La lepra del pecado
HOMILÍA
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La lepra del pecado

P. Jorge Miguel Martínez
Actualizado el 11 de febrero de 2024
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Evangelio del día

San Marcos 1,40-45

1,40Entonces se le acercó un leproso para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: «Si quieres, puedes purificarme».
1,41Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda purificado».
1,42En seguida la lepra desapareció y quedó purificado.
1,43Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente:
1,44«No le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio».
1,45Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares desiertos. Y acudían a él de todas partes.


Evangelio según San Marcos 1, 40-45

Vino a Él un leproso, le suplicó y arrodillándose, le dijo: «Si quieres, puedes limpiarme». Entonces, Jesús, movido a compasión, alargó la mano, lo tocó y le dijo: «Quiero, sé sano». Al punto lo dejó la lepra, y quedó sano.

Y amonestándolo, le despidió luego, y le dijo: «¡Mira! No digas nada a nadie; mas anda a mostrarte al sacerdote, y presenta, por tu curación, la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio».

Pero él se fué y comenzó a publicar muchas cosas y a difundir la noticia, de modo que Jesús no podía ya entrar ostensiblemente en una ciudad, sino que se quedaba fuera, en lugares despoblados; y acudían a Él de todas partes.

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