” Ella le contestó: “Sí, Señor. Creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”.

Después de decir estas palabras, fue a buscar a su hermana María y le dijo en voz baja: “Ya vino el Maestro y te llama”. Al oír esto, María se levantó en el acto y salió hacia donde estaba Jesús, porque él no había llegado aún al pueblo, sino que estaba en el lugar donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con María en la casa, consolándola, viendo que ella se levantaba y salía de prisa, pensaron que iba al sepulcro para llorar allí y la siguieron.

Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo, se echó a sus pies y le dijo: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano”. Jesús, al verla llorar y al ver llorar a los judíos que la acompañaban, se conmovió hasta lo más hondo y preguntó: “¿Dónde lo han puesto?” Le contestaron: “Ven, Señor, y lo verás”. Jesús se puso a llorar y los judíos comentaban: “De veras ¡cuánto lo amaba!” Algunos decían: “¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego de nacimiento, hacer que Lázaro no muriera?”

Jesús, profundamente conmovido todavía, se detuvo ante el sepulcro, que era una cueva, sellada con una losa. Entonces dijo Jesús: “Quiten la losa”. Pero Marta, la hermana del que había muerto, le replicó: “Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días”. Le dijo Jesús: “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” Entonces quitaron la piedra.

Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: “Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Yo ya sabía que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho a causa de esta muchedumbre que me rodea, para que crean que tú me has enviado”. Luego gritó con voz potente: “¡Lázaro, sal de allí!” Y salió el muerto, atados con vendas las manos y los pies, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: “Desátenlo, para que pueda andar”.

Muchos de los judíos que habían ido a casa de Marta y María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

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