¿Cómo amar más a Dios?
Evangelio del día
San Lucas 7,36-50
Evangelio del día
San Lucas 7,36-50
La Santa Misa es el centro y el corazón del culto católico y de su liturgia. Todo el esplendor y hermosura de las ceremonias tienen su razón de ser en Nuestro Señor Jesucristo, que se hace presente entre nosotros en la Santa Misa. Las ceremonias, la magnificencia y suntuosidad no son un fin en sí mismos, sino medios para acercarnos a Él y tributarle nuestro mejor homenaje.
La revelación divina nos advierte de que llegará un periodo crucial en la historia en la que el espíritu del Anticristo se difundirá en todo el mundo y que, cuando haya llegado al ápice de su influencia, se encarnará en una persona que la Escritura llama «el hombre de la iniquidad», «el Hijo de la Perdición», «el Impío», «el Anticristo» y «la Bestia».
San Juan Crisóstomo fue educado en el amor a Dios desde su más tierna infancia, y eso le hizo un gran bien. Por eso escribe: «Cría un atleta para Cristo y, permaneciendo en el mundo, enséñale a ser piadoso desde la primera infancia».
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