De pie, sentados, de rodillas: las posturas y los gestos de los fieles en la Misa
¿Cuándo corresponde estar de pie, sentado o de rodillas en la Misa? ¿Qué hacer si no puedes arrodillarte? Una guía momento por momento, con las citas exactas de la Ordenación General del Misal Romano y de los demás documentos litúrgicos, y el sentido de cada gesto.
Qué dicen exactamente los documentos litúrgicos sobre las posturas y los gestos de los fieles, y por qué el cuerpo tiene algo que decir en el culto.
El cuerpo no es un accesorio de la oración
Hay una tentación antigua, y siempre nueva, de pensar que lo que importa en la Misa es «lo interior», y que el cuerpo va detrás como un bulto que se acomoda donde puede. La liturgia católica nunca aceptó ese reparto. El hombre no tiene un cuerpo: el hombre es también cuerpo, y por eso adora con él.
El Concilio Vaticano II, al enumerar los medios de la participación activa, pone en la misma lista lo que se dice y lo que se hace:
«Para promover la participación activa se fomentarán las aclamaciones del pueblo, las respuestas, la salmodia, las antífonas, los cantos y también las acciones o gestos y posturas corporales. Guárdese, además, a su debido tiempo, un silencio sagrado.»
— Concilio Vaticano II, const. Sacrosanctum Concilium, n. 30
La Ordenación General del Misal Romano (en adelante, OGMR) desarrolla el principio y le da su razón profunda:
«La uniformidad de las posturas, que debe ser observada por todos participantes, es signo de la unidad de los miembros de la comunidad cristiana congregados para la sagrada Liturgia: expresa y promueve, en efecto, la intención y los sentimientos de los participantes.»
— OGMR, n. 42
Fíjate en el doble movimiento del verbo: la postura expresa lo que ya hay en el alma y a la vez lo promueve. Quien se arrodilla aprende a adorar; quien nunca se arrodilla, con el tiempo, olvida ante quién estaba.
El mismo n. 42 añade una advertencia que vale releer despacio: hay que atender a lo establecido y a lo que contribuya al bien común espiritual del pueblo de Dios, «más que al deseo o a las inclinaciones privadas». La liturgia no es el lugar donde cada uno hace lo que siente.
Y en los números dedicados a los fieles:
«Formen, pues, un solo cuerpo, al escuchar la Palabra de Dios, al participar en las oraciones y en el canto, y principalmente en la común oblación del sacrificio y en la común participación de la mesa del Señor. Esta unidad se hace hermosamente visible cuando los fieles observan comunitariamente los mismos gestos y posturas corporales.»
— OGMR, n. 96
«Por lo cual, eviten toda apariencia de singularidad o de división, teniendo presente que tienen en el cielo un único Padre, y por esto, todos son hermanos entre sí.»
— OGMR, n. 95
Momento por momento: la norma del Misal
El texto de referencia es el n. 43 de la Ordenación General del Misal Romano. Estas son sus tres frases centrales, literales:
De pie: «Los fieles están de pie desde el principio del canto de entrada, o bien, desde cuando el sacerdote se dirige al altar, hasta la colecta inclusive; al canto del Aleluya antes del Evangelio; durante la proclamación del Evangelio; mientras se hacen la profesión de fe y la oración universal; además desde la invitación Oren, hermanos, antes de la oración sobre las ofrendas, hasta el final de la Misa, excepto lo que se dice más abajo.»
Sentados: «En cambio, estarán sentados mientras se proclaman las lecturas antes del Evangelio y el salmo responsorial; durante la homilía y mientras se hace la preparación de los dones para el ofertorio; también, según las circunstancias, mientras se guarda el sagrado silencio después de la Comunión.»
De rodillas: «Por otra parte, estarán de rodillas, a no ser por causa de salud, por la estrechez del lugar, por el gran número de asistentes o que otras causas razonables lo impidan, durante la consagración.»
Traducido a la práctica del banco:
| Momento de la Misa | Postura | Fuente |
|---|---|---|
| Canto de entrada y procesión | De pie | OGMR 43 |
| Saludo, acto penitencial, Gloria, colecta | De pie | OGMR 43 |
| Primera lectura, salmo, segunda lectura | Sentados | OGMR 43 |
| Aleluya y proclamación del Evangelio | De pie | OGMR 43 |
| Homilía | Sentados | OGMR 43 |
| Credo y oración universal | De pie | OGMR 43 |
| Presentación de los dones | Sentados | OGMR 43 |
| «Oren, hermanos…», prefacio y Santo | De pie | OGMR 43 |
| Consagración | De rodillas | OGMR 43 |
| Resto de la Plegaria eucarística | De pie, o de rodillas donde es costumbre | OGMR 43 |
| Padrenuestro, paz, Cordero de Dios | De pie | OGMR 43 |
| «Éste es el Cordero de Dios» | De pie, o de rodillas donde es costumbre | OGMR 43 |
| Procesión y recepción de la Comunión | Según lo determine la Conferencia Episcopal | OGMR 160 |
| Silencio después de la Comunión | Sentados | OGMR 43 |
| Oración después de la Comunión y bendición | De pie | OGMR 43 |
Tres precisiones del mismo n. 43
Primera: quien no puede arrodillarse no queda dispensado de adorar.
