Holywins: resistencia católica frente a Halloween
La verdadera guerra contra Halloween y cualquier fantasiosa corriente anti-cultura pagana será vencida en la medida en que no falten en nuestras familias la transmisión de la fe que hemos heredado de los apóstoles, el respeto a las tradiciones y las cosas sagradas, y la plena cercanía a los sacramentos.
En las vísperas de la Solemnidad de Todos los Santos (All Hallows' Eve) ha visto desplazado su significado original —centrado en la santidad, la oración por los difuntos y la esperanza en la resurrección— por una estética enfocada en la muerte, el miedo y el consumo.
Se argumenta que la aceptación lúdica de figuras vinculadas a la brujería, lo macabro o lo demoníaco produce una insensibilización progresiva frente a elementos ajenos o contrarios al dogma cristiano, facilitando una postura de relativismo cultural y religioso.
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Al contrario, es posible evidenciar y admirar a líderes religiosos que promueven y buscan implementar en los niños el deseo de optar por los «Santos» antes que por costumbres paganas impropias de nuestra cultura y nuestros orígenes, como es el caso de Halloween.
Cuando John Senior escribe en su Libro «La Restauración de la Cultura Cristiana» que «la televisión es mala», no se refiere simplemente a los contenidos que de esta emergen, sino a los efectos nocivos que ésta produce en la mente de aquellos que hipnotizados consumen a diario lo que reproduce la «caja boba», a esto, se suma las historias inventadas por las grandes industrias cinematográficas, de donde conocemos en nuestro ámbito lo relacionado a Halloween, haciéndonos creer con la ayuda del marketing, que al igual que los niños estadounidenses, los niños de nuestro país deben vestirse con disfraces espantosos imitando a brujas, zombies o calaveras.
La lucha contra estos nefastos males se ve contrarrestada con la valentía de los Obispos españoles que fueron contundentes al declarar la guerra a Halloween en el 2016. Distintas diócesis españolas han dirigido cartas a sus feligreses animándoles a celebrar el 31 de octubre, víspera de la Fiesta de Todos los Santos, la fiesta de Holywins con disfraces de santos, vírgenes y religiosos, haciendo frente a la cada vez más popular fiesta de Halloween.
Los obispados de Cádiz, Cartagena, Alcalá o Ciudad Rodrigo han sido algunos de los que han tomado la iniciativa de enviar cartas a través de las parroquias, colegios o asociaciones cristianas para animar a los creyentes a celebrar la festividad de «Todos los Santos» con disfraces alusivos a la fe católica. ¡Crucial hazaña de estos Prelados!
Con Holywins, que significa «la santidad vence», se pretende evitar la celebración de Halloween, rescatando así el sentido de la fiesta católica del día de Todos los Santos.
Esta cruzada por implementar las buenas costumbres cristianas se extiende fuera del continente europeo y la vemos también en las Parroquias de la Diócesis de Ciudad del Este, como Sagrado Corazón de Jesús de Hernandarias y San Alberto, donde sus respectivos párrocos organizan cada año una gran fiesta en la Solemnidad de Todos los Santos en la que invitan a los padres de familias a vestir a sus hijos con el atuendo de su santo favorito o de aquel que más estimen por sus heroicas virtudes y valentía. Pura osadía para refutar a los modernistas que creen que lo pasado debe quedar indefectiblemente en el pasado. De John Senior aprendemos que «El verdadero problema, común a toda la cultura moderna, es el de la ausencia de los tesoros de la piedad católica, determinantes en materia de fe. Y estos tesoros deben ser restaurados en la Iglesia y en los hogares». Y Cuántos tesoros de piedad son derrochados por quienes teniendo todo: Santa Misa, confesiones, procesiones y ocasiones de formación, siguen aún tiesos ante tanta efusión de la Gracia Divina. La verdadera guerra contra Halloween y cualquier fantasiosa corriente anti-cultura pagana será vencida en la medida en que no falten en nuestras familias la transmisión de la fe que hemos heredado de los apóstoles, el respeto a las tradiciones y las cosas sagradas, y la plena cercanía a los sacramentos. De este modo, capaz encontremos en las futuras generaciones niñas como Pietra, que por el mucho amor que observó en sus padres hacia las cosas sagradas, ella también quisiera ser parte de algo tan grande y sublime.

Halloween significa «All hallow's eve», palabra que proviene del inglés antiguo, y que significa «víspera de todos los santos», ya que se refiere a la noche del 31 de octubre, víspera de la Fiesta de Todos los Santos. Sin embargo, la antigua costumbre anglosajona le ha robado su estricto sentido religioso para celebrar en su lugar la noche del terror.
La celebración del Halloween se inició con los celtas, antiguos pobladores de Europa Oriental, Occidental y parte de Asia Menor. Cuando los pueblos celtas se cristianizaron, no todos renunciaron a las costumbres paganas. Es decir, la conversión no fue completa. La coincidencia cronológica de la fiesta pagana con la fiesta cristiana de Todos los Santos y la de los difuntos, que es el día siguiente, hizo que se mezclara. En vez de recordar los buenos ejemplos de los santos y orar por los antepasados, se llenaban de miedo ante las antiguas supersticiones sobre la muerte y los difuntos. Algunos inmigrantes irlandeses introdujeron Halloween en los Estados Unidos donde llegó a ser parte del folklore popular. Desde ahí, se ha propagado por todo el mundo. En la actualidad, sin embargo, autorizar que los niños se vistan como brujos, monstruos y seres demoníacos representa, inequívocamente, un grave yerro por parte de padres y maestros. La festividad moderna de Halloween, extendida internacionalmente desde EE. UU. e Inglaterra, ha conservado escasísimos vestigios de sus componentes primitivos cristianos. Esta situación derivó de la decisión de la reina Isabel I, quien al desestimar —como ferviente protestante— la intercesión en favor de los difuntos, prohibió a sus vasallos intervenir en cualquier tipo de ceremonia que evocara la veneración y consideración que, en tanto miembros de un mismo cuerpo místico, estamos obligados a ofrecer a nuestros hermanos fallecidos en Cristo. Con dicha medida, lejos de suprimir las festividades que la gente celebraba con tanto fervor, la monarquía británica no logró más que privar a Halloween de su trasfondo cristiano, impulsando a los ingleses a rescatar, si bien de manera suavizada, los ritos lúgubres con los que los celtas, sus antepasados paganos, honraban a sus muertos. De esta forma, lo que para los primeros misioneros de Inglaterra constituyó una gran oportunidad pedagógica y catequética —por mandato de Gregorio Magno, quien mandó a la región a San Agustín de Canterbury indicándole expresamente emplear las expresiones culturales locales para la conversión de la población autóctona— terminó transformándose, para las generaciones posteriores, en un coqueteo con el paganismo y en origen de verdadera perdición. |
En el año 601, el Papa San Gregorio Magno envió instrucciones célebres a San Agustín de Canterbury para la evangelización de los anglosajones en Inglaterra. Su postura no fue destruir las tradiciones locales, sino transformar su sentido:
«No se deben destruir los templos de los ídolos de ese pueblo, sino solo los ídolos que hay en ellos [...] Si esos templos están bien construidos, conviene que pasen del culto a los demonios al culto del verdadero Dios. Así, al ver que sus templos no son destruidos, el pueblo abandonará el error de sus corazones y vendrá a adorar al Dios verdadero en los lugares que le son familiares».

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