Jesús te puede perjudicar
Evangelio del día
San Mateo 8,28-34
El caso de aquel pueblo que acababa de contemplar un prodigio —la liberación de unos hombres poseídos— y, sin embargo, rechazó a nuestro Redentor por las pérdidas materiales sufridas o por las que temía sufrir en adelante, es un ejemplo claro de cómo a veces no aceptamos plenamente a Jesucristo sino en la medida en que no nos perjudique, especialmente en el plano material.
El Evangelio puede traer, ciertamente, consecuencias concretas y exigentes. Muchas veces nos obliga a elegir entre Dios y el dinero. Si elegimos a Dios, el dinero queda en su lugar; pero si servimos al dinero, no podemos servir a Dios (cf. Mt 6, 24). Aquellos hombres, después de haber visto la liberación de los endemoniados, no eligieron a Dios, sino sus bienes. Temieron perder otras posesiones y por eso pidieron al Señor que se retirara de su territorio (cf. Mt 8, 34).
¡Cuántas gracias se habrán perdido aquel día! ¡Cuántas oportunidades de encontrar la verdad, de recuperar la salud del cuerpo o del alma, de recibir la luz de la conversión! Todo eso quedó cerrado porque vieron antes la inconveniencia económica de la presencia de Cristo que la visita misericordiosa de Dios.
También a nosotros puede sucedernos algo semejante. Muchas veces no aceptamos del todo el mensaje del Evangelio, o ni siquiera nos acercamos a él, porque sabemos que el Señor nos pedirá algo. Nos pedirá una renuncia, una decisión, una conversión concreta. Y es verdad: no hay que ocultarlo. Con toda seguridad el Señor nos pedirá que dejemos algo. Pero, al mismo tiempo, Él se dará a nosotros.
Aquel pueblo quizá logró conservar sus bienes y evitar nuevas pérdidas. Pero perdió a Jesucristo. Que nosotros prefiramos perderlo todo antes que perder a Cristo.
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