«Pero los que no se arrodillen para la consagración, que hagan inclinación profunda mientras el sacerdote hace la genuflexión después de la consagración.»
La norma prevé el caso con nombre y apellido —salud, estrechez del lugar, concurrencia— y ofrece el gesto de reemplazo. Lo que nunca prevé es quedarse simplemente de pie, mirando.
Segunda: la costumbre de arrodillarse desde el Santo está elogiada, no apenas tolerada.
«Donde existe la costumbre de que el pueblo permanezca de rodillas desde cuando termina la aclamación del "Santo" hasta el final de la Plegaria Eucarística y antes de la Comunión cuando el sacerdote dice "Éste es el Cordero de Dios", es laudable que se conserve.»
Tercera: quien adapta es la Conferencia Episcopal, no la asamblea ni el celebrante: «Pertenece a la Conferencia Episcopal adaptar los gestos y las posturas descritos en el Ordinario de la Misa a la índole y a las tradiciones razonables de los pueblos, según la norma del derecho».
Y el número cierra con la regla práctica que resuelve casi todas las dudas de un domingo cualquiera:
«Para conseguir esta uniformidad en los gestos y en las posturas en una misma celebración, obedezcan los fieles a las moniciones que hagan el diácono o el ministro laico, o el sacerdote, de acuerdo con lo que se establece en el Misal.»
Las tres posturas y lo que significan
De pie: la postura del resucitado
Es la postura del hombre libre, del hijo, del que ha sido levantado. Los israelitas comieron la primera Pascua «de pie, ceñida la cintura, sandalias en los pies, bastón en la mano» (Éx 12,11), listos para partir. En la liturgia cristiana, estar de pie es sobre todo el gesto pascual.
La Iglesia antigua lo formuló como ley. El Concilio de Nicea (325), canon 20, mandó que los domingos y en el tiempo pascual la oración se hiciera de pie, prohibiendo arrodillarse esos días, para que todo se observase uniformemente en todas partes.
Tertuliano ya lo daba por sentado un siglo antes:
Nos uero, sicut accepimus, solo die dominicae resurrectionis non ab isto tantum, sed omni anxietatis habitu et officio cauere debemus… Tantumdem et spatio Pentecostes, quae eadem exultationis sollemnitate dispungitur («Nosotros, según lo hemos recibido, solamente en el día de la resurrección del Señor debemos abstenernos no sólo de esto [de arrodillarse], sino de toda actitud y práctica de inquietud… Y lo mismo durante el tiempo de Pentecostés, que se celebra con la misma solemnidad gozosa»).
— Tertuliano, De oratione, 23
Estás de pie, entonces, para escuchar el Evangelio —Cristo mismo hablando—, para profesar la fe y para presentar las súplicas de la Iglesia.
Sentados: la postura del discípulo
Sentarse no es descansar: es la postura de quien recibe. María de Betania está «sentada a los pies del Señor, escuchando su palabra» (Lc 10,39), y es a ella a quien Jesús defiende. Pablo se formó «a los pies de Gamaliel» (Hch 22,3), en el sentido literal de la escuela antigua.
Por eso te sientas en las lecturas, en el salmo y en la homilía: no eres el que habla, eres el que recibe la Palabra. Y también, «según las circunstancias», durante el silencio tras la Comunión (OGMR 43), ese silencio que el Concilio pidió guardar «a su debido tiempo».
De rodillas: la postura de la adoración
Jesús ora «puesto de rodillas» en el Huerto (Lc 22,41). San Pablo escribe: «doblo mis rodillas ante el Padre» (Ef 3,14), y anuncia que «al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en el abismo» (Flp 2,10). Pedro se arrodilla antes de resucitar a Tabita (Hch 9,40); la comunidad de Tiro reza de rodillas en la playa (Hch 21,5).
San Agustín dio a este gesto su justificación eucarística más citada, recogida por Benedicto XVI precisamente para unir comunión y adoración:
Nemo autem illam carnem manducat, nisi prius adoraverit; […] peccemus non adorando («Nadie come de esta carne sin antes adorarla […], pecaríamos si no la adoráramos»).
