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Novena de Nuestra Señora Desatanudos

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Novena de Nuestra Señora Desatanudos

Esta novena es una súplica confiada a María bajo la advocación de «la que desata los nudos». Durante nueve días, la oración recorre los momentos en que la Virgen, por su humilde obediencia al Padre, deshizo aquello que la desobediencia había anudado, y aprende de ella a entregar a Dios cada enredo de la propia vida —familiar, espiritual o interior— para que su mano materna lo desate con paciencia. No promete soluciones inmediatas, sino que educa en la confianza: pedir, perseverar y dejar que sea Dios quien, por intercesión de su Madre, ordene los lazos que nos unen a Él.

corazones.org
20 de junio de 2026

Estructura de cada día: Señal de la Cruz → Acto de Contrición → Oración inicial → lectura del día con breve reflexión y meditación → una decena del Rosario (Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria) → Oración a Nuestra Señora «la que desata los nudos».

Oraciones que se repiten cada día

Acto de Contrición
Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí; pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como vos; antes querría haber muerto que haberte ofendido, y propongo firmemente, ayudado por tu divina gracia, no pecar más y evitar las ocasiones próximas de pecado. Amén.

Oración inicial
Santísima Virgen María, «la que desata los nudos», te ofrezco esta novena pidiéndote por las siguientes intenciones: (aquí se dicen y recuerdan los favores que se quieren alcanzar).


Primer día

«Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de todos sus pecados» (Mateo 1, 21).

Breve reflexión: Jesús es el gran desatador de nuestros pecados (nudos); pero también la Virgen María es la que le dio su carne y su sangre para que, hecho hombre, pudiera salvarnos del pecado y de la muerte. Dios se valió de una mujer para salvarnos; también se quiere valer de nosotros, como instrumentos, para que su Hijo Jesús nos siga salvando.

(Breve meditación. Luego una decena del Rosario y la oración a Nuestra Señora «la que desata los nudos».)

Segundo día

«El Ángel le respondió: El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios» (Lucas 1, [35]).

Breve reflexión: Es Dios, Espíritu Santo, el que fecundó el vientre purísimo de María para que su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, naciera como hombre. Debido al pecado original no tenemos la posibilidad de nacer santos; pero desde el momento en que somos bautizados, acto por el cual se nos libra del pecado original, nuestro objetivo debe ser alcanzar la santidad, es decir, estar junto a Jesús en la vida eterna.

Tercer día

«María dijo entonces: Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho. Y el Ángel se alejó» (Lucas 1, 38).

Breve reflexión: Debemos tratar de imitar la actitud de servicio de María. Es necesario que estemos junto a aquellas personas que tienen necesidad de la Palabra de Dios, la que puede ser transmitida también con los pequeños actos buenos que realizamos cotidianamente.

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Cuarto día

«Vayamos a Belén y veamos lo que ha sucedido… Fueron rápidamente y encontraron a María y al recién nacido acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que habían oído decir de este niño… Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lucas 2, 15-19).

Breve reflexión: Es nuestra misión, como cristianos y como miembros de una misma Iglesia, difundir a todo el mundo la Buena Noticia del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo. Para esto debemos alimentarnos permanentemente de su Palabra en la Santa Misa y, al igual que María, guardarla y meditarla en nuestro corazón.

Quinto día

«Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de Jesús. El anciano Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: Este niño será causa de caída y elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón» (Lucas 2, [33-35]).

Breve reflexión: Desde niño, Jesús cumplió la misión encomendada por su Padre celestial: transmitir su Palabra. Sin embargo, no siempre fue entendido ni aceptado su mensaje, lo cual derivó en su muerte. Pidámosle a Cristo, por intercesión de María, que nos llene de valor para cambiar aquello que es posible cambiar y de serenidad para soportar lo que no podemos cambiar.

Sexto día

«Jesús le respondió: Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía. Pero su madre dijo a los sirvientes: Hagan todo lo que Él les diga» (Juan 2, 4-5).

