El amigo del novio
HOMILÍA Sábado del tiempo de Navidad
Guardar en Mis Favoritos

El amigo del novio

P. Jorge Miguel Martínez
Actualizado el 10 de enero de 2025
0:00 0:00

Evangelio del día

San Juan 3,22-30

3,22Después de esto, Jesús fue con sus discípulos a Judea. Permaneció allí con ellos y bautizaba.
3,23Juan seguía bautizando en Enón, cerca de Salim, porque había mucha agua en ese lugar y la gente acudía para hacerse bautizar.
3,24Juan no había sido encarcelado todavía.
3,25Se originó entonces una discusión entre los discípulos de Juan y un judío, acerca de la purificación.
3,26Fueron a buscar a Juan y le dijeron: «Maestro, el que estaba contigo al otro lado del Jordán y del que tú has dado testimonio, también bautiza y todos acuden a él».
3,27Juan respondió: «Nadie puede atribuirse nada, que no haya recibido del cielo.
3,28Ustedes mismos son testigos de que he dicho: 'Yo no soy el Mesías, pero he sido enviado delante de él'.
3,29En las bodas, el que se casa es el esposo; pero el amigo del esposo, que esta allí y lo escucha, se llena de alegría al oír su voz. Por eso mi gozo es ahora perfecto.
3,30Es necesario que él crezca, y que yo disminuya.

Sábado después de Epifanía
Evangelio según San Juan 3, 22-30

Después de esto fue Jesús con sus discípulos al territorio de Judea y allí se quedó con ellos, y bautizaba. Por su parte, Juan bautizaba en Ainón, junto a Salim, donde había muchas aguas, y se le presentaban las gentes y se hacían bautizar; porque Juan no había sido todavía aprisionado. Y algunos discípulos de Juan tuvieron una discusión con un judío a propósito de la purificación.

Y fueron a Juan, y le dijeron: «Rabí, Aquel que estaba contigo al otro lado del Jordán, de quien tú diste testimonio, mira que también bautiza, y todo el mundo va a Él». Juan les respondió: «No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo. Vosotros mismos me sois testigos de que yo he dicho: «No soy yo el Mesías, sino que he sido enviado delante de Él». El que tiene la esposa, es el esposo.

El amigo del esposo, que está a su lado y le oye, experimenta una gran alegría con la voz del esposo. Esta alegría, que es la mía, está, pues, cumplida. Es necesario que Él crezca y que yo disminuya».

Comentarios (0)

Inicia sesión para dejar tu comentario. Iniciar sesión

Sé el primero en comentar.

Asistente
Pregunta sobre el contenido del sitio
Pensando…