— San Agustín, Enarrationes in Psalmos 98, 9 (CCL XXXIX, 1385), citado en Benedicto XVI, Sacramentum caritatis, n. 66
El mismo Papa, unos párrafos antes, es explícito sobre el gesto concreto: «Pienso, en general, en la importancia de los gestos y de la postura, como arrodillarse durante los momentos principales de la Plegaria eucarística» (Sacramentum caritatis, n. 65).
Y cuando era todavía cardenal, escribió la frase que resume el asunto: «Quien aprende a creer, aprende también a arrodillarse. Una fe o una liturgia que no conociese el acto de arrodillarse estaría enferma en un punto central» (J. Ratzinger, El espíritu de la liturgia, IV parte, cap. 2: «El gesto de arrodillarse»).
Los gestos: pequeños, y no menores
La señal de la cruz
Abre y cierra la celebración. Es el gesto bautismal: te reclamas de Aquel en cuyo nombre fuiste sumergido. Hazla entera y con calma.
El golpe de pecho
En el Yo confieso, al decir por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa, la rúbrica del Ordinario de la Misa indica golpearse el pecho. Es el gesto del publicano, que «se golpeaba el pecho diciendo: “Oh Dios, ten compasión de este pecador”» (Lc 18,13).
La triple señal antes del Evangelio
No es una devoción opcional: está en el Misal. Al anunciar Lectura del Santo Evangelio, el sacerdote signa «con el pulgar el libro y a sí mismo en la frente, en la boca y en el pecho, lo cual hacen también todos los demás» (OGMR, n. 134). La Palabra en la mente, en la boca y en el corazón.
La inclinación de cabeza
«La inclinación de cabeza se hace cuando se nombran al mismo tiempo las tres Divinas Personas, y al nombre de Jesús, de la bienaventurada Virgen María y del Santo en cuyo honor se celebra la Misa.»
— OGMR, n. 275a
Es el gesto más olvidado y el más fácil de recuperar.
La inclinación profunda
El Misal la manda a los fieles en un momento preciso:
«A las palabras: y por la obra del Espíritu Santo, etc., o que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, todos se inclinan profundamente; y en las solemnidades de la Anunciación y de Navidad del Señor, se arrodillan.»
— OGMR, n. 137
La asamblea confiesa la Encarnación doblando el cuerpo, porque de eso justamente se está hablando: Dios se abajó.
La genuflexión
«La genuflexión, que se hace doblando la rodilla derecha hasta la tierra, significa adoración; y por eso se reserva para el Santísimo Sacramento, así como para la santa Cruz desde la solemne adoración en la acción litúrgica del Viernes Santo en la Pasión del Señor hasta el inicio de la Vigilia Pascual.»
— OGMR, n. 274
Y la regla que afecta a todo el que entra en un templo, en el mismo número: «todos los que pasan delante del Santísimo Sacramento hacen genuflexión, a no ser que avancen procesionalmente».
Consecuencia práctica: si el sagrario está en el presbiterio, se hace genuflexión al llegar y al retirarse, no una inclinación de cortesía. Si el Santísimo está reservado en una capilla aparte, ante el altar se hace inclinación profunda y la genuflexión se reserva para la capilla.
El rito de la paz
«Conviene, sin embargo, que cada uno exprese la paz sobriamente sólo a los más cercanos a él.»
— OGMR, n. 82
No es un intermedio social. Es un signo litúrgico de la comunión eclesial que precede a la comunión sacramental.
Un apunte sobre las manos
Conviene decirlo con precisión y sin dramatizar: el Misal no prevé para los fieles ni el gesto de las manos extendidas (propio del sacerdote que preside) ni el de tomarse de las manos durante el Padrenuestro. No están mandados ni forman parte del rito. La postura sobria —manos juntas o recogidas— es la que corresponde.
La postura para comulgar
Aquí las normas son más claras de lo que se suele suponer.
La regla general está en la Ordenación General del Misal Romano:
«Los fieles comulgan estando de rodillas o de pie, según lo haya determinado la Conferencia de Obispos. Cuando comulgan estando de pie, se recomienda que antes de recibir el Sacramento, hagan la debida reverencia, la cual debe ser determinada por las mismas normas.»
— OGMR, n. 160
Dos consecuencias. Primera: ambas posturas son legítimas en sí mismas, y corresponde a la Conferencia Episcopal determinar la práctica común del lugar. Segunda, y muy olvidada: quien comulga de pie no queda eximido de un signo de reverencia. Acercarse, extender la mano y volver al banco sin ningún gesto de adoración es precisamente lo que la norma trata de evitar.
El mismo n. 160 recuerda además que «no está permitido a los fieles tomar por sí mismos el pan consagrado ni el cáliz sagrado, ni mucho menos pasarlo de mano en mano entre ellos».