Breve reflexión: María, siendo Madre de Cristo, siempre hizo lo que Él le dijo. Imitemos permanentemente su obediencia a la voluntad de Dios y escuchémoslo día a día desde el Evangelio, donde Jesús nos dice qué quiere que hagamos.

Séptimo día

«Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque todo el que pide recibe, el que busca encuentra, y al que llame se le abrirá» (Mateo 7, 7-8).

Breve reflexión: La única manera de entablar un diálogo con Cristo o con María es a través de la oración. La oración hecha con fe es el arma más poderosa para luchar contra las confusiones con que nos hostiga el que es nuestro enemigo. No olvidemos que Dios nos escucha siempre, pero a veces no nos da lo que pedimos, sino lo que verdaderamente necesitamos.

Octavo día

«Al ver a la madre, y cerca de ella al discípulo a quien amaba, Jesús le dijo: Mujer, aquí tienes a tu hijo. Luego dijo al discípulo: Aquí tienes a tu madre. Y desde aquel momento el discípulo la recibió en su casa» (Juan 19, 26-27).

Breve reflexión: Tanto es el amor que nos tiene Jesús, que antes de morir nos dejó a María, su propia madre, para que nos cuidara y nos guiara por el camino que Dios preparó para cada uno de nosotros.

Noveno día

«Los apóstoles, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús… Y al llegar el día de Pentecostés, todos quedaron llenos del Espíritu Santo» (Hechos 1, 14; 2, 1.4).

Breve reflexión: El Padre nos envía, en la fiesta de Pentecostés, al Espíritu Santo para que obtengamos la fuerza necesaria para transmitir su mensaje. Esa fuerza nos es dada especialmente en el sacramento de la Confirmación, junto con sus siete dones, y también cada vez que lo pedimos humilde y confiadamente en la oración.

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Oración a Nuestra Señora «la que desata los nudos»

(se reza al final de cada día)

Santa María, llena de la presencia de Dios, durante los días de tu vida aceptaste con toda humildad la voluntad del Padre, y el Maligno nunca fue capaz de enredarte con sus confusiones. Ya junto a tu Hijo, intercediste por nuestras dificultades y, con toda sencillez y paciencia, nos diste ejemplo de cómo desenredar la madeja de nuestras vidas. Y, al quedarte para siempre como Madre nuestra, pones en orden y haces más claros los lazos que nos unen al Señor.

Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, tú que con corazón materno desatas los nudos que entorpecen nuestra vida, te pedimos que nos libres de las ataduras y confusiones con que nos hostiga el que es nuestro enemigo. Por tu gracia, por tu intercesión, con tu ejemplo, líbranos de todo mal, Señora nuestra, y desata los nudos que impiden que nos unamos a Dios, para que, libres de toda confusión y error, lo hallemos en todas las cosas, tengamos en Él puestos nuestros corazones y podamos servirle en nuestros hermanos. Amén.


Oración de consagración a María

(puede rezarse al concluir la novena)

Señora y Madre mía, Virgen Santa María, «la que desata los nudos»: a tus pies me encuentro para consagrarme a ti. Con filial afecto te ofrezco en este día cuanto soy y cuanto tengo: mis ojos, para mirarte; mis oídos, para escucharte; mi voz, para cantar tus alabanzas; mi vida, para servirte; mi corazón, para amarte. Acepta, Madre mía, el ofrecimiento que te hago y colócame junto a tu Corazón Inmaculado. Ya que soy todo tuyo, Madre de misericordia, «la que desata los nudos» que aprisionan nuestro pobre corazón, guárdame y protégeme como posesión tuya. No permitas que me deje seducir por el Maligno, ni que mi corazón quede enredado en sus engaños. Enséñame a aceptar los límites de mi condición humana, sin olvidar que puedo superarme con la ayuda de la gracia, y haz que agradezca siempre a Dios por mi existencia. Ilumíname para que no deseche al Creador por las criaturas, ni me aparte del camino que Él pensó para mí. Amén.

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