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En los tiempos que corren, lo que menos falta es quien quiera resaltar sobremanera la misericordia de Dios al punto de eliminar todo lo que exista en Él de severidad o castigo. Se considera como maldad o falta de misericordia la existencia o la mera posibilidad del infierno. Sin embargo, sin pretender dar la doctrina sobre el tema, que te lo dejo aquí en este enlace, podemos hacer todavía algunas reflexiones.

¡No se puede ser más misericordioso que Dios! Dios, por su propia naturaleza, es todo bondad y misericordia, y no cabe en él ninguna imperfección. El odio o la maldad son imperfecciones, y ellas no son compatibles con la omnipotencia divina. Pero la  condenación del pecador no es efecto de un defecto divino, sino de su perfectísima justicia, que ha dado a cada uno, en vida, todos los medios necesarios para obrar con bondad. Y aún, si no lo aprovechó, todavía le queda arrepentirse. Todo esto lo digo de manera sumamente simplificada, omitiendo lo referente a la gracia de Dios y su relación con la libertad humana. Pero la doctrina cristiana es básicamente esa.

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Además, es verdad el hecho de que en la misma revelación hay numerosas referencias al deseo de Dios (digámoslo así) de que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Pero también es innegable los numerosos pasajes de la escritura donde se habla de la realidad del infierno. Bástenos algunos textos:

“Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna.” Mateo 5,29

“¡Serpientes, raza de víboras! ¿Cómo vais a escapar a la condenación de la gehenna? ” Mateo 23,33

“En su mano tiene el bieldo y va a limpiar su era: recogerá su trigo en el granero, pero la paja la quemará con fuego que no se apaga.” Mateo 3,12

“Y si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela. Más vale que entres manco en la Vida que, con las dos manos, ir a la gehenna, al fuego que no se apaga” Marcos 9,43

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“Porque si voluntariamente pecamos después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio por los pecados, sino la terrible espera del juicio y el fuego ardiente pronto a devorar a los rebeldes.” Hebreos 10,26-27

“Y el diablo, su seductor, fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde están también la Bestia y el falso profeta, y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.” Apocalipsis 20,10

 

Estos textos, esgrimidos en cualquier discusión sobre la doctrina cristiana, serán causantes de que el que las presente sea tachado de fanático, medieval y retrógrado. Pero están allí en las Escrituras y no se los puede negar, a no ser que se eche mano de la vieja confiable excusa: son una interpretación de la comunidad primitiva. Por supuesto, es que los modernos siempre somos más inteligentes que los antiguos. ¡Vaya soberbia!

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Lo que salta en todo esto es que, los que niegan el infierno, la condenación eterna, el juicio y la separación de justos y pecadores, quieren pasarse de más misericordiosos que el mismo Jesucristo. ¡Eso es lo grave! Cristo fue el más misericordioso y manso de todos los hombres, y sin embargo habló más del infierno que del amor. Y lo hizo por amor, porque sabe que nuestra debilidad siempre nos tiene inclinados al mal, y una reflexioncita a altas temperaturas nunca está de más como para despegarnos un poco más de los bienes efímeros de este mundo. De este método echaron mano todos los santos, pasando por San Ignacio, Teresa de Jesús y tantos otros que si los nombráramos no nos alcanzaría el tiempo.

Pero para el soberbio no basta con el ejemplo de los mayores. Él tiene que reinventar la doctrina y, mejorarla todo lo posible. Porque, a fin de cuentas, para él, nosotros los modernos somos los que finalmente comprendimos las enseñanzas de Cristo. ¡Vaya soberbia y misericordia!

 

Padre Miguel Martínez

Sacerdote. De la Comunidad Misionera de Jesús en la Diócesis de Ciudad del Este. Mi apostolado principal ha sido principalmente la formación de la juventud y de los laicos en general. Mis áreas de interés en el estudio son la Filosofía, la Liturgia y las Sagradas Escrituras.

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Padre Miguel Martínez

Sacerdote. De la Comunidad Misionera de Jesús en la Diócesis de Ciudad del Este. Mi apostolado principal ha sido principalmente la formación de la juventud y de los laicos en general. Mis áreas de interés en el estudio son la Filosofía, la Liturgia y las Sagradas Escrituras.

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