9,30Al salir de allí atravesaron la Galilea; Jesús no quería que nadie lo supiera,
9,31porque enseñaba y les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará».
9,32Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas.
9,33Llegaron a Cafarnaún y, una vez que estuvieron en la casa, les preguntó: «¿De qué hablaban en el camino?».
9,34Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande.
9,35Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: «El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos».
9,36Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo:
9,37«El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado».
9,38Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre, y tratamos de impedírselo porque no es de los nuestros».
9,39Pero Jesús les dijo: «No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí.
9,40Y el que no está contra nosotros, está con nosotros.
9,41Les aseguro que no quedará sin recompensa el que les dé de beber un vaso de agua por el hecho de que ustedes pertenecen a Cristo.
9,42Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que creen en mí, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar.
9,43Si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtala, porque más te vale entrar en la Vida manco, que ir con tus dos manos a la Gehena, al fuego inextinguible.
9,44Y si tu pie es para ti ocasión de pecado, córtalo,
9,45porque más te vale entrar lisiado en la Vida, que ser arrojado con tus dos pies a la Gehena.
9,46Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, arráncalo,
9,47porque más te vale entrar con un solo ojo en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos a la Gehena,
9,48donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.
9,49Porque cada uno será salado por el fuego.
9,50La sal es una cosa excelente, pero si se vuelve insípida, ¿con qué la volverán a salar? Que haya sal en ustedes mismos y vivan en paz unos con otros».
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