En el Paraguay
La Conferencia Episcopal Paraguaya, en las normas recogidas en su agenda litúrgica, establece que los fieles comulguen de pie y permite que se reciba la Comunión en la mano, con la confirmación de la Sede Apostólica. Ésa es, por tanto, la práctica común entre nosotros.
Dos derechos del fiel que conviene conocer
Los formula la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en la instrucción Redemptionis Sacramentum:
«Cualquier bautizado católico, a quien el derecho no se lo prohiba, debe ser admitido a la sagrada Comunión. Así pues, no es lícito negar la sagrada Comunión a un fiel, por ejemplo, sólo por el hecho de querer recibir la Eucaristía arrodillado o de pie.»
— Redemptionis Sacramentum, n. 91 (que cita el CIC, c. 843 § 1)
«Todo fiel tiene siempre derecho a elegir si desea recibir la sagrada Comunión en la boca.»
— Redemptionis Sacramentum, n. 92 (que remite a OGMR 161: «según su deseo»)
Es decir: aunque la norma común sea comulgar de pie, quien desea arrodillarse puede hacerlo y no se le puede negar el Sacramento por eso; y a la inversa, tampoco se puede negar a quien, por edad o salud, comulga de pie. En este punto la postura personal no es materia de imposición en ninguna de las dos direcciones. Sobre el sentido y la historia de esta práctica hay más en nuestro artículo La Comunión de rodillas y en la lengua.
Tres preguntas que siempre aparecen
«No puedo arrodillarme. ¿Qué hago?»
Inclinación profunda mientras el sacerdote hace la genuflexión después de la consagración (OGMR 43). La norma está escrita pensando en ti.
«En mi parroquia se hace distinto. ¿Me arrodillo solo?»
El principio de fondo es la uniformidad como signo de unidad (OGMR 42; 95-96), y el propio n. 43 pide obedecer las moniciones del ministro. Lo prudente es acompañar a la asamblea en lo que es legítima costumbre local o determinación de la Conferencia Episcopal, y no convertir la propia postura en un mensaje dirigido a los demás. Si notas que se ha perdido algo que la norma manda —la genuflexión ante el sagrario, la inclinación en el Credo—, el camino es hablar con tu párroco y pedir catequesis litúrgica. Corregir a los vecinos de banco durante la Misa no forma a nadie y rompe justamente lo que se quería defender.
«¿No es todo esto secundario frente a la disposición interior?»
Es al revés de como suena la objeción. El cuerpo es el modo en que la disposición interior se hace real, se sostiene en el tiempo y se transmite a los hijos. Un niño que ve a su padre arrodillarse aprende, antes de cualquier explicación, que allí hay Alguien. Y aprende también lo contrario, con la misma eficacia, si nunca lo ve.
Para terminar
Las normas litúrgicas sobre las posturas no son una etiqueta de salón trasladada al templo. Son la traducción corporal de una fe: de pie, porque he resucitado con Cristo y soy hijo; sentado, porque no soy yo el que habla, sino el que escucha; de rodillas, porque en el altar está mi Señor y mi Dios.
Y conviene hacerlo con el resto. La liturgia no es la suma de devociones privadas que coinciden en el horario: es el acto de un cuerpo. Cuando ese cuerpo se pone de pie a la vez, calla a la vez y adora a la vez, la Misa dice lo que es sin necesidad de explicarlo.
Fuentes
Magisterio litúrgico
- Concilio Vaticano II, const. Sacrosanctum Concilium (4-XII-1963), n. 30.
- Ordenación General del Misal Romano (3.ª edición típica, 2002), nn. 42; 43; 82; 95; 96; 134; 137; 160; 161; 274; 275.
- Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, instr. Redemptionis Sacramentum (25-III-2004), nn. 90; 91; 92. Sus notas remiten a OGMR 160 (nota 176), al CIC c. 843 § 1 y c. 915 (nota 177) y a OGMR 161 (nota 178).
- Benedicto XVI, exhort. ap. Sacramentum caritatis (22-II-2007), nn. 65 y 66.
- Conferencia Episcopal Paraguaya, normas para la recepción de la Eucaristía (agenda litúrgica).
Fuentes antiguas
- Concilio I de Nicea (325), can. 20 (ed. de referencia: Conciliorum Oecumenicorum Decreta).
- Tertuliano, De oratione, 23.
- San Agustín, Enarrationes in Psalmos 98, 9 (CCL XXXIX, 1385).
Autor contemporáneo
- J. Ratzinger, El espíritu de la liturgia. Una introducción, IV parte, cap. 2: «El gesto de arrodillarse».
Formación Católica — formacioncatolica.org
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